Revista Intemperie

[Des] Aires de Fernanda Trías y Andrés Barba

Por: María José Navia

desaires

María José Navia presenta una reseña en tres movimientos sobre dos cuentos en miniatura publicados por Brutas editoras

 

Quienes me han leído un poco, o me conocen algo más, saben que tengo una gran fascinación por los formatos. Me inquietan y asombran los libros que se encierran en cajas (como Nox de Anne Carson, o Building Stories de Chris Ware), los que se recortan dando paso a otras historias (como Tree of Codes de Jonathan Safran Foer), los que viven en formatos digitales (como las antologías Más traviesa), o bien los que se apoyan en distintos usos de materiales (como los de Eloísa Cartonera). De ahí que esta reseña venga animada por un triple interés: por cada una de las historias compiladas (una escrita por la uruguaya Fernanda Trías, la otra por el español Andrés Barba) así como también por el maravilloso formato: un libro pequeño parte de la colección “Destinos cruzados” de la editorial Brutas Editoras (a cargo de la escritora chilena Lina Meruane).

[Des] Aires es del porte de mi mano con los dedos extendidos. Tengo las manos pequeñas (como de ardilla, me dijeron alguna vez) y por eso le tengo especial cariño a los libros de bolsillo, que puedo controlar, que no se me escapan. [Des] Aires es como un departamento pequeño en el que conviven Fernanda Trías y Andrés Barba, cada uno con su relato sobre la ciudad de Buenos Aires, y leerlo es como pasar una estadía breve con ellos, observando con curiosidad de huésped cada uno de los objetos que se guardan en él, cada una de las listas de supermercado dejadas por casualidad en alguna mesa.

En Bienes muebles (la historia de Fernanda Trías), la protagonista, una joven uruguaya, se refugia en Buenos Aires como una forma de resistencia. Su ex pareja (llamada “La Rata”) la quiere fuera de ella, su ex pareja es una presencia tóxica que va permeando cada uno de los rincones de una ciudad que la protagonista está empecinada en hacer suya (Dice en un momento: “Estar en Buenos Aires era mi forma de resistencia; debía conquistar esta geografía, encontrar mis propias razones para irme o para quedarme”). El título guarda dentro de sí dos puertas de entrada a esta habitación. Bienes muebles alude a los objetos, las posesiones, que podemos llevar con nosotros: móbiles, muebles. El “hogar” de la protagonista parece incapaz de echar raíces y se va moviendo de un lado a otro de la ciudad. Bienes muebles también recuerda a la idea de bien, de bondad, momentáneos actos de gentileza que se transforman en pequeñas anclas en el camino de la protagonista: una vecina, a quien le falta una pierna, que contempla los techos de la ciudad en silencio junto a ella, amigos que están ahí para decir las palabras justas (“Brindis por los ex, brindis por los finales y los nuevos comienzos”).

Buenos Aires no es una ciudad cualquiera para la protagonista. Es la ciudad de su abuela, es también la ciudad donde recibe la noticia de la muerte de su padre y que la lleva a reflexionar sobre los artificios del tiempo y la memoria: “Todo coexiste. La cronología es artificial, solo determinada por la emoción. Cuando resbalé por la escalera del bar, incluso antes de partirme el labio, ya estaba resbalando por la escalera de La Boca – las mismas botas, los mismos escalones de madera gastada – el día en que mi padre murió”.

Las reflexiones sobre la ciudad abundan, como forma de acercarse a ella con cautela, o bien robarle un trocito con algo de violencia. Así, dice la protagonista en un momento: “Una ciudad siempre al borde del colapso, y sin embargo generosa; una ciudad con facilidad para adoptar extranjeros y hacerlos suyos”.

O luego: “Buenos Aires era un monstruo recién atrapado que se retorcía bajo nuestros ojos. Pero el monstruo no se dejaba disecar; se transformaba una y otra vez, con cada bramido, con cada intento por librarse de unas manos exasperadamente suaves”.

El monstruo la marca (con la memoria de la noticia de la muerte, con los recuerdos de la relación con La Rata, con los intentos de encontrarse en las calles que está aprendiendo a conocer) y le recuerda siempre los peligros de ser extranjera. En uno de los breves capítulos, titulado “Con Vos”, comenta: “Importante no decir ‘contigo’. Si digo ‘contigo’ me delato; debo decir ‘con vos’”.

Fernanda Trías tiene un talento innegable para capturar en solo unas cuantas líneas, breves, precisas, todo el remolino interior que acompaña a la protagonista. Leer esta novela pequeña es querer subrayar cada una de sus frases, detenerse, masticarlas, degustarlas. Las citas, que es inevitable transcribir, guardar en libretas de apuntes o postear en alguna red social, se vuelven verdaderos “bienes muebles” para el lector, pedacitos de literatura móvil, una maleta para sentirse en casa en cualquier parte.

En uno de mis momentos favoritos de la historia, la narradora pregunta “¿Por qué se habla de cerrar círculos o etapas como quien cierra un frasco de mermelada? Estamos abiertos; todo sigue abierto, en perpetuo riesgo de infección”. En el caso de Bienes muebles, la novela no cierra; simplemente se detiene. Hace una pausa para que recobremos el aliento y queramos leer más de Trías.

Hay un vértigo distinto en el relato de Barba. En “Rotura y extracción del juicio de la persona humana”, a un extranjero (llamado “persona humana”) se le rompe un diente y eso lo lleva a reflexionar sobre su estadía en Buenos Aires (se ha enamorado y la euforia de ese amor hace brillar la ciudad con estridencia):“Y es que Buenos Aires es un país, un país complicado dentro de un país muy bonito llamado Argentina, al que la persona humana ha cogido gran cariño en todos los niveles posibles de la palabra cariño y de la palabra coger”.

Estar en Buenos Aires subraya los matices de la vida en pareja, en el extranjero, como extranjero; con la desprotección y la nostalgia como constantes visitas: “Ahora, aparte del amor, existe entre ellos esa sinergia tan particular de las parejas de países distintos en las que uno siempre se encuentra desprotegido cuando está en el terreno contrario, cuando los nombres de las cosas más comunes se volatilizan y trastocan, cuando una canción de un cantautor que uno odiaría en su propio país tiene la inexplicable virtud de arrancar una lágrima de nostalgia”.

El cuento de Barba es breve (once páginas versus las más de cien de la historia de Trías) y tiene la gracia de esconder lo extraordinario en medio de lo común: “Es una sensación extraña, como cuando uno comprende por primera vez que se ha enamorado de una mujer en una situación banal, viéndola comer un helado, llamar por teléfono, estornudar”.

La anécdota es simple y dan ganas de quedarse a vivir en ella o bien demorar un poco más esa última taza de café que tomamos antes de marchar. La ciudad se enciende y se apaga. Buenos Aires brilla, incandescente.

Nada de desaire y sí mucho de fascinación –enamoramiento incluso– es lo que queda después de leer (de hospedarse en) este pequeño conjunto de relatos. Eso, y la necesidad imperiosa de ir en busca del resto de la colección, donde se hospedan nombres como Yuri Herrera, Sylvia Molloy y Lolita Bosch, en apartamentos/libros del tamaño perfecto, en lugares como Japón, Berlín o Belarús.

 

[Des] Aires

Fernanda Trías y Andrés Barba
Brutas Editoras, 2013

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