Revista Intemperie

Cruces fantasmales, desde Chile: una entrevista a Valeria Luiselli

Por: Juan Carlos Echazarreta
valeria luiselli

Juan Echazarreta conversa en vivo y en directo con la aclamada autora mexicana, sobre Chile, las generaciones literarias, su proceso de escritura y los momentos rulfianos de su vida

 

Valeria Luiselli tiene apenas 30 años y ya ha vivido en más de 8 países, tiene una hija, 2 hijastros, una carrera fallida como bailarina de ballet y 2 libros publicados (Papeles falsos y Los ingrávidos) que han sido indiscutiblemente aclamados por la crítica y los lectores de todo el mundo, ha colaborado con el New York Times y ha escrito libretos para el New York City Ballet, su obra Los ingrávidos ha sido recientemente adaptada al teatro y está muy cerca de finalizar su doctorado en Columbia University. La semana pasada fue invitada, ni más ni menos, que por nuestra Biblioteca Nacional con ocasión de su Bicentenario. Valeria tiene 170 años menos que nuestra Biblioteca y sin embargo parece habérselo leído todo. Si esto pudiese leerse como un prontuario policial, no cabe duda que sería la mujer más buscada de Sudamérica. A pesar de esto, Valeria todavía es accesible a lectores comunes y corrientes como yo. Le propuse una entrevista en mi lugar de trabajo y ella, con una humildad espartana, me ha concedido este privilegio. Viene entrando a mi oficina. Tiene los ojos grandes y unas ojeras hondas. Pide un café y le pongo rec a la grabadora.

¿Cuál es tu relación con Chile?

Es una relación larga, emotiva y profunda, que se ha ido alimentando además con los años. A Chile me ligan muchas amistades, amistades que nacieron en la época de mi infancia, en los años que había muchas familias exiliadas, luego, cuando estas familias volvieron, yo vine a visitarlos aquí. De hecho, éste fue el primer país al que viajé. También el primer país en donde presenté un libro.

Cuéntanos algo de eso.

Era un viaje de familia. Venía acompañando a mi marido, que también es escritor, por un asunto de trabajo.En Chile había una oficina de Sexto Piso y decidimos que tenía sentido hacer una presentación acá. Fue una coincidencia. El problema fue que el libro todavía no acababa de imprimirse, incluso lo apuramos para que pudiese presentarse aquí. Y el libro no llegaba. Imagínate, iba a presentar mi libro sin ni un solo libro. Pero bueno, al final llegó, creo que una hora antes. Y todo salió bien.

Sabemos que te fuiste de México muy chica. ¿Te sientes una escritora mexicana?

Es complejo el tema de las identidades. Las identidades, creo yo, no son sólo múltiples sino además cambiantes: sostengo que a lo largo de una vida se pude mudar varias veces de identidad. Por supuesto que yo, en cierto momento, decidí concebirme a mí misma como una escritora mexicana, a pesar de que he pasado casi toda mi vida fuera de México.Yo ya llevo algún tiempo en Estados Unidos y mi hija se considera a ella misma de Harlem, y por más que yo le digo: «tú eres mexicana» ella me dice: «no, mama, i’m from Harlem».Eso me pone en una situación compleja. Pero sí, creo que soy una escritora mexicana, una escritora mexicana que a veces escribe en inglés, una escritora mexicana con algo de sudafricana. En fin.

¿Cuál es el territorio que marca a tu generación?

Yo me siento estrechamente vinculada con una serie de escritores más o menos de mi edad. En este sentido, sí, pueden ser que vayamos conformando una generación. Pero ya lo he dicho, las generaciones son un invento de los editores y los agentes, los cuales incorporan estas categorías, bastante etéreas, por lo demás, para ejecutar la mercadotecnia implícita en la necesidad de vender libros. Muchas instancias tratan de hacer listas polémicas y, eventualmente, canónicas. Las listas canónicas las ha hecho tradicionalmente Granta, y además de ser bastantes ridículas y arbitrarias, no reflejan para nada la realidad literaria de todo un continente. Es cierto, las listas ayudan a que ciertos escritores puedan ser leídos, pero se quedan cortas, muy cortas, los criterios de selección no suelen ser, por así decirlo, muy criteriosos.

Además son listas que terminan excluyendo a muchos escritores, ¿o no?

Naturalmente, pero aunque indirectamente pretendan ser excluyentes, tampoco creo que logren ser tan influyentes. Es algo un poco absurdo, nada más. Volviendo a tu pregunta inicial, más que hablar de «generación», creo que sería más preciso sostener que hay ciertas afinidades. Yo leo manuscritos de los escritores de mi edad, tenemos un intercambio real, concreto, nos influenciamos, estamos pendientes, tenemos un dialogo constante acerca de nuestro trabajo, de lo que pensamos hacer con nuestro trabajo, y en ese sentido sí compartimos un mundo.

