Revista Intemperie

¿Es “neoliberal” y elitista el nuevo cine chileno?

Por: Intemperie
se arrienda

El profesor de la casa de Bello instala a propósito de su libro un debate sobre el nuevo cine chileno y sus pequeños relatos de la cotidianidad

 

La polémica la desató Carlos Saavedra, profesor de la Universidad de Chile y autor del libro Intimidades desencantadas. La poética cinematográfica del dos mil, en el que sostiene que el llamado novísimo cine chileno está desprovisto de sentido histórico y discurso político, y se centra en cambio exclusivamente en historias individuales y subjetivas, carentes de contexto.

Las películas analizadas para levantar esta arriesgada hipótesis son Se Arrienda, de Alberto Fuguet, Navidad, de Sebastián Lelio, El cielo, la tierra, la lluvia, de José Luis Torres, Play, de Alicia Scherson, La buena vida, de Andrés Wood y En la cama y La vida de los peces, de Matías Bize.

Se trata de un conjunto variado, pero es importante destacar que en los últimos años se han producido cientos de películas nacionales que Saavedra no considera en su análisis. ¿Qué pasa con Violeta, Joven y alocada, Bonsai, Perro muerto, El año del tigre o El circuito Román, por citar sólo algunos pocos ejemplos? ¿Se sostendría esta tesis en términos generales, o se vería contradicha o al menos obligada a ser fuertemente matizada?

Según Saavedra, el discurso cinematográfico del cine chileno, especialmente el financiado por fondos públicos, se ha orientado casi exclusivamente a la historia íntima y privada, lo que supuestamente daría cuenta de una suerte de individualización del imaginario nacional, en desmedro de problemáticas o contiendas insertas en un contexto social, colectivo o quizás político. Saavedra es explícito en señalar que se trata de un cine consistente con la ortodoxia “neoliberal” de Milton Friedman.

¿Tiene razón Saavedra?

Conviene preguntarse si esta tesis es sostenible, no sólo a la luz de un conjunto más amplio de la filmografía nacional reciente, sino también de la pregunta por la conveniencia de un cine nacional explícitamente abocado a las problemáticas sociales contingentes.

¿No sería riesgoso también un cine que se dedicara a explotar –a través de la ficción–, los distintos conflictos históricos, sociales y políticos que ocupan los titulares del debate público? Al fin y al cabo, el valor del arte y la ficción es descubrir precisamente puntos de vista nuevos para observar las temáticas públicas que remecen al país. Quizás estas historias mínimas, tangenciales e individuales son una forma válida de mostrar conflictos sociales e históricos más amplios desde un punto de vista nuevo, que no se conoce ni considera. No todas las películas, ni menos las que reciben fondos públicos, tienen que estar necesariamente inscritas en una problemáticas social determinada. Esto podría dar lugar también a un problema inverso; que sólo se promueven o financian películas que se hagan cargo de algún punto de una determinada agenda social o política.

De cualquier manera, el debate está planteado, en al menos dos aspectos: ¿Tienen las películas del novísimo cine chileno un sesgo intimista y desconectado de un contexto histórico?

Y, por otro lado, si es que esto fuera así ¿Resulta negativo y preocupante, o por el contrario, ofrece una nueva vía para acceder a la realidad desde un punto de vista nuevo y no usualmente considerado en los medios masivos?

 

Foto: albertofuguet.cl

 

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5 Comentarios

  1. Auska dice:

    Desde un punto de vista me parece innegable que ese tipo de nuevo cine chileno (sin generalizar) sí es neoliberal y elitista. Hablamos de personajes descontextualizados políticamente, pero no socialmente: Son jóvenes acomodados, que si sufren de algún tipo de pobreza es aquella de tener que arrendar un departamento a mal traer y no la del hambre. Es evidente que sólo bajo ciertas condiciones de riqueza se pueden dar los conflictos tan emocionales y tan psicológicamente elevados de esos personajes. Al mismo tiempo, creo que también -desde la interpretación de Saavedra- esos jóvenes neoliberales podrían estar viviendo cierta angustia existencial, provocada por el sistema económico, en sus historias.

    Puede ser criticable, pero eso no significa que no tenga que existir ese tipo de cine. Es un reflejo de nosotros, de alguna característica de una generación, de una parte de nuestra sociedad. Sí es esperable que dentro de la producción artística -y sobre todo de los fondos públicos que se le entregan- haya preocupación también por el arte con contexto político, que refleja a los que tienen menos y que, a su modo, levanta la voz contra la injusticia.

    Es interesante, en este sentido, el trabajo de Moisés Sepúlveda en Las Analfabetas. Refrescante, al menos, dados los temas a los que se ha dedicado el cine chileno masivo en los últims años.

  2. Diego Escobedo dice:

    Creo que nos estamos olvidando de… no sé… “No”, la primera cinta chilena nominada al oscar.
    Lo mismo que Machuca, Tony Manero, Post Mortem… películas que han recibido importantes fondos públicos y de diversas fuentes, y que tienen un profundo contexto histórico y social.
    Incluso la película más taquillera de la historia chilena, Stefan vs Kramer, bebe de una buena sátira de la contingencia nacional. Ni hablar de la próxima “El Derechazo”.
    Saaludos

  3. juanCarlos dice:

    A mi me parece que si, si es neoliberal y si es elitista.

    Personalemente me molesta la “Europeización” que ha tenido el cine chileno para mantener un cierto nivel de calidad. Se percibe una estética media de película francesa, de “Antes del Amanecer” en casi todo lo que se hace, y eso choca un poco. Incluso cuando la alternativa es incluso peor. Por que está la otra vereda: el Barrio Universitario, el Limpiapiscinas, las películas de Kramer. no vamos a hablar de si son buenas o malas, por que por sobre eso, son necesarias, pero no puede ser una de las dos posibilidades.

    Actualmente una película chilena puede caer en dos categorías: o es engrupida o es burda. No hay terminos medios. Y eso aburre.

    Saludos.

  4. javier dice:

    Yo no hecho de menos un cine comprometido. La unión soviética se terminó hace tiempo. Pero sí es verdad que en las películas chilenas los personajes tienden a “flotar” por sobre las preocupaciones más urgentes de casi cualquier individuo de este país, hasta volverlos seres vacíados e inverosímiles. Crisis sexuales algo melifluas, rebeliones personales de cartón, problemas de erección o humedad, etc.

    O quizás el problema no es tanto la intimidad: el problema es que esas crisis nunca realmente tocan fondo, o no llegan hacia algo más. Se quedan en el gesto.

  5. Pablo dice:

    Chile es elitista y neoliberal. Qué cosa en este país no es así? y muchas de las películas que se plantean como excepción tienen una persecución taquillera (que más neoliberal)o quien las narra es un “cuiquito”.

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