Revista Intemperie

Una mirada a la orfandad

Por: Federico Zurita Hecht
rosas armar un recuerdo

Federico Zurita se interna en la fragmentariedad de Rosas… armar un recuerdo, y no encuentra muchos frutos

 

Ternura y tristeza forman parte de las sensaciones que mayormente puede evocar en el espectador la obra Rosas… armar un recuerdo que, bajo la dirección de Heidrum Breier, a partir de dramaturgia de ella y de la actriz Carolina Sagredo, se está presentando en la sala Sergio Aguirre. No deja de llamar la atención lo contrario del propósito de aquellas sensaciones. Pero esto, en ningún caso es un problema, pues más bien parece ser parte del objetivo de esta obra que, construida de fragmentos y alejada de la necesidad de mostrar una historia con estructura lineal, buscaría hacernos viajar por la descripción de un rasgo que se repite en la construcción de la familia en nuestra comunidad: el abandono y la existencia de generaciones de hijos huachos. Así, la orfandad se convierte en el motivo central de esta obra.

De esta forma, en este recuerdo de lo que hemos sido y seguimos siendo (a través de la experiencia de nuestras bisabuelas, abuelas y madres, con mujeres que además de ser madres de hijos huachos, muchas veces fueron también hijas huachas), circulan ambas emociones conviviendo sin producir una contradicción. La fragmentariedad, sin embargo, que no es problemática en sí, atentaría, en esta obra, contra la necesidad del arte de formular interpretaciones a través de la reunión de descripciones y explicaciones, y se quedaría sin conclusión aparente, retenida en la necesidad de describir. Veamos.

No es posible explicar cuál es la historia de Rosas… armar un recuerdo, pues las dos actrices y los dos actores ni siquiera se hacen cargo de un personaje, sino de múltiples voces. El espacio se va colmando de historias en las que circula una “insistencia” en presentar el abandono a las madres y a sus hijos, tal como el mundo referencial de esta obra “insiste” en perpetuar ese tipo de abandono. La insistencia, por tanto, no es una incapacidad de narrar, es precisamente la forma apropiada para plasmar, sin recurrir al realismo, lo propio de la naturaleza de la realidad social de la comunidad retratada. Así, múltiples ejercicios van abarrotando el escenario de muñecas y de historia que propician su multiplicación. Son casi una centena de cajas llenas de guaguas sin padre conocido. Una vez más la hija huacha se convierte en madre de hijos huachos, y en cada ocasión se instala, con ternura, la esperanza de la recomposición familiar, para luego instalar, además, con tristeza, la frustración frente a este anhelo.

No es parte del interés discursivo de esta obra, cabe aclarar, formular que la mujer sólo logra completarse a partir de la unión con el padre de sus hijos. Si así fuera, las recién formuladas palabras del ex senador Miguel Otero (en que afirma que hijos de padres separados desarrollan un CI inferior al de los hijos de padres casados) estaría retumbando aquí como aliado. Lo que hay, más bien, es la denuncia de una estructura de poder que ubica el elemento masculino al centro, y al femenino en la periferia. Este es, por tanto, un Chile marginal, de mujeres solas y de pobreza que les garantiza a ellas esta sociedad regida por una racionalidad masculina.

Pareciera, de esta forma, que Rosas… armar un recuerdo avanza hacia la construcción sólida de una formulación discursiva que se pregunte por nuestra identidad social. Y en cierta medida aquello se consigue. Pero el uso que aquí se le da a la estructura fragmentaria atenta contra la concreción de la interpretación de nuestra realidad social.

Ya dijimos que la sumatoria de historias de huachos busca ser equivalente a la misma sumatoria en la realidad referencial. Sin embargo, también genera como efecto que aquella sumatoria o insistencia se vinculen, más bien, con un ejercicio descriptivo. A ratos, de hecho, a causa de la sumatoria de fragmentos que “insisten” en la misma descripción a través de nuevas formas, la obra parece ejercicio de escuela de teatro, en el que el actor debe mostrar sus habilidades actuando, usando su voz y controlando su cuerpo, asuntos que este elenco hace muy bien, y se deja de lado la formulación de conclusiones que permitan que la descripción conviva con la explicación (porque en los exámenes de escuela, especialmente en los primeros años, muchas veces la formulación discursiva no es lo más relevante). Aunque, como ya dijimos, la insistencia del motivo central no busca impedir narrar, en este caso pareciera que la continuidad de la narración es, finalmente, abortada.

 

Rosas… armar un recuerdo

Dramaturgia: Heidrun María Breier y Carolina Sagredo
Dirección: Heidrun María Breier
Actuación: Carolina Sagredo, Aldo Parodi, Eugenio Morales y Julia Lübbert
Diseño Integral: Eduardo Jiménez Cavieres
Composición Musical: Andrés Núñez Mora
Producción: Carolina Sagredo – Andrés Núñez
Del 8 al 25 de enero 2014 – martes a sábado 21 horas.
Sala Sergio Aguirre (Morandé 750, Santiago Centro)

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