Revista Intemperie

Kilómetro 69

Por: Nydia Pando
araki

Nydia Pando celebrando el sexo y el placer de un encuentro.

 

Mis muslos, carretera que lleva tus yemas hasta mi torso, recorrido que me deja primitiva y temerosa con la humedad del testigo.

Es un lujo que nos damos al dejarnos de mamadas, aunque no de todas, y asistiendo a la celebración de mi sexo como musa en el espacio se te ciegan las estrellas; te apoderas del ritmo de la marea pero me sigues viendo luna y por eso encajas tus uñas sobre mi columna para controlar tu ansiedad.

Permitimos que mi cuerpo sea el templo de placeres individuales; egoístas y encerrados donde logramos encontrarnos un intermedio, un lugar capaz de guardar el jardín donde crecen suculentos los olivos.

Con las piernas abiertas, mis pechos que giran como entes individuales entre tus mejillas hasta que te sueltas y juegas a atrapar mis pezones entre tus dientes; no te atreves a soltar uno sin antes alcanzar el otro, que no se te escapen, te dices y yo escucho tus murmullos que me ponen a arrancarme la piel y comerme por dentro; piel que se machuca y machaca y labios te muerdo, extiendo las piernas y muerdes los míos; te encajo las uñas y me encajas tu reino.

Se va tan adentro que casi la escucho, que casi la veo y la siento en la garganta atragantada y recuperando el aire como me es posible mientras me sujetas el cuello con una mano y jalas mi cabello con la otra; yo me río desquiciada pensando en todas las entradas que hasta ti no había visto más que como meras salidas. Te pido “No te salgas, no todavía. Quédate adentro.”

Se me va la mano entre las piernas y siento en el vello de mi pubis un raspar que me hierve; bajo la mirada y la veo ahí ya dentro: me desangro los labios para no tornarme maníaca, se quedan rojos y empieza a enchinarse esta piel porque soy otra por dentro, porque tú estás tan dentro; me escandalizo por dónde, por dentro para poder calibrar, me vibran los párpados y te quiero golpear, quiero hacer todo pero estoy que no entiendo respiro para no ponerme a gritar golpeo el colchón arranco las sábanas arrojo las almohadas y que me escuchen allá atrás pero no aguanto carcajadas se enchina mi cuerpo la risa y con la última ola llena de espuma tus yemas dan vueltas en círculos diminutos que parecen eternos no detienes tu pelvis detrás de la carretera el barranco agitas tu mano escucho tu aliento retengo un respiro nos siento acabar.

 

Foto: Erotos, 1993/2006, Nobuyoshi Araki.

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