Revista Intemperie

Exclusiva: “El discurso ideológico cerrado sirve para protegerse de la falta de ideas” una entrevista con Felipe González, ex Presidente del Gobierno Español

Por: Irma Gallo
felipe gonzalez

En medio de los pasillos de la pasada FIL de Guadalajara, Irma Gallo conversa con una de las figuras claves del socialismo europeo, acerca de la renovación de las ideologías, del caso mexicano, y de Brasil como ejemplo para la región

 

Este año, al celebrar su edición número 27, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara recibió a sus visitantes con un fuerte dispositivo de seguridad. Soldados, policías, miembros del Estado Mayor Presidencial, así como grandes vallas y detectores de metales daban una helada bienvenida a quienes, a pesar de ello, hicieron largas filas para entrar a la Expo Guadalajara.

El motivo de toda esta paranoia era la presencia del primer ministro de Israel (país invitado de honor) Shimon Peres.

Y el personaje elegido para sostener un debate con él era el ex presidente del gobierno español, Felipe González.

Conversamos con González, conocido militante de izquierda, sobre lo que significaba la presencia del ministro de un país que mantiene una larga ocupación, severamente cuestionada, sobre el pueblo palestino, en la Fiesta de las Letras.

Reflexivo, pensando bien sus palabras antes de decirlas, Felipe González respondió que conoce a Shimon Peres desde hace más de 40 años, y que los une la amistad. Luego de esta primera advertencia, el primer hombre que ganó unas elecciones por mayoría absoluta en la era post franquista, se permitió hacer una crítica muy suave contra la política intervencionista del estado israelí.

“Creo que Israel debe de aprovechar esta oportunidad, no es fácil internamente, para arreglar sus problemas de convivencia dentro de un territorio muy limitado, como es Palestina en un sentido amplio, entre dos estados: el estado israelí y el estado palestino. Creo que es un tiempo oportuno, respetando la contradicción de la tensión que hay en este momento en Oriente Medio, desde la crisis egipcia a un posible arreglo de Irán y la dramática tragedia de Siria contaminando el Líbano. Es más, diré: Israel no la tiene fácil. Pero sería más difícil si no arregla sus problemas de convivencia con sus vecinos que comparten el territorio.”

El debate entre la ideología y las ideas

en busca de respuestas

Además del debate con Peres, la presencia de Felipe González en la FIL obedeció a la  presentación de su más reciente libro, En busca de respuestas (Debate, 2013). En el texto, quien encabezara el gobierno de España por un lapso de 14 años, reflexiona sobre la necesidad de distinguir claramente entre las ideas y la ideología:

“Sigo siendo de izquierda. El problema es que algunas veces se cuestionaba eso, en México también, porque decían que yo era un pragmático, lo cual era verdad. Digamos, si a uno lo califican de pragmático en el mundo latino, en el sentido amplio al que pertenecemos, quiere decir que es alguien que ha renunciado a la ideología. Y si eso se contempla desde el mundo anglosajón, incluso asiático, quiere decir que uno quiere llevar sus ideas a la práctica, y realizarlas; por tanto, tiene una valoración distinta… Mira, el problema que de alguna manera apunto en el libro, para que se tenga en cuenta, es que cuando uno tiene un discurso ideológico cerrado que explica el mundo, cambie o no cambie la situación, se siente relativamente cómodo, y cuando no tienes ideas concretas, surge el discurso ideológico para enfrentar esos cambios”.

Después de una pausa en la que aprovecha para tomar un trago de agua, González continúa con un tono de voz más grave: “El mundo está cambiando tanto, que a veces el discurso ideológico cerrado sirve para protegerse de la falta de ideas”.

Y entonces es más fácil rozar la frontera de los fundamentalismos: el comunismo, el franquismo, el nazismo, apunta la reportera.

“Es obvio”, responde, simplemente, Felipe González.

Brasil: ¿el modelo a seguir en América Latina?

Ante la pregunta de cómo equilibrar una buena salud en los índices macroeconómicos con políticas que resulten en el bienestar real de la gente, Felipe González no tiene ninguna duda acerca de qué ejemplo poner:

“Brasil ha avanzado. Pasa por momentos de crisis, como es natural, hay respuestas sociales, pero ha sacado de la marginalidad, de la pobreza, a 40 o 45 millones de brasileños. Pero digo de la marginalidad y de la pobreza porque cuando se habla el lenguaje de Naciones Unidas se habla sólo de cuántas personas han salido de la pobreza extrema, y eso es casi una abstracción. Lo importante del fenómeno de Brasil es que ha salido de la marginalidad gente que está afuera del sistema, que el sistema no los veía y que ellos tampoco lo tenían en cuenta, se habían acostumbrado a vivir al margen. Entonces, ¿qué es lo que han hecho los gobiernos en Brasil? Dar la oportunidad, a esa gente, de tener, digamos, el título de propiedad de su casita, de su favela”.

Pero aún al hablar del caso Brasil, González tiene sus reservas:

“Le han dado la oportunidad de tener un empleo y de pronto han pasado de estar en el margen de la mesa, a estar dentro de la mesa, y ahí, ¿qué es lo que observan? Que las prioridades del gobierno, incluso siendo un gobierno progresista, no atienden lo que para ellos se ha convertido en una exigencia fundamental: que sus hijos tengan escuela garantizada y con una cierta calidad, y que tengan asistencia sanitaria. Por tanto, hay 40 millones de personas que se han incorporado a la ciudadanía, y que se vuelven exigentes. Pero ¡qué bien que se vuelvan exigentes!, para que los gobiernos tengan en cuenta que esa reivindicación es lo más justo de lo que puede ocurrir, ¿por qué? No lo sé, no pretendo tener respuestas, eso digo en el libro, quiero abrir un debate en busca de respuestas. Y hace un mes estuve dos horas hablando con Lula de esto: Abramos ese debate. El mundo ha cambiado vertiginosamente”.

