Revista Intemperie

Homosexualidad de las figuras públicas: ¿apertura mental u homofobia encubierta?

Por: Pablo Torche
jaime guzman

A propósito de los casos de Gabriela Mistral y Jaime Guzmán, Pablo Torche critica la obsesión por indagar en la sexualidad de los famosos, y señala el riesgo de farandulización, discriminación e incluso homofobia

 

Hace unos años salieron a la luz un conjunto enorme de manuscritos inéditos de Gabriela Mistral, primera Nobel chilena y latinoamericana e insigne pensadora social y educacional de talla mundial. En cualquier país desarrollado (de la OCDE, como nos gusta decir ahora), este hallazgo habría constituido un acontecimiento cultural: las ediciones recopilatorias habrán sido éxito de ventas, se habrían publicado ediciones facsimilares, y probablemente hasta la televisión habría transmitido programas dedicados al tema (no sé si en horario prime, pero al menos no a las 8 de la mañana).

En Chile en cambio, el asunto ocupó los titulares casi exclusivamente por la confirmación de que Mistral tenía una relación sentimental con otra mujer, Doris Dana. Hasta se hizo un documental, que tuvo una cobertura de prensa realmente inédita, cuyo foco era la homosexualidad de nuestra principal figura poética femenina. Los titulares de la prensa eran (estoy citando textual) “Cristiana y lesbiana” o “Una lesbiana subterránea” o, en el mejor de los casos “Una historia de amor”, y todos los periodistas, espectadores y comentaristas –estoy seguro–, se sentían muy progresistas al hablar del tema, una contribución a la apertura mental de la patria. De la obra de Mistral, los nuevos poemas, las cartas y las reflexiones, no se habló prácticamente nada a nivel masivo, sólo el esfuerzo, como siempre silencioso, de las editoriales independientes y universitarias.

Con todo respeto, ¡qué tontería! En primer lugar, ni siquiera era novedad, todo el mundo sabía que la Mistral había compartido los últimos años de su vida con Doris Dana, ¿por qué otra razón la habría dejado a ella de albacea de sus papeles? Pero, más importante ¿qué importancia puede tener? Es cierto que la vida íntima de los autores puede suscitar cierto interés y alguna interpretación, pero ésta es siempre una importancia subordinada a la obra literaria. En este caso la fuente, el fundamento –la poesía y el pensamiento de Gabriela Mistral–, se olvidó completamente por parte de los medios masivos; lo único que quedó para el debate público fue el aspecto más sensacionalista o farandulero, falsamente disfrazado de progresismo (una operación típica de Chile).

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En los últimos años, la sociedad chilena ha avanzado con esfuerzo hacia una mayor  tolerancia, reconocimiento y respeto de la diversidad sexual. El trabajo realizado por organizaciones como el MOVILH, o la Fundación Iguales, han ayudado a poner en evidencia la discriminación rampante que existe en muchos ámbitos, y el poder político ha ido accediendo gradualmente a realizar pálidas reformas legales. Pero todo esto es todavía insuficiente y tragedias como el asesinato de Daniel Zamudio (y muchos otros que no llegan a la luz pública), nos recuerdan que todavía estamos muy lejos de lo que aspiramos como sociedad. Más aún, restos de homofobia persisten por todas partes, e incluso parlamentarios y dignidades eclesiásticas se dan el gusto de emitir de tanto en tanto opiniones claramente homofóbicas con total impunidad.

El objetivo, por tanto, de construir efectivamente una sociedad más abierta, más tolerante y más respetuosa de la dignidad de todos, independiente de su identidad, orientación o preferencia sexuales (menciono las tres por separado), todavía se encuentra muy lejos de ser logrado, un desafío pendiente que tenemos como país.

¿Contribuye en algo a lograrlo la indagación un poco histérica y morbosa de la sexualidad –y particularmente de la homosexualidad–, de las figuras públicas? ¿Tiene algún efecto “progresista” o constructivo para la sociedad más abierta que se busca?

En el día de hoy, por ejemplo, ¿cuál puede ser la importancia de determinar si Jaime Guzmán tenía una tendencia homosexual o no la tenía? Por supuesto siempre llaman la atención los entretelones “sabrosos” de una figura pública, sobre todo si es alguien de tendencia conservadora (en figuras más “progresistas”, pierde un poco de gracia), pero más allá de eso ¿tiene una relevancia real?

Al final, es obvio que en todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo el mundo de derecha, el mundo ultra-conservador, el mundo militar, etc. etc. hay personas heterosexuales, homosexuales, bisexuales. Para los que no se hayan dado cuenta, la diversidad sexual no es algo que esté restringido al mundo de lo cultura o las artes, existe en todas partes.

A mí en lo personal todas estas supuestas “denuncias” me resultan un poco provincianas y sospechosamente conservadoras en su génesis, y me parece además que no contribuyen en nada a generar la sociedad más tolerante y plural que decimos buscar. Más aún, creo que lo que se presenta como una noticia o golpe periodístico, no es más que morbo y sensacionalismo disfrazado de progresismo, en general con objetivos puramente comerciales, o bien de revancha política.

La indagación vía titulares de prensa, de la sexualidad (o sexualidades) diferentes de los “famosos” o los “poderosos”, no constituye en realidad un aporte a la diversidad y la tolerancia del discurso público, sino que más bien parecen un aporte a la discriminación. Pueden guardar la apariencia de una noticia “política” o “cultural”, pero se nota demasiado el interés de “echar al agua” a personas que piensan distinto de mí, y tienen un inocultable hálito a revancha, a “caza de brujas”, que incluso reviste un carácter un poco homofóbico.

Saber si un determinado personaje tuvo sólo parejas del sexo opuesto, o del mismo sexo o de ambos sexos –o no tuvo parejas en absoluto–, tiene en realidad poca relevancia periodística, más allá de la prensa de farándula, a mi parecer. Con la obsesión por la homosexualidad de las figuras públicas (en especial las que por alguna razón deciden no hacerlo público), lo que se hace en la práctica es replicar la misma discriminación que se critica, aunque de alguna forma a la inversa.

Al final, el objetivo que deberíamos lograr como sociedad, es que cada quien tenga derecho a vivir su sexualidad como le plazca, sin ser acusado, discriminado, o “trolleado” por eso. Esa es precisamente la característica de una sociedad que se llama a sí misma tolerante, o “progresista”. Si alguien ha decidido vivir su sexualidad de forma privada e íntima, cualesquiera que esta sea, el principal deber de una sociedad abierta y madura es respetar esta opción, incluso valorarla.

La idea de abrir la sociedad a las diversas opciones sexuales es justamente la de profundizar la tolerancia, no la de reemplazar una intolerancia por otra. Aún cuando pueda parecer un aporte a la discusión y reflexión pública, la búsqueda de patrones de diversidad sexual en figuras públicas me parece en lo personal que sólo empobrece el debate, lo “faranduliza”, y termina por hacerse parte de la misma discriminación y represión que se critica.

 

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Un comentario

  1. Beatriz Sotomayor dice:

    Muy bueno el post, me interpreta cabalmente.

    ¡Pero es que a quién le puede importar!

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