Revista Intemperie

Recuerdo de Gregorio Mimica, a 40 años del Golpe en Chile

Por: Mario Valdovinos
universidad tecnica del estado chile

Mario Valdovinos recuerda al joven estudiante de ingeniería, asesinado a sangre fría por un comando militar poco después del golpe, y que hoy recibe un certificado por gracia de la Universidad de Santiago

 

El viernes 6 de septiembre, la Universidad de Santiago, ex Universidad Técnica del Estado, en sesión solemne, emitirá una serie de títulos, como es frecuente en una casa de estudios profesionales. Pero esta vez se trata de certificados entregados post mortem a  familiares, no a quienes estudiaron en el recinto académico distintas carreras, ya que el asesinato a manos de las fuerzas golpistas desatadas en el país desde el año 1973, les impidió a 42 de ellos titularse.

Gregorio Mimica Argote estudiaba Ingeniería Mecánica y era un visible -demasiado tal vez-, dirigente universitario, en un momento en que el movimiento estudiantil se acercaba al movimiento obrero para construir juntos un país más humano. El gobierno de Allende estaba en crisis, había paros, desabastecimiento, polarización y la creciente amenaza de una guerra civil. Los cuatro jinetes del Apocalipsis habían comenzado su cabalgata. Todas las condiciones de la tragedia estaban por cumplirse.

El día martes 11 Mimica estaba en la universidad, como todos los estudiantes universitarios o secundarios que esperábamos instrucciones para defender lo aún defendible. Un grupo de ellos, encabezados por Gregorio, se quedaron, siendo posible que huyeran, como la mayoría, antes de la hora fatal, tras el bombardeo de La Moneda y la amenaza de fusilamiento, según los escalofriantes bandos militares, en contra de quien opusiera resistencia al actuar de las FF. AA. Los jóvenes soportaron el allanamiento de las tropas de asalto de la universidad, comandadas por Marcelo Moren Brito. Gregorio fue maltratado como todos los allí presentes, pero milagrosamente, tras ser llevado al Estadio Chile, ocupado como centro de detención, fue dejado en libertad merced a la influencia de un pariente militar. Regresó a su casa y obtuvo una moratoria que le permitió ver a sus padres y hermanos. Allí estaba cuando una patrulla regresó para buscarlo, el viernes 14 de septiembre.

Lo devolvieron a la Escuela de Artes y Oficios y fue interrogado con brutalidad por un piquete de soldados bajo las órdenes de Moren Brito. La pregunta obsesiva apuntaba a que revelara el lugar donde estaban ocultas las armas para enfrentar a los militares. No las había, salvo piedras, barricadas con mobiliario escolar, linchacos, bombas caseras. La negativa del futuro ingeniero desató la furia del oficial y, arrebatándole el fusil a un conscripto, lo descargó sobre el pecho de Gregorio que momentos antes, tras ser golpeado y humillado, en un instante de tregua de su martirio, pidió papel y lápiz para escribirle una nota de despedida a su madre. La respuesta fue la descarga homicida.

Allí se pierde el rastro de sus restos. La tesis inicial señala que su cuerpo fue arrojado al horno de la Escuela de Metalurgia, pero hará dos años fueron hallados sus huesos en el patio 29 e identificados como parte del esqueleto que lo acompañó en su breve vida.

Gregorio fue mi compañero de banco en la escuela básica, de nombre Patria, en la comuna de San Miguel. Y lo volvió a ser en la enseñanza media en el Liceo de Hombres número 6, Andrés Bello, de la misma comuna. Por esos años se nos enseñaba que debíamos ser hombres y mujeres útiles a la patria. Nos separamos en cuarto medio, él al matemático; yo, al humanista. Nos encontramos en muchas concentraciones durante el gobierno allendista y lo recordé todos los años de su ausencia hasta que el peso de su memoria se me impuso y escribí una novela sobre su caso con carácter de biografía, o una biografía con el tono, el estilo y el lenguaje de una novela. No lo sé. Se llama Memorias de la República y la publicó en 2011 la Universidad de Santiago. Cuando la terminaba y aparecía en sus páginas finales la tesis de su cuerpo calcinado en el horno de la Escuela de Metalurgia, la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos logró, tras años de búsqueda, ubicar sus huesos en una tumba anónima del Patio 29 y yo incluí ese dato riguroso e implacable en el relato.

Tras 40 años de ocurridos los hechos, lo imagino aún recibiendo un poco tarde su título de ingeniero, dispuesto a preguntarle, ¿qué hiciste todo este tiempo?, ¿dónde estabas, ¿por qué te escondiste? Vienes ahora a aparecer, de repente, cuando te lloramos y añoramos, ahora que todos somos mayores y en algunos años más jubilaremos de las profesiones que estudiamos. Apareció Gregorio, el fantasma rezagado, al fin pudieron rearmarse sus restos óseos y construir algo parecido a lo que fue para que esté allí, el viernes 6 de septiembre, junto a sus 41 compañeros muertos, lleno de ansiedad junto a sus familiares, listo para recibir su cartón y comenzar al fin su vida profesional.

 

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