Eres madre, eres escritora y además estás haciendo un doctorado en Columbia ¿En qué momento escribes? ¿Ese modo fragmentario de escribir tiene algo que ver con la velocidad y las exigencias de la vida actual?

Bueno, la verdad es que tengo una vida muy ajetreada, pero no sé si se refleje necesariamente en el formato de mi escritura, creo que Los ingrávidos sí es un libro donde se refleja la manera en que yo usaba el tiempo cuando era madre y tenía momentos muy cortos para escribir, y entonces escribía como a ráfagas, escribía en notas, en tarjetas… también escribía fragmentos cortos que luego imprimía y desplegaba horizontalmente en el piso. Una de las ideas del libro sobre el libro mismo es que se quiere escribir una novela vertical escrita horizontalmente, y Word es un sistema vertical en el cual no siempre se logra ver bien la estructura de un libro, entonces yo desparramaba mis ideas en el piso y desde allí les iba buscando cierto orden.

¿Puede tu narrativa decirnos algo sobre la tradición literaria mexicana? ¿Cómo y desde dónde traza diálogos, filiaciones, recuperaciones o rupturas con esa tradición?

Papeles falsos se circunscribe a la importante tradición ensayística que hay en México, un país donde el ensayo literario arraigó como en ningún otro país de Latinoamérica. Me refiero al tipo de ensayo que viene de Montaigne, Rousseau, y que luego pasó por la tradición ensayística de los ingleses, pienso en Chesterton, Lamb, Stevenson. Por alguna razón este linaje ensayístico se enraizó en México y propició el brote de otros grandes ensayistas, como Alfonso Reyes, Salvador Novo, Julio Torri, quienes continuaron afianzando está enorme tradición. Y bueno,mi libro de ensayos (Papeles falsos) creo que conversa con esa tradición. Los ingrávidos, al contrario, traza un dialogo con la literatura anglosajona, aunque es un libro que jamás hubiese podido ser escrito si no existiese Pedro Páramo.

Precisamente en “Los ingrávidos” señalas una cita de Saul Bellow: “La diferencia entre estar vivo y estar muerto radica solo en el punto de vista: los vivos miran desde el centro hacia afuera, y los muertos desde la periferia hacia algún tipo de centro.” En este sentido, ¿cómo miras tú?

Creo que no te podría responder de una manera genérica, porque cada libro exige su manera de mirar, y escribir un libro te obliga a darte cuenta cómo estás mirando, y sobre todo a encontrar un punto de vista, creo que una vez que encuentras ese punto de vista puedes contar lo que sea. Yo no miro de una manera particular y fija, pero creo que Los ingrávidos es un libro que se construye muy desde adentro hacia afuera, digamos, como querían los arquitectos funcionalistas, si se quiere, un libro que se cuenta desde el interior inmóvil de una casa, o de un árbol, es decir desde ejes muy sólidos e inmóviles, a partir de los cuales la mirada se va moviendo hacia afuera, y aunque ésta se desplaza en el tiempo y en el espacio, siempre hay un lugar fijo del cual la narradora nunca sale.

¿Le tienes miedo a la muerte?

Mi relación con la muerte ha cambiado mucho desde que soy madre. Te diría que mi relación con la muerte era mucha más frívola antes. Durante cierto período de mi vida, cuando empecé a escribir Los ingrávidos, que fue antes de estar embarazada, tenía constantemente la sensación de que me iba a morir. Tenía visiones muy concretas de mi muerte. Fue un período en que la muerte estaba muy presente. Y no me asustaba necesariamente.

También tuviste un accidente, ¿no?

Sí, fue un accidente en automóvil en el que casi me muero, y no pasó nada por un milagro. Sucedió en una carretera de México, el coche cayó por una barranca y luego nos estrellamos. Mientras intentábamos salir a gatas aparecieron dos campesinos y lo primero que les escuché decir fue: «Uy, ya se murieron». Tuve un momento muy rulfiano. Ahora soy más miedosa, ahora sí le temo a la muerte.

¿A quiénes puedes mencionar como tus principales influencias literarias?

Debo confesar que he sido bien polígama en mis influencias, poligamia que ejercito con un alto sentido de la lealtad, eso sí. A veces siento cierta nostalgia por esas lecturas monogámicas de mi adolescencia, lecturas inocentes, desinteresadas…Como escritor las influencias cambian según el libro que estas escribiendo,uno se vuelve un lector un poco parasitario a medida que escribe más y más.No creo que sea necesariamente mejor la manera de leer cuando uno se profesionaliza como escritor, porque, todo lo que uno lee, lo lee pensado en cómo te sirve para lo que estas escribiendo.

¿A quiénes les ha sido más leal?

A Joseph Brodsky, por ejemplo, él fue muy importante para que pudiera escribir Papeles falsos. Incluso visité su tumba en Venecia.

