Revista Intemperie

A propósito de “Runaway”, un cuento de Alice Munro

Por: Nicolás Poblete

runaway

Nicolás Poblete analiza uno de los relatos mas destacados de la reciente ganadora del Nobel, donde los conflictos de clase y de género circulan alrededor de una cabra.

 

El premio fue otorgado a Alice Munro por su capacidad para narrar con delicadeza, claridad y realismo psicológico. La academia la considera una maestra del cuento contemporáneo. De muestra, un botón.

“Runaway” es el relato más largo de la colección homónima. En realidad se puede considerar una nouvelle, y en ella, podemos ver muy claramente los elementos que la academia ha destacado a favor de Munro. Desde el comienzo de “Runaway”, vemos que este paisaje no puede ser sino otro que el canadiense, con sus descripciones climáticas y la referencia a los animales endémicos que habitan esa zona,

La historia gira en torno a diversos personajes: Carla y Clark, quienes viven precariamente en una especie de caravana, cuidando caballos para entretenimiento y diversión primaveral y veraniega. Como un modo de aumentar su salario, Carla hace el aseo regularmente en la casa de Sylvia, recientemente viuda (de un escritor). Sylvia es una mujer culta y las diferencias de clase y educación se hacen palpables al instante. Sin embargo, el personaje más importante es Flora, la cabra blanca que comparte el establo con los otros caballos.

La voz narrativa (que en Munro es constante y parece no haber cambiado con los años, privilegia siempre la misma estrategia: clásica, convencional) nos revela: “El comportamiento de Clara con los caballos era tierno y estricto y un poco maternal, pero la camaradería con Flora era muy diferente; Flora no le permitía ningún sentimiento de superioridad”. Hay mucho que reflexionar en estas breves líneas. La idea de que los animales actúan como proyecciones está muy afianzada en la narrativa de Munro y especialmente en este relato. De hecho, veremos luego, “Runaway” es el intento de Clara de escapar de su marido abusivo, pero es, al mismo tiempo, el escape que la misma cabra hace, repentinamente.

Acá Munro hace una serie de contrapuntos que, obviamente, dada la densidad con la que trabaja el cuento, requieren de varias lecturas para realmente apreciarlos. La capacidad para ingresar en los pensamientos de sus personajes toma forma en reflexiones de este tipo: Clara veía a Clark “como el arquitecto de la vida a seguir, ella como una cautiva, su sumisión tanto apropiada como exquisita”. La relación entre ellos es extremadamente jerárquica y arbitraria. Clark es machista e ignorante. Por otra parte, Sylvia tiene los recursos como para hacer viajes y así la vemos con unas amigas en Grecia, paseando y sorprendiéndose con las cabras griegas en los cerros que le recuerdan a Flora y a Clara. Sin embargo, Sylvia reflexiona: “Pero después de un tiempo, todas las salidas pasan a ser vistas como una pérdida de tiempo y dinero. Eran lo que la gente hacía antes de comprender la realidad de sus vidas”. No hay escape posible. Para nadie, al parecer.

El cuento deposita toda la energía simbólica en la cabra desaparecida, y hay un momento en que Clark y Sylvia (en un encuentro inédito) la ven aparecer desde la niebla y el animal cobra un valor casi mitológico. Esto va en paralelo al intento de Clara por escapar de su marido, intento que resulta fútil. Al estar ausente, Clara nunca se entera de que la cabra ha regresado. Así, vemos que cuando Clara vuelve, lamiéndose sus heridas, jamás recibe la información del retorno de la cabra, pues el marido se ha encargado de volver a “desaparecerla”, aniquilando así, la necesidad de libertad de su esposa. Un cuento bello, por decir lo menos.

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.