Aunque hable de la necesidad de no cerrarse a una ideología, sino de mantener un continuo intercambio de ideas, el ex presidente no puede negar su filiación de izquierda:

“Pero hay algunos datos que ya constato: la economía que llamamos de la globalización redistribuye mal la riqueza que crea cuando crece. Aunque elimine pobreza. Menos pobres pero más desigualdad de renta. Bueno, por un lado, y cuando hay que ajustarla como en España, redistribuye mal, mucho peor, el ajuste: paga mucho más, se destruyen las clases medias bajas, y las clases medias medias, que pasan a empobrecerse, a proletarizarse. Por tanto, el modelo hay que corregirlo, y sólo la política lo puede corregir. Es decir, parece que la política está en una crisis, crisis de gobernanza y de liderazgo. Esa es la indagación del libro”.

La izquierda en México

Símbolo de las izquierdas a nivel mundial, González ha sido invitado frecuente a las asambleas nacionales del PRD. Le ha tocado seguir, más o menos de cerca, el proceso de debilitamiento del partido que fundaron Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo a partir de la gran decepción del fraude electoral del 86. Por eso, el abogado laborista por la Universidad de Sevilla puede opinar acerca del estado en que se encuentra esta corriente ideológica en nuestro país.

“Soy bastante respetuoso, pero he vivido algunos momentos muy especiales con la izquierda mexicana, con el PRD. Y me acuerdo de alguno especialmente. Destacaré que estuve en Zacatecas, en una gran convención. Yo en aquel momento pensaba, ya hace bastantes años, y lo dije en la asamblea, que por cierto era muy tensa, muy muy tensa… Pensaba (y pienso hoy también) que el PRD tenía una fantástica oportunidad de ofrecer a México una izquierda moderna. Pero que además de tener la oportunidad tenía también la responsabilidad. Todavía en estos momentos en que se han dado algunos pasos, pero también ha habido algunas fracturas, sigo pensando lo mismo. El espacio de la izquierda en México tiene la inmensa oportunidad y una gran responsabilidad de modernizarse y de responder con esa modernización a los grandes desafíos del país”.

España: ¿y a quién le importa la gente?

Apelando una vez más a su sentido de político, ése que le ha permitido ser diputado, Secretario General de su partido, el PSOE, presidente en turno del Consejo Europeo, y por supuesto, Presidente del gobierno español, cuando se le pregunta sobre la situación de intensa crisis económica, política y social que atraviesa su país, Felipe González comienza con una suave frase de advertencia:

“A mí me cuesta mucho trabajo…”

Pero después de tomar un poco de aire, y quizá recordando los escándalos de corrupción que acompañaron el final de su gobierno, retoma su argumento con más fuerza:

“Puedo hablar de España, pero me cuesta mucho trabajo, cuando estoy fuera de las fronteras, hacer crítica sobre lo que hace el gobierno, sea de mi partido o sea de otro. Ya tengo suficiente edad como para verlo con una cierta serenidad”

Después de una pausa reaparece el Felipe González pragmático:

“Por lo tanto, le daré algunos que la van a orientar. Verá, cuando yo llegué al gobierno, en el 82, España tenía 4500 dólares per cápita de renta. Era una renta casi idéntica a la de México en 1982. En la actualidad, en plena crisis, después de cinco años de crisis muy dura, España tiene algo más de 30 mil dólares per cápita. Su producto per cápita ha caído muy poco. Recuerdo la crisis del tequila en México: el PIB cayó 22, 23 puntos. En España no ha caído ni un punto en cinco años, ni un punto. Pero la redistribución de la fuerza ha sido tan injusta y tan negativa, que tenemos la mitad de los jóvenes en paro, uno de cada cuatro españoles en paro, y no suenan suficientemente las alarmas para intentar contener una tremenda desigualdad. Eso es lo que yo creo”.

El hombre, ya con la cabeza totalmente blanca y varios kilos más que el joven espigado, con abundante melena, cuya imagen se quedará grabada en la historia, adereza su tesis con un recuerdo reciente:

“Me sorprendió que antes de ayer, Mercadante, ministro de Educación de Brasil, presentó un libro en Madrid y decía: ‘a pesar de la crisis, me gustaría tener los datos básicos de España para diseñar el futuro’. Yo digo lo mismo. No me resigno a esta crisis, que continúa y continúa. No me resigno, como ciudadano, como responsable político que fui, y sigo siendo una persona comprometida políticamente. No entiendo que digan que estamos tocando fondo. Que hablen siempre, y eso lo hacen en todo el mundo, de macroeconomía, de los ajustes de cómo va eso, y hablen tan poco de la gente. De lo que le pasa a la gente”.

Con el fuerte acento andaluz, que conserva a pesar de haber visto el mundo entero, continúa:

“Si tenemos la misma riqueza que teníamos hace cinco años, o un punto menos, ¿cómo es posible que haya seis millones de personas en paro? Esos no tienen la misma riqueza. No hay que jugar con eso. Toda economía que no responde, porque al final la política económica es instrumental, a intentar mejorar las condiciones de vida de la gente, no es una economía exitosa”.

¿No sirve?, pregunta la reportera.

“Puede servir para una minoría, pero para la mayoría no”.

Con la última frase de Felipe González, que se aleja, desesperado por encontrar un lugar en donde pueda fumar un puro, las imágenes de una España en la que la gente se suicida ante la amenaza de que le quiten su patrimonio y sus ahorros, se suceden una tras otra, como en una pintura de Goya.

 

Foto: EFE

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