Revista Intemperie

Te gusta mirar

Por: Oscar Orellana
chris korda

Sexo, voyeurismo, violencia y eyaculación inesperada en la crónica de Óscar Orellana.

 

Sábado. Compras una vieja fotografía de una mujer besando el hocico de un caballo. También un libro sobre la historia de la tuberculosis. Te emociona la precisión maravillosa de estos hallazgos. El libro te aburre. La foto en cambio, te causa una rara satisfacción, un detenimiento que hace tiempo no sentías. Las luces del edificio de enfrente comienzan a encenderse. Desde la escalera, observas como una pareja en pijama intenta armar un mueble. De pronto entra más gente al dormitorio y arruina todo. Ahora la escena ya no tiene ningún encanto. Hay una zona en el cerebro donde se produce una discontinuidad entre el objeto visto y la mirada de quien lo ve. A ti te gusta mirar. Miras por la ventana cada noche intentando imaginarte a ti mismo sin éxito.

Cuando cayeron las torres gemelas estabas desempleado igual que ahora. Veías el matinal mientras pensabas que no había nada vivo dentro de esos edificios. Ningún tipo de solidaridad de especie, en la emisión de esas imágenes; exactas, fulminantes. Sólo una ráfaga de calentura aguda mientras esperabas a que la segunda torre también se derrumbara.

Hace poco descubriste la canción de un tal Chris Korda llamada I like to watch. Buscas en su sitio la traducción:

Me gusta mirar
El avión entrando
Me gusta mirar
La llamarada saliendo
Llueven cristales rotos
Mi acero se derrite
y mi torre se derrumba.
Ahora mi mano está toda pegajosa
y no puedo encontrar un trapo
Supongo que tendré que usar
la bandera americana.

Esperas los 14 minutos que toma en descargar el video hundido en ese brevísimo estado de excitación que separa, que salta, del no saber a saber. El video de la canción mezcla fragmentos noticiosos del ataque contra el World Trade Center con pornografía explícita: un montaje de eyaculaciones, caras cubiertas de semen y metal derritiéndose. Chris Korda es un monicaco afectado que teoriza sobre la energía sexual, brutal y reprimida oculta bajo la reiterativa superficie mediática de las torres penetradas en primer plano. Tú piensas en el porno Gonzo. Te gusta ese porno donde los actores sonríen mucho.

Terminas el libro sobre la historia de la tuberculosis. Te ha dejado sólo un dato que te conmueve: los tuberculosos pasaban por momentos de euforia sexual conocido como spes phthisica; un ejercicio de adiestramiento carnal previo a la muerte, en medio de esa hilera de camas a la intemperie, repletas de enfermos ricos y ensombrerados con el culo al aire, en elegantes sanatorios encumbrados quien sabe donde.

Ya no estás de mal humor. Vuelves a la mujer besando el hocico del caballo. No es la inmediata asociación coital, zoofílica, la que te calienta, sino la idea de saberse convicto a un fin, a un termino, en la longitud del tiempo. Es eso, lo que justo ahora te hace eyacular involuntariamente, sin esfuerzo.

 

Foto: churchofeuthanasia.org

2 Comentarios

  1. mnataliac dice:

    Hace unos años fui a uno de esos tours nocturnos por el hospital San Juan. Ahí contaban que a principios del s.XX, los tuberculosos (por siempre internos) tenían sexo con enfermeras y doctores y que el contagio hacía que sus días terminaran ahí. Contagio por amor.
    Yo imaginé porno tuberculoso y me conmovió.

  2. Óscar dice:

    M-Natalia invítame a esos paseos clínico-nocturnos.
    Entre camillas y oscuridad.
    Por cierto, el Porno-turbuloculoso da para un gran género.

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