Revista Intemperie

El mercado del arte contemporáneo

Por: Fernanda Fábrega
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Fernanda Fábrega indaga la delgada línea roja que separa las acciones comerciales con fines artísticos y el uso del arte como un mero negocio

 

Cada cierto tiempo a los televidentes nos llega un spot publicitario invitándonos a comprar latas de bebida con el innovador diseño de algún profesional emergente, o un incomparable juego de loza estampado con motivos característicos de un famoso artista. La última campaña que recuerdo fue de la empresa de máquinas Redcompra con un eslogan bastante emotivo: “Transbank te acerca al Arte”, así, con mayúscula. Arte.

Por supuesto, el timeline de Facebook se llena de comentarios al respecto. “No, no otra vez, Cienfuegos”, “Matilde, caíste tú también”, entre otros mensajes llenos de  fatalidades por la perdida de nuestra íconos artísticos en beneficio de la producción en serie y el merchandising. Yo no puedo evitar sentir algo similar. No porque sean mis íconos (no lo son) sino porque cuestiono el sentido o la legitimidad de este tipo de productos. Inmediatamente pienso en Takashi Murakami y su iconografía japonesa, su alter ego representado en una animación y su estampado en miles de poleras, que se venden como pan caliente, la creación de murales con alto contenido publicitario y sus deleitables videos, como aquél que realizó para Louis Vuitton.

¿Cuál es la diferencia? ¿En qué radica el abismo que existe entre la loza “artística” y el mundo de Murakami? En la porcelana de los artistas chilenos nombrados, el único gesto que en ellos se realiza es la transferencia de ciertos motivos a la decoración de una taza o un plato. Fin. Ese es el trabajo. ¿Es realmente la motivación, como dice el eslogan, acercarnos al arte? ¿Precisamente de qué arte estamos hablando? ¿Es acaso el indicar, a través de la taza la obra de origen del artista, una acción que me permita hablar de arte? Y si es así, ¿qué sentido tiene comprar un objeto que sirve como indicador de otra cosa, y por qué habría de tener una connotación artística?

Artistas como Murakami insertan su trabajo artístico en una cosmovisión mercantil. Él crea un alter ego para dirigir su obra y elabora una empresa de merchandising con objetos cotidianos como tazones, vestimenta y llaveros que luego de exponer, vende como souvenir, Pero su obra no se constituye sólo a través de objetos coleccionables. Tiene lienzos, esculturas tipo Jeff Koons, y personajes nombrados y personificados que refuerzan esta puesta en escena. Tal como muestra el video de Louis Vuitton, ingresar a su mundo es hacerlo entregándose a este sistema de consumo, pero también a un universo imaginario e intangible.

El asumir consciente del uso del mercado creo que hace la distinción entre un accionar prolijo con fines artísticos y el alcanzar el mero objetivo mercantil, siendo éste la creación de un producto artístico de consumo que no posee reflexión alguna y cuya única finalidad es despertar a ese monstruo consumista que algunos tenemos más dormidos que otros. Lamentablemente ese es el producto que hoy en día abunda en nuestra realidad. Utilizando conceptos tan manoseados como “emergente” o “destacado” se nos presentan trabajos cuyo único sustento es el deleite estético. Y aun más, el objeto se vuelve tan vacío que no permite conexión alguna con el arte más que el lazo artificioso con el renombrado artista.

 

Foto: Jacob’s ladder skull scarf (bufanda, edición limitada 100% seda), Damien Hirst en colaboración con Alexander McQueen

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