Revista Intemperie

De viaje en el Sudeste asiático

Por: Sebastián López
bangkok food

Después de 30 horas de viaje, Sebastián López inicia su expedición por Tailandia, entre monjes budistas, elefantes y platos de antología por menos de un dólar

 

Los días pasan rápido en esta ciudad tan lejana de Chile. Las 30 horas de viaje fueron casi infinitas, pero logré llegar a Bangkok sano y con sueño. El viaje de Sao Paulo a Doha fue un minuto eterno de 17 horas de duración, de las que dormí solo 3. Al llegar a Doha, un paco árabe de gran barba me tocó los cocos para ver si escondía algo, pero tuvo que consolarse sólo con mi paquete latino, antes de dejarme pasar al aeropuerto mas grande, lujoso, iluminado y pluricultural que he visto. Aún me faltaban 6 para llegar a Bangkok, a un supra-moderno aeropuerto bañado en vidrio, con monjes budistas caminando por pasillos automáticos que te toman el peso y te mueven sin el mas mínimo esfuerzo: una trayectoria horizontal zen.

Pensé en salir del aeropuerto y venirme al centro de Bangkok, pero cuando bajé al subterráneo a tomar el tren, y vi las palabras en Thai, me dije “chucha, mejor espero a la Jessica”. Cabeceé y caminé por el aeropuerto como un zombi por el resto del día, hasta que por fin me encontré con Jessica. Nos subimos a un taxi y llegamos a Bangkok. Al día siguiente fuimos al mercado Chatuchack, un persa gigantísimo, cuadras y cuadras de pasillos llenos de telas, ropa, comida, mas ropa, telas y comida y de repente, insectos, pájaros, conejos, tortugas, y peces que dormían con los ojos cerrados (y que me hicieron darme cuenta que Aristóteles miente cuando se las da de zoólogo), todos en bolsas plásticas a más de 33 grados y una gran humedad.

El alboroto político es grande, y han habido varias protestas, pero son todas muy alegres, llenas de bocinas, banderas, pitos, y ya lograron que el congreso sea cerrado y repuesto por elecciones libres y democráticas para crear a su vez el People’s Council.

La comida es una “patá”, no hay que dar más de tres pasos para encontrar exquisitos pulpos a la parrilla, fideos de arroz con mariscos, sopas picantes con mariscos, calamares, etc, todo por aproximadamente 300 pesos (menos de un dólar). Sinceramente pienso que las sopaipas y los carritos con sus vahos aceitosos en el centro de Santiago, valen callampa.

Ahora partimos con Jessica hacia el este, comenzando el viaje. Nos acercamos a la playa y luego a una isla donde viven elefantes a los que uno puede montar y hacer cariñito, además de cuestionarse cómo diablos un animal así de grande logra cruzar un canal y llegar a una isla; misterios de la naturaleza. Luego planeamos seguir a Camboya.

 

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