Revista Intemperie

El conflicto estudiantil a las tablas del teatro alemán

Por: Isidora Palma
unser taglich sandwich

Isidora Palma descubre en Stuttgart, Alemania, una obra dirigida por un destacado teatrista chileno, que aborda el conflicto social y la inconformidad de la nueva generación.

 

En el Teatro Tri-Bühne de Stuttgart, un teatro de pelea, en la frontera del off, pequeño en comparación con los grandes espacios que se encuentran en Alemania, pero perfectamente equipado y que cuenta con subvenciones estatales que le han permitido ir creciendo y manteniéndose en el tiempo -algo que no sucede en Chile- se está presentando hace más de dos meses y con éxito rotundo la obra Unser Täglich Sándwich dirigida por el chileno Alejandro Quintana.

Esta adaptación de la obra La Fiaca, del argentino Ricardo Talesnik, trasciende su condición de comedia oscura y grotesca para convertirse en un homenaje a todos los jóvenes que, cansados de este sistema terriblemente competitivo y desigual, que imposibilita el cambio social y condena a la sumisión, han decidido dar un paso hacia el lado y tomar la distancia necesaria para poder cuestionarlo, ponerlo en jaque y comenzar a exigir mejoras en aquellas materias esenciales.

A quien fuera director por más de una década del mítico Berliner Ensemble, actual director jefe del Teatro de Heilbronn, entre muchos otros, y director de más de ochenta obras de teatro en las que destacan la escenificación de grandes autores clásicos e íconos de la dramaturgia contemporánea, le encomendaron la labor de preparar al nuevo elenco que comenzaría a trabajar en el Teatro Tri-Bühne. Para esta tarea escogió una comedia que narra la historia de una pareja joven y esforzada, que entrará en conflicto en el momento en que Néstor Vignale, su protagonista, decide no ir a trabajar más.

En la versión dirigida por Quintana, a diferencia de la original, no es la fiaca, ni el aburrimiento o el desgano lo que lo lleva a actuar de esta manera sino, la profunda determinación de negarse a seguir en lo mismo, rompiendo con un modo de vida del cual estaba hastiado. En un comienzo parece una acción impulsiva, casi un capricho, pero con el paso del tiempo se sentirá cada vez más seguro de la decisión tomada y se irá politizando a medida que se va dando cuenta de que como él hay muchos más. Poco a poco se irá transformando en el rostro de campaña de todos los trabajadores que están cansados de los abusos pero que no se atreven a manifestar.

Esto lo llevará a perder a su mujer, a quedarse sin dinero y finalmente sin nada que comer. En ese momento de debilidad y suma vulnerabilidad será tentado por el dueño de la empresa para que vuelva a trabajar. La Fiaca de Talesnik ofrece un final marcado por el pesimismo y la desesperanza, el hambre del protagonista podrá más que cualquier combate y Néstor Vignale volverá a su trabajo derrotado, pobre y solo. Alejandro Quintana, en cambio, abre la posibilidad de un cambio; el protagonista duda, la condición miserable en la que se encuentra lo tienta a echar por la borda todo lo realizado pero, finalmente, decide no ir y seguir en la lucha.

Bertolt Brecht es la piedra angular en el trabajo del director chileno, por eso es que junto con entregar una opinión crítica, introduce a la vez coraje y ganas de vivir, le brinda al espectador  esperanza en el cambio e induce el deseo que todos tenemos de que exista la posibilidad de igualdad y de encontrarse. “Brecht es tremendamente juguetón, poético, es filosofía que transpira, esa es la esencia, cuando aciertas”, afirma el director quien, por medio de actuaciones llevadas al extremo, donde los actores hablan como si se estuvieran lanzando piedras, nos hace testigos de cómo el teatro, guiado por principios brechtianos, puede llegar a convertirse en un instrumento de investigación de conductas humanas, expuestas para revelar los problemas que nos atañen en el presente.

Hacia el final, imágenes del movimiento estudiantil chileno, acompañadas con la canción Basta de Los Vázquez, apoyan el momento en que el joven Vignale decide seguir en su pelea y no rendirse a los pies del sistema ante el cual se está rebelando. Una coreografía extraña, de cuerpos agotados y unidos en la causa marca el cierre de la obra. La señal es clara, ¡No más! “Basta de limosnas y promesas, basta de mentiras y ofertas, ahora escuchen nuestra voz”, esa es la letra que resuena en los oídos de los espectadores alemanes que observan atentamente las imágenes que muestran a los jóvenes chilenos manifestándose por una mejor educación. Un verdadero regalo para una viajera como yo, que caminando por las calles de Stuttgart, una ciudad al sur de Alemania, jamás pensó que encontraría una obra que rindiera homenaje a la fuerza de los estudiantes de Chile y que su director fuera un grande del teatro en Alemania que en nuestro país aún no goza de todo el reconocimiento que se merece.

 

Más información aquí.

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.