Revista Intemperie

Notas sobre la idea de poesía situada de Enrique Lihn

Por: Christian Anwandter
1enrique lihn .jpg

 

Escribí estas notas – probablemente injustas –antes de que Intemperie me preguntara qué opinión tengo sobre la obra de Enrique Lihn. Considero, sin embargo, que son la respuesta más clara que podría ofrecer, como simple testimonio de un lector que se vio, de pronto, sitiado por la poesía lihneana. Este doble sitio se ha constituido, a mi parecer, en un verdadero lugar común –a la vez incuestionado y compartido, con sus virtudes y estrecheces– de la poesía chilena actual. 

1. Enrique Lihn habla a propósito de sus poemas de una “poesía situada”. Integrar al poema las circunstancias de su enunciación, implica reducir la inclinación de la poesía hacia el idealismo. Que la poesía se vigile a sí misma. Es poesía de principios que no puede proyectarse, y que por lo mismo expone su propia invalidez. Se trata de un veloz ejercicio de desengaño, de una súbita apertura a la frustración de no ser modelo de nada: un racimo escéptico de rabia ante la presencia de un ideal ilegítimo. El poeta se erige como héroe de su propia imposibilidad, como aquel que vuelve sobre sí para acusarse como literatura.

2. Me resulta difícil concebir una escritura “realmente” situada en la medida en que se proyecta el presente en un acto de lectura hipotético y posterior. Antes de detallar las circunstancias de la enunciación, se piensa en la manera de detallarlas de la mejor manera posible. La búsqueda por la pureza de la expresión concibe el momento de la lectura como un reencuentro perfecto. Pero detenerse para proyectar una forma es deformar la situación en que se escribe. Antes de dar cuenta de la situación, se la suspende. Y mientras esta situación se encuentra suspendida, se proyecta una forma que enmarca el presente – así como un refugio sirve de cobijo en invierno. Suspendida la inmediatez, solo se escribe el ideal de un presente perdido.

3. Ejemplo: La situación es un presente sin ilusiones. (Esta frase es una ilusión válida en cualquier caso).

4. Una poesía situada se acerca al objeto. Pero los objetos que rodean al “sujeto” no reclaman ser recordados para devolverle al hombre su presente. Los objetos circundantes no guardan en sí el peso de nuestro propio olvido. La contemplación presupone la inocencia de lo contemplado. Situarse, en cambio, es tomar una distancia con respecto a la posibilidad de reencontrarse en los objetos. Situarse es verse como objeto. Acercarse a la vergüenza de la materia que, lejos de cantar, calla profundamente. Y por otra parte, la poesía situada debe acercarse a su propia realización. Su posibilidad es su propio objeto.

5. La situación es una reducción de probabilidades en la que todos nos reconocemos. Lo situacional es el límite del lenguaje subjetivo. Bajo la exigencia de lo que nos rodea y constituye, se vuelca uno a la afirmación de su propia imposibilidad. Pero en ningún momento ha nombrado lo que lo hace ser tan vulnerable. En vez de la afirmación de la vulnerabilidad, se silencia la vulnerabilidad. Desde este punto de vista, el desapego de Lihn puede llegar a ser una impostura sistemática. Si bien ninguna situación puede  separarse de su registro, cabe la posibilidad de: 1) por una parte, liberarse del encadenamiento temporal de las afirmaciones. Abstraerlas y componer una secuencia a partir del vacío. 2) por otra parte, retrasar el momento de la escritura, liberarla de su carga didáctica, sitiar la situación, plegándola hacia fuera de sí misma.

 

Foto: La Tercera

 

Artículo publicado originalmente el 24/07/2013

Un comentario

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.