Revista Intemperie

La vida fuera de los libros

Por: Oscar Orellana
matt black

Más allá del sentido y la importancia que pueden tener la literatura y los libros enfrentados a la perdida de una vida, en la crónica de Oscar Orellana

 

Uno dice: así será mi vida. Me levantaré todos los días a las siete y haré ejercicio con la radio antes de ir al trabajo. Pero no, así no es la vida.

Hasta ahora había eludido la primera persona, convencido del envanecimiento de hablar de uno mismo, como si nuestra existencia, y emociones, merecieran más atención que la de los otros. Pero es que ha sucedido algo. Algo que no es ni historia, ni literatura. Algo que no puede ser ni historia ni literatura. La vida que ocurre fuera de los libros.

Esta mañana, el conserje, inesperadamente ha dicho «se ha muerto». Me ha estrechado la mano con fuerza, para agregar: «El perrito de mi hijo se ha muerto». Luego se ha quedado frente a mí sin decir nada, detenido en un estado de concentración, que interrumpe luego de unos minutos, para contarme que a su hijo lo atropellaron hace cuatro años cuando volvía de la escuela y que ese animal era el lazo más profundo, el recuerdo más intenso que lo mantenía unido a él.

¿Hace cuánto tiempo nos conocemos? ¿Cinco, diez años? Mientras me habla, su voz se hunde en el olvido de las cosas que parecen no haber existido nunca. De pronto, la realidad pierde nitidez, se vuelve lejana, sin relieves, casi fuera de nuestro alcance.

Después de oírlo, uno se pregunta ¿Qué sentido pueden tener ahora las novelas, los libros de cuentos? Todo ese teatro inventado que repletamos con personajes sin alma, fascinados por su dramaturgia geométrica, por su exacta e inútil banalidad. ¿Qué importancia pueden suponer enfrentados al dolor, al sonido de una voz, que sabemos perdida para siempre?

Vivimos para desafiar a la memoria y a la muerte, hasta el día en que la muerte decide ser más fuerte que cualquier otra cosa. ¿Cuánto tiempo se nos recordará a cada uno de nosotros? Luego de unas generaciones, nos convertiremos solamente en sombras. Sería indecente aspirar a cualquier tipo de supervivencia. Todos nuestros amores, entusiasmos y odios, se resumirán en una anécdota vaga, que alguien contará en voz baja, al pasar. ¿Importa eso? No. No, porque durante un breve instante todos hemos vivido para siempre. Hemos sido acariciados por el aire de una mañana demasiado helada. Nos hemos reconciliado con la tristeza ¿De verdad lo hemos hecho?

Hubiese preferido contar la historia de este hombre, sin hacer uso de las palabras. Las palabras que están bien para describir un paisaje, una estatua de mármol, pero que no tienen ninguna posibilidad de acercarse a eso que llamamos vida. Llenarlo todo con en ese silencio intraducible que atraviesa su cara, mientras saca de su billetera una fotografía donde aparece sosteniendo en brazos a Vicente, su hijo de ocho años, y a los pies, el pequeño perro, jugueteando entre las piernas. La fotografía donde se puede presentir el esfuerzo que necesitaron para permanecer quietos, sin reírse, ante la cámara.

Hubiese preferido contar esta historia sólo con ese silencio, hecho de una ternura que las palabras nunca alcanzarán.

No sé decirlo de otra manera: el tiempo existe sólo para desaparecer. Ahora que ya sabemos que todo es siempre la última vez.

 

Foto: A boy plays with his dog outside of town. San Miguel Cuevas, Mexico. Matt Black (boston.com)

2 Comentarios

  1. soledad fariña dice:

    hermoso entrevero de la vida y el silencio

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