Revista Intemperie

Columna ganadora Primer Concurso de Opinión Cultural Revista Intemperie 2013

Por: Intemperie
the conjuring

Como Revista Intemperie nos es grato comunicar los resultados del Primer Concurso de Opinión Cultural Revista Intemperie 2013

 

Con fecha 11 de Diciembre de 2013, el jurado compuesto por el Comité Editorial de Revista Intemperie, comunica a todos sus lectores los resultados del Primer Concurso de Opinión Cultural Revista Intemperie 2013 en la que han participado más de 100 columnas recibidas de distintas partes de Chile y el exterior.

El jurado felicita a todos los participantes y destaca la gran variedad de temas y estilos abordados por las columnas, entre las que destaca la crítica literaria, la opinión política, la reflexión sobre fenómenos de la cultura de masas y el análisis de la contingencia.

En este contexto, el jurado ha decidido premiar, con el primer lugar, a la columna “El conjuro o el diablo los cría y el cine los junta, presentada bajo el seudónimo Chico Jarpo. El autor recibe el premio consistente en $ 100.000 en libros, de la librería Ulises, y publicación en la revista.

El jurado destaca de la columna ganadora: “una penetrante lectura política de la cultura masiva sin desplantes teóricos ni lenguaje excluyente. La columna logra leer una serie de códigos implícitos de rico significado ideológico y cultural en una película de audiencia masiva y por extensión en el lenguaje hollywoodense clásico del cine de terror. Un argumento sólido se combina con un estilo fluido e irónico. Destaca sobre todo la lucidez del análisis a partir de referentes de la cultura popular y el uso de un lenguaje ensayístico con alto valor literario”.

El jurado ha decidido también otorgarle una mención honrosa a la columna “Carentes” presentada por Bernardita Bravo bajo el seudónimo Victoria Ventura.

El premio para columna ganadora, según lo comprometido, equivale a la compra de $100.000 en libros en librería Ulises.
El jurado felicita calurosamente al ganador, Chico Jarpo.
Atte.

Comite Editorial Intemperie.

 

 

El conjuro o el diablo los cría y el cine los junta

“Por muy autoconsciente e irónico que pretenda ser el cine de Hollywood, siempre ha estado restringido por una puesta en escena formal que refleja el concepto de cine propio de la ideología dominante”

Laura Mulvey

 

1. El género cinematográfico de terror es reiterativo como empanada cebollona. Flatulencias aparte, digamos que esta repetición de sus fórmulas es probablemente su mayor debilidad en términos narrativos, y al mismo tiempo, su mayor fortaleza en cuanto a eficacia. Y no nos debiese extrañar, después de todo, el miedo es una experiencia bastante irracional, y existen algunos productores que han comprendido de tal manera su intrínseca insensatez, que muchas veces resulta imposible diferenciar al guionista del zombie. Para este tipo de industria resulta pertinente aquella opinión de Noman Mailer respecto a la literatura comercial y la comida rápida: “La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra”. Es decir, existe una exigencia mutua entre realizador y espectador, de que el producto jamás altere su “esencia”. En otras palabras, estamos frente a un formato inherentemente estático. En una sala de cine por cierto, construidas a la imagen y semejanza de la industria norteamericana, se consuman las nupcias entre mala comida y mal arte, a base de cabritas pegoteadas y proyecciones insípidas. Tal como el patio de comidas, la sala de cine es un lugar al que se acude para encontrarse con la familiaridad putativa del american way of life (no por nada son espacios que figuran contiguos en la hechura del mall).

2. La última gran producción de terror lleva por nombre El conjuro. Sin duda, uno de sus logros consiste en reciclar fórmulas extraídas de un puñado de películas icónicas. Desfilan ahí citas al Exorcista, pasando por soterrados guiños a Los pájaros de Hitchcock o incluso a Chuky. El director se transforma así en un hábil DJ, que samplea en su tornamesa un cúmulo de referencias, dispuestas todas bajo otra gran premisa del cine de terror contemporáneo: la veracidad de la historia, que desde The Blear Wich Proyect en adelante, perece ser una tendencia casi tan arraigada como el auto que explota en la película de acción.

3. En El conjuro, los cuerpos femeninos son los susceptibles a la influencia maligna. Así es como las dos protagonistas, víctima de un lado y psíquica del otro, son potenciales posesas. Adicionalmente, la entidad infernal que las acosa es una bruja. Pero eso no es todo, los dos matrimonios que participan en la historia, solo tienen hijas. Por supuesto, todas ellas experimentarán escenas de espanto. De igual modo, resulta interesante que la primera manifestación paranormal de envergadura, esa que diferencia un espíritu piñufla de, digamos, el asesor financiero de Satanás, sucede la noche en que el padre de familia se ausenta del hogar. Por último, la muñeca Anabelle, que propicia una línea paralela de la acción, puede ser considerada como la visión quintaesenciada de esta representación en que lo femenino es el recipiente inanimado, idóneo, e irresistible de la maldad. El verbo “poseer”, de pronto, revive toda aquella vetusta significación en donde la propiedad del macho respecto a la mujer se adquiere por medio del acto sexual. Evil Dead, (remake de la película homónima del 83) otro de los títulos estrenados este año, es bastante explícito al respecto: la posesión es consumada por una criatura que ingresa al cuerpo de la protagonista por su vagina.

4. Otro de los aspectos dignos de atención tiene que ver con el fuerte conservadurismo que permea el film. En primer lugar, el acto de maldad supremo de la bruja fue asesinar a su propio hijo. Es decir, renegar de su función reproductora. En segundo lugar, es la evocación a un recuerdo familiar feliz, tipo publicidad de tallarines, lo que finalmente derrota al espectro. Tercero, desde una perspectiva clasista, da la impresión que la familia proleta y la de profesores universitarios que coinciden en la trama, jamás se hubiesen conocido de no ser por la monstruosa entidad. Tanto es así, que hacia el final, pareciera que las lecciones morales que imparte la cinta, dedican un rasguño punitivo al matrimonio de profesionales, cuya falta es abandonar su hogar, y por tanto a su hija, quien queda bajo el influjo de la muñeca poseída. Por último, resulta irrisorio que en buena parte de estas películas los conflictos se originen por un fantasma que reclama el dominio sobre un determinado espacio. La propiedad privada parece ser, al menos para el neoliberalismo, una ley trascendental y absoluta. Propiedad y posesión se superponen.

5. En fin, el juego es infinito: un episodio histórico vergonzoso como la persecución y asesinato de mujeres acusadas de brujas en Salem, se legitima; La maldad encarnada en lo no cristiano, en la nervadura inefable de lo exógeno, afuera del cuerpo y del intelecto, podría suscitar una analogía sobre la amenaza delirante del TERRORismo en la psiquis norteamericana.

Dicho esto, el monstruo que se abalanza sobre nosotros en la memorable escena del ropero, es muchísimo más que un personaje de terror, es una ideología que nos cae a dentelladas.

 

Foto: The Conjuring, James Wan, 2013

Aclaración: la columna original presentada al concurso contaba con 800 palabras. A continuación, la presente versión ha sido levemente extendida por el autor.

Un comentario

  1. Felipe González dice:

    Felicitaciones, buen análisis, con humor y agudeza.

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