Revista Intemperie

La construcción de Oriente según los ojos de Occidente.

Por: Daniela Buksdorf
la separacion

Daniela Burksdorf compara la película La separación con Argo y critica la imagen discriminatoria y chata que se presenta de oriente

 

La excelente película iraní La separación, de Asghar Farhadi, ganadora de varios premios como el Globo de Oro y el Oscar a mejor película extranjera en 2012, plantea varias interrogantes. La primera, es por qué esta tremenda película sólo se exhibe en un cine (El biógrafo), y todas las grandes cadenas se enloquecen con la guerra de los zombis y no se preocupan de exhibir “otro tipo de películas”.

Pero, ¿a qué nos referimos con “otro tipo de películas”? Asumo que significa “no Hollywood” lo que hoy es igual a cine independiente (personalmente veo los Oscar como la gran fiesta hollywoodense, hecha por ellos, y para ellos, cero mérito).

La otra interrogante que surge es la diferencia que hay en el Irán que muestra este película –que es iraní- en comparación al Irán que muestran otras películas, e incluso, el que vemos en las noticias.

En La separación, se muestra un Irán actual, con una familia en la que la mujer viste jeans y anteojos de sol Ray-Ban, que maneja un Peugeot, habla por celular y en su casa hay tecnología, muchos libros y CD’s, que lleva un pañuelo en lugar de velo que sólo le tapa el pelo y que viste con mucho estilo.

Se muestra también a otra mujer, religiosa y creyente, con un velo grande que le tapa bastante, con una ropa más recatada, polleras largas y vestidos de colores sobrios, que aparece rezando varias veces. Esta película muestra “variedad”, distintos tipos de personas, lo que contrasta violentamente con otras películas ambientadas en Irán, producidas por… Estados Unidos.

Es el caso de Argo (Oscar a mejor película en los Oscar 2013), dirigida y protagonizada por Ben Afleck, actor estadounidense (todo un Mr. Right de la cultura gringa). En Argo se muestra un Irán convulsionado en el que todos los iraníes se ven igual: sucios, exaltados, gritones, las mujeres todas tapadas por grandes velos; y esta imagen se repite en la mayoría de las escenas en que aparecen estadounidenses e iraníes en un mismo lugar; en el mercado de Teherán y en el aeropuerto, como queriendo mostrar a “los buenos y los malos”, y como la película es gringa, sabemos quiénes son los buenos.

Esta diferencia me llama profundamente la atención; por un lado, una película iraní ambientada en Irán que muestra diversidad en sus personajes, en contraste con una película estadounidense que juega a los buenos y los malos, representando el Irán que ellos quieren que nosotros veamos. Acerca de la representación del otro, un intelectual palestino, Edward Said, escribió el libro Orientalismo, en el que detalla cómo la cultura occidental ha inventado una representación de Oriente según lo que Occidente quiere mostrar.

En este libro, Said cuenta que una vez recibió en su casa la visita de una profesora francesa, quien lo visita sólo por la curiosidad de saber cómo vive, y que se desencantó al encontrar un piano en la sala de estar del palestino. Para Occidente (y con esto me refiero sobre todo a Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania y algunos otros) Oriente es el otro, otro que debe ser representado como un subalterno de esta hegemonía que intenta dominarnos intelectualmente, manejando la información a la que accedemos y la entretención que consumimos.

En su libro, Said postula que: “La práctica universal de establecer en la mente un espacio familiar que es ‘nuestro’ y un espacio no familiar que es el ‘suyo’, es una manera de hacer distinciones geográficas que pueden ser totalmente arbitrarias”, y nosotros, a veces sin darnos cuenta, caemos en este juego liderado por Occidente.

La representación que tenemos de Oriente, particularmente de Irán es arbitraria, imaginamos mujeres sumisas y miedosas escondidas tras sus velos, un ambiente hostil en el que sólo faltan los camellos y beduinos, una representación errónea, sesgada por la maquinaria cinematográfica y los discursos de política exterior de Estados Unidos.

Es tan importante la industria cinematográfica estadounidense, mueve tantos millones que es imposible no vernos inmersos en esta fábrica de propagandas que nos muestran distintas representaciones desde su propia perspectiva, siendo una especie de brazo armado que apoya las políticas internacionales que en su mayoría consisten en vetos y ultimátum a los países de Oriente, qué mejor entonces que demostrar a través del cine esta “guerra” en la que Estados Unidos representa a los buenos, los salvadores del mundo y a Oriente como una amenaza.

Efectivamente, desde 2001 existe una tensión visible entre Occidente y Oriente, y pareciera que el cine sirve para reforzar la idea de un Estados Unidos correcto, víctima de Oriente y salvador del mundo, el estandarte del deber ser y del heroísmo.

El discurso hegemónico, representado hoy por este Occidente sesgado, liderado por Estados Unidos está presente de una manera excesiva, pero que ha sido insertada de tal manera que parece casi natural, y así, sin darnos cuenta, nos sorprendemos que en Irán puedan existir mujeres independientes, que hablan por celular, usan jeans y anteojos Ray-Ban y manejan un Peugeot, cuando eso, debiésemos saberlo desde siempre.

Un comentario

  1. Juan dice:

    totalmente de acuerdo. me gustó la película. ese realismo desidiologizado se agradece. da ganas de ver mil películas así. ese final “anti hollywood” te deja pasamado, te deja pensado hasta que llegas a tu casa. tremenda película, sin duda.

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