¿Cómo una viuda?

No necesariamente.  —ríe—.

¿Donoso o Bolaño?

Bolaño. Aunque no es una contienda justa, porque he leído mucho menos a Donoso.

En un pasaje de “Los ingrávidos” la narradora dice: “Leí el artículo de White a la mañana siguiente, en el departamento vacío Owen se convertiría, sin duda, en un nuevo Bolaño. O, mejor, en un nuevo y perdurable Neruda. ¿Qué es lo que hace perdurable a un autor?

Yo creo que Bolaño será perdurable, no lo podemos saber todavía… Creo que las cosas que hacen perdurables a los escritores no son necesariamente las correctas, la manera que se forma el canon depende de muchos factores extraliterarios, y primero, por supuesto, está el mercado y toda esa barbarie de dinero que las editoriales gastan en la mercadotecnia. Al otro lado, muy al otro lado, diría, está la crítica que se da en el ambiente académico, ahí se realiza una verdadera labor para hacer perdurable o desintegrar la importancia de autores. No creo que sea algo intrínseco lo que haga a un autor perdurable. En efecto, hay muchos autores malos que son perdurables, como Pablo Coelho.

Estudias un Doctorado en Literatura en Columbia University. Desde allí, desde el saber académico, ¿Cómo piensas tu narrativa? ¿Es el saber y el discurso académico sobre la literatura una fuente determinante para tus ficciones?

Mis lecturas académicas todas informan mi escritura. Ahora mismo estoy escribiendo mi tesis doctoral, que examina un fenómeno que se dio en los años 20 y 30 en la Cuidad de México, cuando por primera vez se tradujo en revistas mexicanas la poesía y la narrativa anglosajona, a partir de allí, busco analizar el impacto que causaron esas traducciones en el ámbito cultural, y como éstas se relacionan a su vez con los cambios arquitectónicos y urbanos de la Cuidad de México, donde se deja atrás el estilo neocolonial francés y se incorpora el funcionalismo y la arquitectura modernista. Como te darás cuenta, eso no tiene mucho que ver con mi trabajo de ficción. Para mí el espacio ha sido siempre una especie de obsesión, tratar el espacio desde distintos ángulos, construirlo, teorizarlo, y eso tal vez sea el puente que comunica mi trabajo como académica, pero no tengo teorías académicas sobre mi trabajo como novelista; no escribo ficción a partir de ninguna clase de teoría general.

Sabemos que el Chile se lee poco, lo mismo ocurre en Sudamérica en general ¿Cómo crees que podríamos dar vuelta esta situación, cómo acercar a las nuevas generaciones a la lectura?

Yo lo veo muy claro con mi hija a la que le leo todos los días desde que nació, y ella no se duerme sin que yo le lea un cuento, en las mañanas yo me despierto y ella está mirando sus libros. Yo no entiendo por qué hay gente que no deja que sus hijos lean las cosas que les interesan, la única manera que uno se anime a leer es leyendo cosas que te interesen, y estas no necesariamente tienen que ser intelectuales.Yo fui una lectora voraz de Stephen King, y era realmente un horror. Pero esa fue la puerta de entrada a otras más. Si no te dejan abrir esa primera puerta es probable que te quedes fuera de la casa, desnutrido, a la intemperie. Mi hijastro, sin ir más lejos, es un tremendo lector, y lee básicamente a Garfield.

En tu primer libro, “Papeles falsos” miras desde el cielo, desde los aviones, en “los ingrávidos”, en cambio, miras desde los subterráneos. ¿Desde dónde mira Valeria Luiselli su próxima novela?

Pues yo te diría que Papeles falsos mira mucho también desde la bicicleta, pero si tienes razón que es un libro que observa harto desde las alturas, hay una bird’s-eye view, como dicen en EU… no sé, es una buena pregunta… supongo que no lo sabré hasta que lo termine. Por ahora, no sé si sea espacialmente identificable.

¿Nos podrías contar algo acerca de ese nuevo proyecto?

Se trata de un tipo que colecciona dientes de escritores, un chanta, un charlatán que organiza subastas para vender los dientes de Montaige, de Rosseau, entro otros, es una nouvelle que pretende contar la historia del ensayo literario a través de los dientes de una serie de escritores cuyos piezas van siendo subastadas. También estoy escribiendo una novela que tiene que ver con mi pasado sudafricano.

Por último, ¿el metro o lo aviones?

Ninguno. Desde hace algunos años tengo ataques de pánico en ambos.

¿Y cómo lo haces?

Me tomo un par de copas de vino y respiro hondo.

Off.

*

Gracias, Valeria, eres muy generosa y amable. Buen viaje, y buenos vinos. Hasta la próxima novela.

 

Foto: Dan Callister, kunstmann.de

 

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