Revista Intemperie

Literatura ilustrada: la lucha de las palabras contra la imagen

Por: Felipe Valdivia
liniers

Felipe Valdivia sobre la emergencia de los libros ilustrados, y la complementariedad entre literatura e imagen

 

A mis manos llegó Macanudo, un libro de historietas argentinas a cargo de un simpático dibujante llamado Ricardo Liniers Siri. Esta verdadera “saga” comenzó a publicarse a comienzos de 2000, cuando Liniers –no muy convencido– puso a disposición de sus lectores la primera entrega que, poco a poco, fue ganando cada vez más adeptos. Después de eso, las obras han sido constantes y su trama se refiere a una serie de historietas protagonizadas por diferentes personajes, cuya línea central es la del humor fresco, crítico y cotidiano.

Reconozco que nunca había tenido el gusto de tener en mis manos un libro de Liniers. Conocía sus historietas y dibujos a través de Internet y porque en alguna oportunidad había visto obras suyas en ferias del libro, en librerías y en la biblioteca de algún amigo. Pero no había tenido la oportunidad de sentarme a leerlo con tranquilidad. Y así lo hice hace algunas semanas y debo confesar que pasé un agradable momento descubriendo cada una de sus historias. De hecho, hace muchísimo tiempo que no lo pasaba tan bien leyendo, porque generalmente, cuando lo hago, me enfrento a la disyuntiva de retroceder algunas páginas para analizar y repasar cierta parte de la trama; razono las estructuras de la novela, cuento o poesía; identifico las imágenes más simbólicas y, lo que finalmente debiera ser un hermoso pasatiempo, termina convirtiéndose en un mecanismo de estudio sobre una obra que, a fin de cuentas, me aleja del objetivo principal que es el de disfrutar la lectura.

En ese sentido, quienes leemos bajo esta estructura, se nos hace inevitable estudiar y desmenuzar cada obra que llega a nuestras manos, transformando este acto en una instancia de estudio existencial de cada frase y cada argumento de la trama. Pero está bien, es una forma válida de enfrentarnos a la literatura, en tiempos en que las cifras de lectores chilenos han aumentado, aunque bien valdría hacerse la pregunta de qué calidad son.

Al momento de terminar el libro de Liniers, me quedé con esa satisfacción de haber sido parte de las historietas. Tuve una experiencia distinta, casi infantil; aquella que quiere imitar todo lo que hacen sus héroes, porque me dieron ganas de dibujar. Es que la experiencia de vivir el humor fresco y cotidiano, provocó que leyera las historietas como si hubiese sido un alumno de tercero básico siendo parte de esas locuras a las que se enfrentaba Oliveiro “La aceituna”, Origami Boy, El misterioso hombre de negro y el propio Liniers. De algún modo, me hubiese gustado haber estado allí, dentro de las viñetas, como ese clásico video Take on Me, del grupo A-ha, en el que los mundos comunicantes se relacionan, digno del mejor argumento de un cuento fantástico de Lugones, Borges y, por supuesto, de Cortázar. Porque le agarré tanto cariño a Liniers, que quise ser un personaje más de sus historietas. Y eso, en parte, sucede cuando tenemos ciertos estímulos de imágenes que nos provocan mayor cercanía con una obra.

Todo esto me hizo reflexionar de lo bien que le está haciendo a la literatura este auge de la ilustración en Chile, pero también a nivel mundial. Y esto, no sólo porque los dibujos representan una verdadera obra de arte, sino que por el hecho de que detrás de cada viñeta existe un análisis profundo, social, económico y cultural de un país. Hay un trabajo de observación de la actualidad, de lo que está pasando, de las cosas que nos molestan como sociedad; hay una crítica a los poderes fácticos, aunque todo esto es visto desde la vereda humorística, entendiendo que siempre es bueno reírse de nosotros mismos. Y de hecho, Liniers se ríe de sí mismo, dado que en varias de sus viñetas aparece retratado como un conejito tímido e inocente que sólo obra como un ser misántropo, aunque sin saberlo tiene más valentía y osadía que muchos seres de carne y hueso. Este elemento de formar parte de la historia, logra acercarlo mucho más a sus lectores en lo que se refiere a su proceso de creación, aunque en realidad no lo necesitaba, ya que su público se lo ganó en los tiempos en que publicaba sus historietas en los principales diarios de Argentina, cautivando a una cifra nada despreciable que tiene esa cultura del humor gráfico.

En Chile no nos quedamos atrás. Ya se ha convertido en una tradición las tiras gráficas de humor político en los principales diarios del país. Hubo un tiempo en que los dibujos comenzaron a quedar obsoletos, en cierta forma, aunque afortunadamente, hace algunos años, el tema volvió a cobrar relevancia en Chile.

No sé realmente en qué momento exacto la ilustración volvió a cobrar protagonismo y logró despegar nuevamente, pero este auge motivó que los nuevos ilustradores comenzaran a atreverse a “salir del closet”, a mostrar su trabajo, a opinar sobre temas, pero lo que es más interesante, a mezclar literatura con ilustraciones. En ese sentido, Internet fue una herramienta fundamental, porque a través de los Blogs subían diariamente dibujos, generando la aceptación masiva de un público hambriento de humor gráfico.

Alberto Montt, Guillo, Malaimagen, Sol Díaz, Francisco Olea, Maliki, entre otros, han lanzado sus respectivos libros en los que podemos encontrar principalmente un humor cargado de miradas sociológicas, como un verdadero reflejo de aquellas cosas que nos causan gracia, pero que no nos atrevemos a decir en público. Hay genialidad, originalidad y arte, pero por sobre todo, hay cariño por lo que se hace… si no, pregúntenle a cada uno de los que he mencionado y tantos más, que se desvelan hasta las tantas de la madrugada dibujando la tira para el día siguiente.

Pero tanto esfuerzo no podía ser en vano. Afortunadamente para ellos y nosotros, se han abierto nuevos espacios especializados para mostrar, difundir y vender sus obras. En ese sentido, la Galería Plop!, es una espacio donde convergen la literatura y el arte de ilustrar, en el que se vive ambiente de ilustradores. Esto solo nos confirma que este tema dejó de ser un tópico de niños y tomó banderas de lucha y reivindicaciones sociales, a través del humor gráfico.

Tampoco podemos olvidar el muy buen trabajo de los creadores dedicados al libro infantil que, a pesar de estar en otro ámbito, de igual forma caen en el mismo saco de este auge de ilustradores. El hermoso trabajo de Paloma Valdivia, María José Ferrada, Maga Villalón, Soledad Sebastián y tantos más, han confirmado que sus creaciones pasaron a ser de libros a objetos de colección.

Nadie podría decir que los escritores tenemos que competir contra las ilustraciones de estos verdaderos artistas, porque es un absurdo sin ninguna posibilidad de rectificarlo. Por el contrario, tenemos que ver a los ilustradores como un aliado más en esta lucha diaria de captar más lectores para que pasen un muy agradable momento disfrutando de sus obras de arte. Aquello que dicen que las imágenes valen más que mil palabras, en este caso, se aplica a la perfección.

 

Foto: Liniers

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