Revista Intemperie

Novelas de la Dictadura

Por: Héctor Andrés Rojas

silencio trauma y esperanza

Héctor Rojas revisa el estudio académico en que Mario Lillo propone algunas líneas y ejemplos para leer la Dictadura a través de las novelas sobre esa época.

 

La propuesta de Mario Lillo Cabezas de analizar un grupo de novelas escritas en Chile durante las últimas cuatro décadas es por sobre todo interesante, aunque la ejecución del proyecto sea bastante curiosa. Lo primero que llama la atención es que la selección se hace sobre obras que no han sido especialmente valoradas dentro del panorama de la literatura de dictadura, aún cuando “conocieron en su momento algún grado de éxito, ya sea de crítica, de ventas, de resonancia mediática o a través de premios otorgados”. Lillo aclara que no fue esto último el criterio central de selección, pero resulta imposible no pensar en que este punto precisamente sea lo que más podría igualar estas obras. Cabe destacar que existe un gran diferencia entre el éxito en ventas y resonancia crítica, ambas siendo formas de recepción transitan entre lo comercial y académico, pero igualarlos sería una ingenuidad.

Silencio, trauma y esperanza: Novelas chilenas de dictadura, 1977 – 2010, está estructuralmente conformado por tres partes, además de una introducción que da cuenta del panorama general de la escritura acerca de este periodo histórico con temáticas que luego no se abordan en este trabajo, autores y escrituras que sirven de contexto de este análisis. Los tres apartados que siguen a esta introducción son “Elipsis narrativa de la memoria”, “Memoria tangencial de la dictadura, o el discreto encanto del orden familiar” y “Memorias traumáticas de la dictadura”, en cada uno abordando distintas novelas.

Otra curiosidad de este libro, es el método que Lillo emplea para el análisis de las novelas seleccionadas, porque se podría esperar de una selección de novelas de dictadura, un análisis desde sus representaciones históricas, los proyectos políticos que cada una construye, el trabajo que cada una presenta sobre la memoria o su propuesta política. En cambio, la opción de Mario Lillo es interrogar las novelas en sí mismas, es decir, respondiendo a preguntas sobre el modo, el tiempo, el espacio y los personajes, con apenas algunas alusiones a los histórico y político, que es lo que en principio justifica que estén siendo analizadas. Algunos de estos análisis son del tipo “la novela [Tiempo que ladra de Ana María del Río] se presenta al lector como una diégesis emanada de la voz de la narradora-niña y la mímesis se presenta enmarcada absolutamente en la diégesis de esta narradora homo-intradiegética”.

Para ser justos con el estudio de Mario Lillo, hay que destacar que desliza algunos problemas que pueden tener un relato mayor a los años de la dictadura. Por ejemplo, el entender a la familia como una representación del orden nacional, lo que se condice con los relatos fundacionales a los que también alude. Esto sin ser abordado con la exhaustividad con la que se abordan los aspectos estructurales de las novelas seleccionadas, al menos permite dejarlo como una interrogante que el lector pueda completar.

Este libro no pretende ser una visión totalizadora de las representaciones literarias de la dictadura y postdictadura, cualquier intento de ese tipo sería sospechoso e igualmente incompleto. Sin embargo, llama la atención que se mencione a Roberto Bolaño únicamente para recordar que denominó como “donositos” a autores que aquí son leídos con gran interés, dejando ver que fue un juicio injusto y dañino con una generación. Esta única alusión a Bolaño, que ignora las novelas que aparecieron en el periodo de estudia Lillo, así como la falta de mención a los estudios de la memoria de Nelly Richard, tan apropiados en la discusión planteadas, son decisiones que por lo bajo resultan difíciles de entender.

En cambio, en una situación opuesta, se pueden ver las constantes alusiones a José Donoso, su obra y legado. Es así como Casa de campo (1978), la conocida novela que Donoso que funciona como una alegoría de la dictadura, aquí también sirve para ejemplificar en la acción de los adultos Ventura los procedimientos de algunos/as escritores/as “este tipo de novelas omite su acontecer en un pasado aséptico del tipo edad de oro, o bien se sitúa en un presente con características de realidad paralela, o mundo paralelo”; también hay otras menciones como cuando se indica que “el autor empírico [de Morir en Berlín de Carlos Cerda] parece recordar las lecturas de las novelas de su maestro de taller José Donoso”, notándose la importancia dada al escritor en la historia de la literatura chilena y en la producción de los últimos años.

No es muy difícil notar el ánimo conciliador de Mario Lillo de las diferentes posturas políticas de las novelas de dictadura, para quien hay una “necesidad de re-ligar aquellos aspectos del alma nacional que aún circulan en búsqueda de aquel centro del cual fueron desalojados por diversos factores y actores”. Cuesta comulgar con una intención de ese tipo, cuando el ejercicio literario tiene valor en la producción de la época estudiada precisamente por las estrategias para construir memoria desde posiciones particulares, aún aquellas que anteponen la narración de resistencias y revoluciones a los proyectos de unidad. No podríamos hacer con ellas una censura desde lo conciliador o lo feliz sin sacrificar producciones de gran interés académico.

 

Silencio, trauma y esperanza: novelas chilenas de la dictadura, 1977 – 2010

Mario Lillo Cabezas
Ediciones UC, Santiago, 2013

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