Revista Intemperie

Recomendaciones de libros que no sabemos si los padres comprarán a sus hijos

Por: María José Ferrada
el pato y la muerte

María José Ferrada se adentra en el bosque de la industria editorial infantil y ofrece una lista de libros que lejos del miedo de padres y editores, nos dicen que la vida también es un bosque, uno donde existe la vida y la muerte

 

Los cuentos tradicionales, esos que los hombres y mujeres han contado a los más pequeños de la tribu, una y otra vez, tenían una función que tal vez fue la que a través de los siglos los hizo sobrevivir: explicarnos que la vida es un bosque y que los bosques no son siempre lugares luminosos y apacibles. Caperucita roja, un relato de la tradición oral europea, nos lo explicó muy bien, sobre todo en las primeras versiones conocidas, donde no había un cazador que al final del cuento la rescatara del lobo.

Recuerdo que un editor español me contó la historia de una niña en una biblioteca que devolvió un libro diciéndole a la bibliotecaria: “me gustó mucho pero no me lo llevaré a mi casa porque le puede dar miedo a mi abuelita”.

Solo a partir de esta anécdota se podrían escribir páginas y páginas sobre eso de que los niños no son tontos y sobre nuestra tendencia a dulcificar los libros infantiles. Nuestro tiempo parece ser el de los libros correctos. ¿El bosque es peligroso? ¿Puede asustar? ¿Es oscuro? Le sacamos el bosque. Fin.

Pero no todo es oscuridad, tampoco en el bosque de la industria editorial infantil y hay libros relativamente contemporáneos que siguen conservando, sin responder a la estructura del cuento tradicional, esa capacidad de mostrarnos con todos los matices de qué se trata esto de transitar por la vida.

He regalado alguna vez a mis amigos con hijos la mayoría de los títulos que reseño a continuación. Casi todos me dijeron que eran libros que les mostrarían, pero cuando fueran más grandes. Quise pedir mi regalo de vuelta, pero recordé a la niña de la biblioteca, al miedo de su abuelita.

 

rey y rey

Rey y rey, de Linda de Han y Stern Nijland (Ediciones Serres, 2004). Esta es una historia que ocurre en un reino. El príncipe está en edad de casarse y su madre decide buscarle una novia. Comienza en palacio un desfile de princesas. Vienen de Austria, Texas, Groenlandia y Bombay, pero el príncipe no se enamora. Solo falta una última candidata: la princesa Magdalena, que viene acompañada de su hermano, el príncipe Azul. De pronto, el príncipe queda sin respiración y su corazón empieza a latir. Fue un flechazo. Príncipe y Príncipe se enamoran, se casan y se convierten en Rey y Rey. La historia termina como todos los cuentos que ocurren en los castillos: “vivieron felices y comieron perdices”.

Este libro que utiliza la estructura y a la vez se ríe de los cuentos de reyes y princesas, nos muestra que el bosque es ante todo un lugar diverso.

 

el pato y la muerte

El pato y la muerte, de Wolf Erlbruch (Bárbara Fiore editora, 2007).

Desde hacía tiempo el pato notaba algo extraño.
-¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

La muerte le contestó:
-Me alegro que por fin me hayas visto. Soy la muerte.

Así comienza esta historia de pocas palabras. Los diálogos del pato y la muerte son mínimos y profundos. La muerte que siempre ha estado y que a los largo de las páginas se hace amiga del pato, sabiendo que hacia el final del libro tendrá que llevárselo. Conmueve especialmente la página en la que ambos se suben a un árbol a reflexionar sobre lo que pasará con el estanque cuando el pato se marche. O la página final en la que la muerte mira al pato alejarse por el gran río. Cuando lo pierde de vista se siente incluso un poco triste. “Pero así era la vida”.

Un libro que nos dice que en el bosque existe la vida y la muerte. Y que una es inseparable de la otra.

 

arturo y clementina

Arturo y Clementina, de Adela Turín y Nella Bosnia (Kalandraka editora, 2012). Arturo y Clementina, dos jóvenes y hermosas tortugas, se conocieron al borde de un lago. Y decidieron casarse esa misma tarde. Al poco tiempo, Clementina le comenta a Arturo que se aburre de esperarlo que venga del trabajo. Él le dice que solo la gente tonta se aburre y que se busque una ocupación. Cuando días después Clementina le dice que quiere pintar, Arturo le responde que ella nunca podrá pintar y le regala un cuadro para atar en su caparazón. Cuando Clementina piensa que tal vez podría aprender a tocar flauta, Arturo se ríe y le dice que no podrá, entonces le regala un gramófono. Nuevamente le dice que lo ate a su caparazón, así no lo perderá: “Eres tan despistada”. Cuando Clementina dice que quiere conocer el mundo, Arturo le regala un jarrón de Murano.

