Revista Intemperie

Homosexualidad y american dream: a diez años de Angels in America

Por: Jaime Pérez Vera
angels in america

A diez años del estreno de la más afamada serie sobre la temática gay en Estados Unidos, Jaime Pérez reflexiona sobre la necesidad de un proyecto similar en nuestro continente

 

Durante el invierno del 2003, exactamente hace diez años atrás, HBO puso en pantalla la serie Angels in America dirigida por Mike Nichols, generando un avasallador éxito mundial casi asegurado por los componentes de la producción; un guión original del prestigiado dramaturgo estadounidense Tony Kushner, la pieza titulada: Angels in America: A Gay fantasia on national themes, ganadora de múltiples premios como el apreciado Pulitzer y el Premio Círculo Crítico de Drama de Nueva York a mejor obra y mejor drama. Sumado a ello, la serie contó con un elenco que cualquier director quisiera: Ben Shenkman, Justin Kirk, Emma Thompson, Al Pacino, Meryl Streep, Mary-Louise Parker, Jeffrey Wright, entre otros. Y cuyo producto final pasó a ser coronado con cinco Globos de Oro, once EMMY, seis galardones del Sindicato de Actores (SAG) y múltiples reconocimientos internacionales para una mini serie de tan solo seis episodios – algunas veces puestos en dos grandes partes de tres capítulos cada una.

Lo que sucedió con Angels in América fue un fenómeno no solo en términos de rating, sino más bien nació una forma de hacer televisión de calidad que apela a la masividad, pero también a la reflexión y a la crítica social. Su historia de temática homosexual ponía en cuestión los valores propios del conservadurismo estadounidense de mediados de los años 80: como telón de fondo, el gobierno de Ronald Reagan y su famosa “Doctrina Reagan”, las iniciativas de reducción del gasto social, empequeñecimiento del estado por su férrea convicción liberal, con el propósito de resguardar a Latinoamérica frente al avance de la Unión Soviética y su profunda moral cristiana.

La historia se centra en Prior Walter, un hombre homosexual con SIDA, una enfermedad que remecía el sistema de salud estadounidense, porque lo obligaba a enfrentarse a sus juicios morales y a tener que prestar apoyo en las nuevas condiciones de vida de hombres que, junto con padecer el síndrome, eran víctimas de la ignorancia social, del abandono por parte de sus familiares y amigos, convirtiéndolos en emblemas trágicos de un mundo en progresiva deshumanización. La pareja de Prior, Louis Ironson, uno de los descendientes de las múltiples familias judías que encontraron en Estados Unidos un lugar donde asentarse luego del Holocausto, no pudo soportar el peso que significaba la enfermedad de su gran amor, por lo que lo abandona en medio de sus grandes crisis.

Louis es un hombre que piensa en el futuro de su país, con un sentido del humor algo adquirido de su expareja, busca la felicidad en un contexto que le abre las puertas, pero que lo obliga a tomar decisiones drásticas. Su vida se cruza con la de Joe Pitt, un mormón casado con una mujer adicta al Valium –mención especial merece esta mujer drogadicta y sus alucinaciones que la sacan de su triste realidad-. Este hombre infelizmente casado intenta reprimir sus pulsiones homosexuales que considera un pecado, castigándose continuamente; su voz interna flagelante repite los prejuicios de la gente, las frases hechas de la televisión, los párrafos incomprensibles de la Biblia, las palabras de los padres, todo ello como medio de tortura ante una identidad sexual que busca refugio en los desconocidos del Central Park.

La vida de estos problemáticos personajes está rodeada de generaciones precedentes que construyeron un mundo de apariencias y de un discurso ético podrido en virtud de las ansias de poder y dinero. Esto es lo que representa Roy Cohn –interpretado magistralmente por Al Pacino– un abogado corrupto y ambicioso que, tras ser diagnosticado como VIH positivo, interpela a su médico alterando la realidad a su conveniencia mediante un discurso realmente notable, que habla sobre la capacidad que de un hombre con ambición para conseguir lo que desea utilizando cualquier método.

Aquí radica uno de los aciertos de la serie: exponer públicamente una sociedad estadounidense que no se parece en nada al “american dream”, porque los hombres que participan de ella son corruptos, ambiciosos, faltos de ética. Son personas que harían cualquier cosa por obtener una posición de poder en un mundo hecho para los más fuertes. Se expone a un Estados Unidos ícono de la libertad, pero que evidencia una gran represión a la homosexualidad mediante castigos morales e imposiciones religiosas de toda índole: está plasmada la ambigüedad de un país que avanza en la inclusión en algunos de sus Estados, pero que se queda atrás en sus administraciones más tradicionales, ambivalencia que configura un lugar de incertidumbres que se evaden en el Valium, un ansiolítico que desde los 80 se hace popular en el mundo.

El SIDA es puesto en pantalla como una enfermedad que se convirtió en el adjetivo inherente de los homosexuales, en parte su ciudadanía “americana” que los vuelca al padecimiento físico y mental quitándoles la posibilidad de realización personal al ser estigmatizados. Es justamente a partir de la década de los 80, cuando las consideraciones sobre esta enfermedad comienzan a fundar las bases para la apertura a campañas de prevención y hacia la comprensión de esta enfermedad como un mal que afecta a todos por igual, sin importar su condición sexual. Podemos ver a las víctimas de esta enfermedad desde su dimensión más humana, lejos de los estigmas y caricaturas.

Angels in America logra mezclar los elementos propios del teatro de Tony Kushner, muy ligado a las vanguardias europeas, con las cualidades del cine y la televisión para lograr una serie que apela a los recursos multimediales propios de las artes de la representación. Vemos la presencia de elementos de la comedia musical en escenas de baile, diálogos profundos y perfectamente elaborados que son propios del drama, apariciones de ángeles y antepasados que nos recuerdan personajes de comedia. Todo ello mezclado con digresiones espacio/temporales que agrupan en un período corto de tiempo lo onírico y lo realista, tanto en la ambientación como el vestuario, la escenografía e incluso en la utilización de efectos especiales que muestran un tratamiento cinematográfico fino.

Todos estos factores convierten a la serie en una obra que derrocha perfección técnica, magistrales actuaciones, impecable producción y solidez en su base dramática, elementos que muy pocas veces podemos ver tan claros en una producción realizada para ser emitida en televisión abierta. A diez años de su estreno mundial seguimos admirándola, pero también seguimos añorando que esa misma calidad técnica y profundidad en sus temas vuelvan a inundar las pantallas de la alicaída y muchas veces decadente televisión abierta: los fieles seguimos esperando que los ángeles desciendan a América una vez más.

 

Foto: HBO

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