Revista Intemperie

Lamento por Rodrigo Melinao

Por: Sebastián López
rodrigo melinao

Sebastián López realiza una conmovedora revisión de las muertes recientes implicadas en relación con el conflicto mapuche, y la responsabilidad que al Estado de Chile le cabe en ellas

 

Comparar muertes y asesinatos me parece grosero y macabro. Sin embargo, al leer las palabras del primo de Rodrigo Melinao –joven de 26 años asesinado con una escopeta en algún momento entre el 5 y el 6 de agosto en las cercanías de la comunidad Rayen Mapu, Ercilla— la comparación deja ver la frustrante y violenta indiferencia de un Estado que intenta silenciar su propia culpa: “Si hubiera sido [asesinada] una persona no mapuche, todos saldrían hablando”.

Todo esto porque el mismo Estado unitario de Chile, a diferencia de enero del presente año que juzgaba el actuar anónimo de algún grupo como terrorista cuando aún chirriaban las cenizas en la casona de los Luchsinger-Mackay, ahora deja que el cuerpo del joven Melinao yazga helado en el suelo e insiste en que simplemente se trata de un asesinato y que se debe dejar todo en las manos de sus instituciones.

Las mismas instituciones de este Estado unitario y violento de Chile que una vez probado su armamento asesinando a peruanos y bolivianos y arrebatándoles Arica y Antofagasta; acribilló, redujo e hizo desaparecer a miles de mapuche desde el Biobío hasta el Toltén desde 1861 a 1883.

El mismo Estado alarmante y paranoico que cuando aún olía a bencina y muerte en las cercanías de Carahue en el verano de 2012 producto de un incendio forestal, gritaba “¡Terrorismo!” en la televisión y los diarios, cuando en realidad se demostró que fue un muy lamentable accidente.

Este mismo Estado cínico y cruel que frente a las muertes de los muy jóvenes Matías Catrileo, Álex Lemún y Jaime Mendoza Collío ha derivado sus juicios al tribunal militar y ha dictado irrisorias condenas a los carabineros que los asesinaron, es el que arma una alaraca para aprobar la “Ley Hinzpeter” cuando, la semana pasada, el carabinero Silva fue muerto por un balazo de un delincuente.

Y nuevamente, es el mismo Estado unitario y neoliberal que condenó a Rodrigo Melinao a cinco años y un día de presidio por supuestamente incendiar un bosque cuando trataba de recuperar las tierras ancestrales de su comunidad en un predio usurpado por la Forestal Bosques Cautín en octubre del 2011, ahora se hace el sordo cuando el mismo joven Melinao muere producto de un balazo de escopeta en una zona custodiada día y noche por Carabineros de Chile.

Comparar muertes es cruel y macabro. Hacerlo en Chile dice verdades.

 

Foto: Cooperativa

 

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