Los objetos se acumulan y se acumulan. Y le pesan tanto a Clementina que un día decide hacer lo que debió haber hecho al principio del libro: abandonar su caparazón y de paso a Arturo.

Una historia escrita en la década del 70 sobre el machismo y sus mecanismos de anulación. Sí, el bosque tiene zonas peligrosas, a veces hay que correr.

 

Otros títulos que podrán interesar a padres poco miedosos:

 

juul

Juul, de Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen (Lóguez ediciones, 2005). Una reflexión sobre la crueldad y la violencia en el mundo de los niños.

 

la historia de erika

La historia de Erika, de Ruth Vander Zee y Roberto Innocenti (Kalandraka Editora, 2004). La historia de una sobreviviente del mayor genocidio del siglo XX y sobre la importancia de mantener viva la memoria.

 

leche del sueno

Leche del sueño, de Leonora Carrington (Fondo de Cultura Económica, 2013). Escrito e ilustrado por Leonora Carrington, surrealismo y humor negro para niños.

 

migrar

Migrar, de José Manuel Mateo y Javier Martínez Pedro (Ediciones Tecolote, 2012). Ilustrado en papel amate, siguiendo la tradición del pueblo Xalitla, este libro relata la experiencia de los miles de niños y niñas que cada año migran en peligrosas condiciones, desde México a Estados Unidos. Recibió el Premio Nuevos Horizontes en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, 2012.

 

Foto: El pato y la muerte, Wolf Erlbruch, Bárbara Fiore editora, 2007

 

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11 Comentarios

  1. Paula RD dice:

    Excelente artículo: breve, desafiante y con recomendaciones de alta calidad (por lo menos en los las obras que he leído de este listado). Es bueno que se esté alzando con cada vez mayor fuerza una voz opositora a lo políticamente correcto en la LIJ, a la moralina y al didactismo que pretenden sólo hacer uso de los recursos de la ficción para introducir solapadamente un discurso falso e insidioso.

    Mi única preocupación respecto a esto es que se termine inclinando la balanza hacia el punto opuesto. En otras palabras, que se termine valorando un trabajo más por su mirada sociológica que por su calidad literaria en sí. Prefiero leer y escribir sobre temas más amplios y atingentes, como la memoria, la nostalgia, la muerte, etcétera. Asimismo, que esta declaración de principios sea adoptada por gente que pueda llenarse la boca con la LIJ -ahora que está “de moda”, dijéramos- y que sin embargo, al momento de leer sus propias creaciones, te encuentres con que hay una profusión de clichés “adultos” en sus trabajos para un público de mayor edad, o derechamente clichés estúpidos e insinceros en sus trabajos para niños. La consecuencia y la sinceridad estéticas ante todo.

    Para terminar, quisiera exponer un reparo: una vez me encuentro con que SÓLO hay libros álbum o ilustrados. Esta es una tendencia que he visto en prácticamente todas las iniciativas (editoriales, académicas, lectoras) de LIJ de las que me enterado el último tiempo, y que he discutido bastante con algunas personas. ¿Qué pasa con la NARRATIVA LIJ? ¿Por qué está tan desplazada por el libro álbum? Éste, si bien posee una riqueza estética y semántica particular, no tendría por qué acaparar la mayoría de los espacios -sobre todo independientes- de las obras infantiles. La narrativa entrega otras satisfacciones que a mí al menos me son mucho más plenas, como lectora y autora, y ha sido así en mí desde niña.

    Volviendo al tema del artículo, ¿por qué no se han incluido novelas o compilaciones de cuentos infantiles de este tipo? Comprendo que puede ser un factor de espacio, pero personalmente, como lectora adulta que ama los libros infantiles, me gustaría saber si alguien podría recomendarme narrativa infantil contemporánea que siga esta senda.

    Muchas gracias. Espero poder leer algún día una obra narrativa de tu autoría, María José.

  2. Excelente. El trabajo y convivencia con los niños debe ser con suficiente objetividad que ellos conozcan que en el bosque las travesías no siempre son grandiosas. La cultura de la muerte debe ser inculcada desde la infancia con toda la veracidad posible apropiada a la edad y situación de cada contexto.

