Revista Intemperie

Sade: el origen de la pornografía

Por: Luis Felipe Torres
salo

 

La literatura erótica está de moda y la maquinaria publicitaria contemporánea pretende hacernos creer que este género no es más que un recién nacido. Las cincuenta tonalidades de Grey acaba de desbancar a la saga de Harry Potter como el libro más vendido de todos los tiempos por Amazon. Pese a su nula calidad literaria, a su carencia de trasfondo y a que la crítica lo ha calificado de “pornografía barata para dueñas de casa”, las ventas aumentan. Sin embargo el patriarca del género sigue siendo el mismo: Donatien Alphonse François, el Marqués de Sade. He decidido dedicar estas líneas a su obra maestra, un libro que estuvo perdido por más de cien años y que leí recientemente: Los 120 días de Sodoma o la escuela del libertinaje.

El texto, escrito por Sade durante su cautiverio, en los 37 días que precedieron a la toma de la Bastilla, sigue un programa fríamente calculado. La pluma del ilustrado es dueña de una elegancia y de una lucidez que no tarda en borrar todo resabio de dudas acerca del motivo de su relato: una crítica fría y bien pensada a la monarquía absoluta y sus excesos. ¿Y cómo logra esto? Aquí viene lo bueno: haciendo que sus personajes se pongan a tirar como conejos. La acción -paciencia, ya veremos en qué consiste-, toma lugar entre los meses de noviembre y marzo de la primera mitad del siglo XVII en el Castillo de Lacoste, en donde cuatro libertinos millonarios, entre los que se cuentan un duque y un obispo, se encierran junto a sus hijas, sus prostitutas, sus alcahuetas y una plétora de infantes, para dar rienda suelta a sus más sórdidas apetencias sexuales.

El cronograma es el siguiente:

Noviembre: el mes de las pasiones simples. Es el que está escrito con más detalle y excluye actos sexuales penetrativos. En sus líneas no sólo se insinúa, sino que también se describe la coprofagia y una serie de actos de sado-masoquismo.

Diciembre: el mes de las pasiones complejas. ¿Mencioné que habían llevado a sus hijas? El obispo celebra una misa, en la cual, al momento de la consagración de la hostia, los cuatro libertinos violan y flagelan a las integrantes de su propia familia. La prosa es más desprolija que en el segmento anterior, pero aún es rica en detalles y durante el incesto incluso se aprecia un tinte de humor negro.

Enero: el mes de la pedofilia y el sexo con animales. No sé qué tanto hubiera mejorado este segmento de haber tenido su autor pluma y vida para enmendarlo. Pero la Revolución ocurrió y el marqués pudo y tuvo que salir arrancando. Esta compuesto de frases cortas, tremendamente explícitas y que dan la imagen de una bacanal romana, un festín en el cual los comensales permanecen en constante estado de descontrol, pero que, curiosamente, se ciñen al programa que habían redactado.

Febrero: el mes de las pasiones criminales. Aquí se dan cita el femicidio y el infanticidio, llegando hasta el punto de desollar viva a Auguste, la hija del obispo. El texto es desprolijo y los eventos se suceden unos a otros con una rapidez vertiginosa. El impacto es a lo menos el mismo que si el segmento estuviera terminado.

Hacia el final Sade narra el mes de marzo, en donde realiza un recuento de lo que ha sucedido y, pese al tópico, borra todo resabio de duda acerca de la lucidez de su pensamiento, de su pluma y de su literatura. No haré una apología ni diré que Sade no hacía pornografía, pero si me atreveré a defender su elevada, y por momentos envidiable calidad literaria.

La crudeza de su crítica no ha pasado desapercibida, incluso el célebre cineasta italiano Pier Paolo Pasolini realizó una adaptación cinematográfica. En ella la acción transcurría no ya al final del Antiguo Régimen, sino en las postrimerías de la II Guerra Mundial, en la efímera República de Salo. La escena más recordada, en la cual uno de los protagonistas es forzado a ingerir excrementos, constituye una alegoría de los vejámenes sufridos por el pueblo italiano y la forma en que el sistema fascista les fue impuesto. El rodaje fue desafortunado, llegando hasta tal punto que algunos rieles se perdieron y que Pasolini fue asesinado.

El caso continúa sin ser aclarado.

 

Foto: Saló o los 120 días de Sodoma, Pier Paolo Pasolini, 1975.

 

Artículo publicado originalmente el 06/08/2013

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