Revista Intemperie

Los medios, 40 años después

Por: Vidia Gutiérrez
medios de comunicacion

De la abulia generalizada a la explosión de múltiples producciones de impacto. Vidia Gutiérrez aborda el cambio en la actitud de los medios para abordar las violaciones a los derechos humanos en dictadura

 

Este año, como ninguno de los 40 años anteriores, la conmemoración del golpe de Estado de 1973 ha dado cuenta de su tremenda fuerza expansiva. Varios hechos han dejado en evidencia que los efectos de la violencia no terminaron en los miles de muertos y torturados, ni siquiera en sus entornos inmediatos, sino que fueron más allá. De una u otra forma, todos hemos sido tocados por la tragedia de la dictadura, y reconocerse como parte de esa tragedia, aun siendo de manera indirecta, permite entender la universalidad de los derechos humanos, a pesar de la torpeza de nuestra clase política, que insiste en asociar esos valores con un solo bando.

Parte fundamental en este proceso ha sido la llegada del tema a los medios masivos. Desde la prescindencia –o derechamente la desinformación– de los primeros años de dictadura, los medios han recorrido un lento camino, liderado por algunas radios y medios escritos que ya no existen. La televisión, en particular, dejó pasar 40 años antes de abordar el tema con propiedad, y su repercusión ha sido importante. En muchos casos se ha tratado de reportajes hechos a la rápida, predecibles y que tratan de mantener una distancia del tema que quiere vestirse de objetividad. Pero también hemos podido ver producciones de gran calidad, tanto periodística como de ficción.

El efecto de esta irrupción en los medios queda bien graficado en el caso Lejderman que no sólo causó el hecho administrativo de que el Director del Servicio Electoral haya dejado su cargo. Su historia tuvo el poder de materializar en nuestros días un horror que hasta ese momento parecía muy lejano: un niño pequeño junto a los cadáveres de sus padres asesinados. Ese niño existió, había crecido y era un adulto con una presencia concreta entre nosotros.

Es verdad que existe información de calidad y profundidad mayor que la que permite el formato televisivo. Hay libros con acuciosas investigaciones periodísticas y extraordinarios documentales que retratan la época. Su existencia, por lo demás, desmiente las declaraciones de quienes, insólitamente, habiendo sido parte del entorno inmediato del dictador, dicen no haber sabido nada o tratan de deslindar responsabilidades.

Pero la información disponible para el gran público hasta ahora habían sido informes escuetos, números, recuentos. El gran mérito de la televisión este año ha sido humanizar esa información y esforzarse por lograr que un público, que hasta ahora se había mantenido distante, se identificara con ella. Cómo, a cuántos y cuan profundamente tocó esa información no se puede saber en detalle, pero  las cifras de audiencia permiten sacar una conclusión optimista.

El programa Chile, las imágenes prohibidas logró casi 19 puntos de rating promedio y la miniserie Ecos del desierto, cerca de 16 puntos en su primera emisión. Incluso un canal pequeño como La Red ha tenido logros en sintonía: la entrevista a Gloria Laso en el programa Mentiras verdaderas tuvo un peak de 10, 6 puntos, superando incluso a TVN en ese horario. Y, por nombrar un medio distinto de la televisión, el especial interactivo de La Tercera  tuvo 20 mil visitas en su primer día de publicación. A ello se suma la extraordinaria repercusión en las redes sociales.

Puede ser que, una vez pasada la fecha de conmemoración se vuelva a la abulia generalizada en torno a los derechos humanos, pero también podemos pensar que el esfuerzo de los medios en estos días, contribuye a una causa que, a estas alturas, debería ser patrimonio de toda la ciudadanía.

 

Foto: rt.com

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