  3. gerardo dice:

    Me parece acertado el comentario acerca del libro album, creo que en parte tiene que ver con algunos editores y la pereza y complejidad de revisar textos escritos

  4. Coincido con el artículo que hay temas tabú en los libros para niños. La muerte, la enfermedad, el sexo y la violencia parecen desaparecer de la tierra cuando se escribe para niños. Si bien es cierto que podrían aparecer luego libros de este tipo como cliché de moda, supongo que pasaría lo de siempre: al final los niños eligen. Al menos eso sería lo ideal pero lamentablemente, lo transgresor en un mundo de páginas para niños, siempre nos conmueve y nos hace censores. En realidad el beneficio literario no obvia temas, es más, cualquier tema bien tocado por la literatura se puede transformar en una buena historia. Celebro que haya libros que rompan las barreras y acepten la realidad sin mentir ni edulcorar…

  5. Mariam dice:

    Excelente artículo, cabe mencionar que Sernam estuvo publicando una serie de cuentos infantiles que hablan de la inclusión, el respeto a la diversidad, la tolerancia, igualdad de derechos, entre otros temas. Lamentablemente, solo fue una edición y durante el Gobierno de la Alianza, no se han vuelto a publicar.

  6. francisco dice:

    Hola

    Mi cuestionamiento es hasta que punto se puede contar una verdad a un niño ? es muy importante la forma en que se cuente si bien estoy de acuerdo con que la verdad es importante no menos importante son los sueños…

    Ahi es donde cada padre debe conocer y buscar la mejor forma y el momento de contar estas verdades.

  7. Paulina Riquelme dice:

    Muy buen artículo, muy útil

  8. Sebastian Loyola dice:

    La infancia,se suele decir, es la patria de todo ser, sobre todo si esta ha sido plena de cariño y resguardo.Sostener que desde niño se debe saber lo feroz que resultarà vivir es una tontera y una falacia, pues el solo trànsito de la adolescencia se encarga de que en la adultez podamos enfrentar y reistirnos en este llamado valle de làgrimas que es el vivir.Prefiero las fàbulas de Esopo en contraposiciòn a ese resumen de cursilerìa homosexual del cuento Rey y Rey.
    Atte.

  9. Leva dice:

    Respondiendo a señor Loyola de indudable infancia feliz ( o al menos defensor de la Escuela Acolchada, sin aventurarme a prejuzgarlo), ha de entender usted que los niños no son complementos, no son ” lo que le falta a este marco de foto de familia feliz” , son simples personas vacuas, vacías de contenido y que tienen TODO por descubrir. Punto. Si se les oculta la realidad, no se les está regalando la vida feliz, si se les vuelca en ellos juicios de valor, los reproducen, si se los trata excesivamente bien, lo exigirán siempre de todos y de todo, si se les menosprecia, mermarán en auto concepto y menospreciaran a los demás. Toda esa súper protección sólo empeorará su decepción vital en la adolescencia. Igual de ” cruel” debería parecerle desperdiciar toda una etapa de crecimiento donde indudablemente se forja la persona en pos de sentirse “un padresito maravilloso” y haciendo de esos niños personas que extrañaran la diversidad, las desigualdades y los contextos político históricos que viven, para que con 15 o 16 años se den de bruces con estas realidades y no tengan herramientas psicosociales para atender a ellas. El conocimiento en los niños no es dañino, señor Loyola. Darle a los niños información no los hace emigrantes, ni lobos, ni suicidas, ni homosexuales. Darles información es darles comprensión del mundo y naturalidad, para vencer el miedo a lo desconocido que en gran medida ( por no decir siempre) es culpa de unos padres que bien porque tuvieron una infancia idílica o porque no la tuvieron, optan por acolchar los oídos de sus hijos y destaponarlos cuando se vuelven rebeldes y poco comunicativos en la adolescencia… ¿ no cree que podría evitarse ese alejamiento con una infancia comunicativa y explicativa, de modo que los padres se conviertan para los hijos en unos compañeros de vida, fuente de conocimientos y debates , en vez de en unos extraterrestres ajenos al mundo que el pobre chaval acaba de comerse con el batacazo?
    Desde mi punto de vista esperar ofrecer a los niños una infancia plena y protectora es una cursilería,y no lo es decirles que existen varias formas y posibilidades de amor, por ejemplo, pues esto no es cursi, sino complejo y por ello precisa de claridad y naturalidad en la infancia, donde la curiosidad es signo de inteligencia. ( y así con muchos otros temas que formaran y culturizaran al niño).

    Pero por supuesto todo el mundo tiene derecho a pensar como quiera. Aunque ese derecho termina cuando impones tu forma de pensar, e, inevitablemente, eso hacen los padres con sus hijos…

    Excelente artículo.

  10. Leva dice:

    Por cierto, añadiría a la lista libros un poco más especificos como el de ” Mamá se va a la guerra” ( Irene Aparici Martín y Mónica Carretero) que, de forma colorida y dulce, explica a unos niños cómo su madre ha de combatir el cáncer.

  11. carla dice:

    quiero ver títulos y recomendaciones nuevas!

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