Revista Intemperie

El sonido del cuarzo

Por: Diego Alfaro Palma

cuarzo

Diego Alfaro se adentra entre las imágenes y citas que recorren el poemario de Juan Santander Leal.

 

1. Ciertos libros son ventanas, otros cuarzo. La referencia es a su estado mineral, su profundo enraizamiento en la materia, una roca translúcida apegada a los cimientos de una montaña. En Cuarzo habita el fondo transparente de cosas que perdimos el hábito de nombrar.

1.1 Imagino que dentro de un trozo de cuarzo hay toda una ciudad. Estamos todos ahí, a la vista. Nuestras jaquecas, analgésicos, una coliflor negra, arena, escaleras, “las maquinas, los establos y las áreas de picnic se oxidan al sol”, escapularios. Por unos instantes toda una sociedad aparece en movimiento, sus historias mínimas, los retratos de quienes ya no piensan en la palabra dignidad, “objetos en desuso”.

2. Un libro de poesía no debe ser sugerente, tiene que romper con la sugerencia, hacer de nuevo la poesía. Esto no es claramente un libro de poemas, es también una novela en verso, un cuaderno de anotaciones breves, el guión para una película muda.

2.1  El mundo está escrito en prosa, Santander aprehende para sí ese lenguaje, lo pone a girar en el tocadiscos que le tiene preparado. La escritura también se vuelve transparente:

Desarmo mis maquetas,
borro lo que subraye
sugiero la descripción
de un cuerpo anciano.

La prosa aloja en el sueño
los objetos en desuso.

La narratividad debe continuar
como una enfermedad y su remedio.

La prosa golpea los muros

Las novelas no nutren ni sanan.

Hay novelistas que conducen a los niños a los centros financieros.

(…)

Hay documentos que regulan el comportamiento de los ascensoristas y de las matronas.

La prosa anega con sus diálogos las horas del sueño que me van quedando.

Cuando alguien acumula prosa hay un concilio en el entretecho.

2.2  Si esto fuera una novela, el protagonista es un tipo que desarma, que deja cosas a medio hacer, que recolecta “los cuerpos de las abejas / en un borde del ventanal”. Aparece el dueño de un zoológico y su hija tomando clases de guitarra; quizás el niño nombrado es su hijo que duerme entre el humo de cigarrillos; es enviada a un sanatorio “con su ortografía de arenisca”; ahí los pacientes “olvidan el camino a sus camas”. Y sigue. Hay profesores, carpinteros, fotógrafos, novelistas, una pareja. Si esto es o no una novela importa tanto como el hecho de que es poesía y al mismo tiempo el guión para una película muda.

2.3  En este último hecho reside el poder de Cuarzo: desmarcarse. No es un libro que forma parte de una escuela o pandilla. Nos recuerda sí a W.G. Sebald, Arno Schmidt, David Markson o George Perec, ese trabajo con lo ínfimo construido a base de imágenes y citas que corren despavoridas. El sentido no es lineal.

2.4  El cuarzo es también un personaje recurrente. Participan con él cada aparecido. A través suyo los observamos inscritos dentro de esa geometría. Sus fractales son nuestros fractales, sus elementos químicos también son los nuestros, sus propiedades tienen una extraña relación con un estado natural cuyo conocimiento nos es ajeno: “el cristal de roca es usado para calmar la ansiedad de los animales. / El cuarzo límpido es un hombre acariciando la cabeza de su primer hijo”.

3. Nada suena forzado, obligadamente ensamblado. Para la formación del mineral se necesitan más 500°C y un largo periodo para su solidificación. Leo unos versos como los que siguen: “Los triángulos que al caminar dejan las aves, / la extraña artesanía / que comienza en la espalda / de quien se levanta después de un mes”. La música en la que se mueven los versos de Cuarzo poseen una liviandad arrolladora; antes de terminar la lectura de cada una de sus partes nos vemos sobrepasados por las imágenes. El libro es un solo poema.

3.1  Nada más difícil que crear un libro en base a variaciones sobre un tema. Parece ser una de las suertes de cierta poesía contemporánea. Pero aquí la intención no se alcanza a agotar, la delicadeza del tratamiento no llega hasta el estancamiento. No sabemos hacia dónde vamos, pero por detrás de su relato y amontonamiento de ruinas, se abre un pasaje inhóspito: nos estamos viendo.

3.2  Ante todo ese suceder cristalino sentimos a los profesores cansados, el fracaso de todo un sistema educacional. Frente “a la piel de corvina gigante” se nos pasa por delante el fin de los recursos naturales, extraídos sin contemplación, la lucha contra la licitación del mar. Los bailarines de la televisión nos surten de lo frívolo puesto en la oposición de la cultura muerta en las “hemerotecas y en las salas de fotocopiado”. El país de Cuarzo posee una tristeza dramática: “Son infelices los que almuerzan de pie y dichosos aquellos que aun no dejan atrapadas sus manos en los cantaros del periodismo”. Aquí no se sugiere nada, las manos están abiertas mostrando las heridas, el colapso de un cuerpo que no da más, ni para el amor o el orgasmo.

4. Esta extracción de cuarzo posee 20 caras.

4.1  La contemplación de cada cara requiere un movimiento circular.

4.2  La apuesta del delirio y la condensación, parecieran agitar al mineral que grita desde debajo de la tierra. Su voz es demasiado clara como para no oírla. “El cuarzo crepita de vez en cuando, / el cuarzo encandila de vez en cuando”.

4.3  La realidad se petrifica, la luz da en el cuarzo, su película cristalina se proyecta en la muralla.

 

Cuarzo

Juan Santander Leal
Marea Baja Ediciones, Santiago, 2012

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