Revista Intemperie

De Mick Jagger a Metallica: el rock es inofensivo

Por: Federico Zurita Hecht
metallica

Federico Zurita reflexiona acerca de la forma en que hoy actúa el rock para parecer subversivo y ser, finalmente, reaccionario

 

Odio el rock. Por reaccionario. No, eso no es cierto. Lo que odio es la recepción del rock, por leerlo de forma reaccionaria. Qué interesante lo que estoy diciendo. El rock en particular y el arte en general no es progresista o conservador en sí. De un tiempo a esta parte me he aproximado a creer que, aunque la obra de arte puede establecer una tendencia de cómo es leída, es la crítica especializada y la recepción no especializada la que decide leer un producto artístico de forma subversiva o reaccionaria, incluso sobreinterpretando burdamente. Y el rock, en nuestra época, es recepcionado de un modo conservador. Claro que el rock para volverse exitoso en la era del consumo ha tenido que adaptarse a las lecturas preferidas de esta época. Así es como el arte, condicionado por la historia, evoluciona. Y el rock se volvió reaccionario de todas las formas posibles: por ser leído de un modo conservador y por querer ser leído de un modo conservador. Incluso el rock alternativo, tan requerido por los hipster, es reaccionario, porque los hipster que lo valoran y lo leen, son hipster para pertenecer a la clase dominante. Pertenecer pero renegar de ella, por cierto. Y sin embargo, no desear abandonar esa pertenencia, si es que se consigue, porque muchas veces sólo basta con aparentar pertenecer. Ser hipster entonces consiste en fingir que se condena la estructura social, pero amarla y defenderla.

El rock es reaccionario porque su posibilidad discursiva se ha quedado vacía. El rock ha priorizado por la forma y ha ignorado que el arte es el vínculo de la forma y el contenido en coherencia con un momento histórico. El rock es formalista. Sí, formalista y reaccionario, después de Kurt Cobain e incluso antes de él. Después de Ian Curtis e incluso antes de él. La historia del rock es reciente, como reciente es la época en que las poéticas insultantes del arte que buscan denunciar las vulgaridades de la clase dominante (como el teatro del absurdo, como el pop art) se vuelven objeto de consumo. Entonces el condicionamiento histórico del rock se engendra en esa fagocitación que el capitalismo multinacional hace del arte. Y el rock se dejó engullir.

El rock es romántico y el romanticismo es reaccionario. Chateaubrian y Lord Byron, con sus exotismos y sus héroes libertinos son conservadores, por góticos y medievales, por deshistorizadores. Y el rock, al igual que aquella literatura, está saturado de héroes libertinos con causas sin anclaje histórico presentándose como actores condenados por el orden de la clase dominante. Qué atractivo para el lector incauto eso de ser condenado por el orden social. Qué entretenido seguir a revolucionarios de pasarela. Y luego de ocurrido aquello, el asco que la clase dominante siente por el héroe libertino se manifiesta en dividendos: que las causas de los fanáticos sean inofensivas para el orden social. Mick Jagger es el demonio, dice la clase dominante, prohibámoslo para que sea más atractivo, murmuran luego aparte. Porque finalmente siempre van a recordar que es mejor que el lector incauto siga al demonio Jagger que al marxista Brecht, por ejemplo.

El rock es reaccionario y no puede evitarlo, porque surge en una sociedad condicionada históricamente por el capitalismo multinacional. Metallica es una banda reaccionaria por tocar en la Antártida, por ser la primera banda que toca en los cinco continentes. Las palabras “banda”, “tocata” y “cartel” (como: “oye, ya anunciaron el cartel del próximo Lollapalooza”) son reaccionarias. El emprendimiento Lollapalooza de Perry Farrel es reaccionario y se hace en Chile no porque el público chileno sea tan rebelde y empático con la contracultura, sino porque en Chile se ha naturalizado el acto de endeudarse a treinta y seis meses, y las entradas se venden como empanada en septiembre. Mike Patton es leído de forma reaccionaria cuando le dice “Don Corleone” a ese animador de la tele, porque sus fans creen que lo que hizo fue subversivo y se olvidan que ese animador no es el poder, sino un instrumento del poder, un instrumento de esas “siete familias” que controlan Chile, a las que Mike Patton nunca les diría “Don Corleone”. Pero gana la apariencia de revolución (la falsa revolución, la que no cambia nada) y a Mike Patton incluso le ofrecieron una corona en Chile, “guachaca” eso sí, pero igualmente reaccionaria. My Bloody Valentine, que me gusta tanto, es reaccionario, aunque antes lo fue más, en la época anterior a la descarga de música por Internet, porque en esa época tener sus discos era un acto “exclusivo”. Yo soy reaccionario porque uso poleras-afiche con rostros de estrellitas reaccionarias. My Chemical Romance es la exacerbación de lo reaccionario del rock, con sus andróginos y deprimidos miembros, con sus videoclip fúnebres y carnavalescos (¿búsqueda medieval como la del romanticismo?, muy probablemente; eso explica la relevancia de la estética gótica de las últimas décadas desde los adolescentes de Bauhaus hasta los niños Evanescence). Y finalmente My Chemical Romance fue un éxito de mercado que hizo creer a millones de adolescentes que ellos sí comprendían su angustia. Eso me recuerda aquel capítulo de Los Simpson en que la marina forma un grupo vocal para incentivar que los jóvenes se inscriban en la armada, específicamente el pasaje en que Bart anuncia que cantarán una canción que el director no quiere que canten, y luego Skinner advierte que eso no es cierto, que de hecho él organizó ese evento. Esa es, precisamente, la forma en que hoy actúa el rock para parecer subversivo y ser, finalmente, reaccionario. Y bien, Los Simpson también es un producto conservador.

Pero el hecho de que el rock sea leído hoy de esa forma a causa del condicionamiento histórico que actúa sobre él, no quiere decir que siempre será leído así. El rock puede revolucionarse y revolucionar a sus lectores, pero hay una estructura de poder que sabe cómo utilizarlo. Pero estoy siendo injusto. Esto sucede con la producción artística en general, aunque el rock parece ser la actividad que con mayor facilidad cedió ante la lógica del capitalismo multinacional. Y sin embargo, el teatro, el cine, la plástica, la literatura también son condicionados históricamente, en mayor o menor medida, por el capitalismo. Ya en otro momento escribiré por qué Charles Bukowski es reaccionario. Me quedo con la imagen de Javiera Mena cantando en un comercial de Ford. Qué hipster ella al hacerle música de fondo a la clase dominante cuando va a comprarse un auto.

 

Foto: Coca-Cola

Un comentario

  1. alonso gallardo dice:

    El primer párrafo y me parecía promesa de lo creíble y falso que sigue siendo todo sin embargo al final es imposible no estar de acuerdo contigo aunque de igual manera es inevitable: seguiremos usando android, creyendo que las bombas de los anarcos no explotan, toma do coca-cola e intentando escribir un super ventas que se pueda vender por i-tunes o descargar en google play…

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