Revista Intemperie

Maldito amor: el enmascaramiento temprano

Por: Federico Zurita Hecht
maldito amor

Federico Zurita fue a ver un montaje que retrata las relaciones de poder entre un grupo de estudiantes que son educados para integrarse a la sociedad, a la institucionalidad

 

Maldito amor trae de vuelta por décima vez al director Carlos Huaico a los escenarios (el 2012 ya lo vimos con Ofelia, doncella de Dinamarca), ahora con esta obra cuya dramaturgia también le pertenece. En esta historia, que presenta a cuatro estudiantes de cuarto medio que funcionan como “tipos” sociales e históricos, se manifiesta la necesidad de pensar la forma en que el ser humano es educado en el enmascaramiento para, por un lado, actuar bajo normas de control y, por otro, negociar la forma en que puede pasar por alto (si es que ostenta una posición privilegiada) esas normativas y salir impune. La colisión de fuerzas, entonces, alude a las relaciones dentro de una estructura de poder que tiene como misión también educar para sostenerse.

El hecho de que la estructura de poder deba sostenerse en algún soporte, propicia que el conflicto que mueve la acción dramática de Maldito amor se desarrolle en un liceo. En el liceo los jóvenes son educados para integrarse a una estructura: la sociedad. Es fundamental, además, pensar las relaciones de poder desde ese lugar pues los estudiantes de la última década se han convertido en fuerzas histórico sociales que han deseado actuar en contra de cómo la estructura de poder desea educarlos. Por esta razón probablemente también podemos leer a los cuatro personajes escolares como tipos: el que ostenta una actitud “piola” como posición rebelde, la que desea llegar virgen al matrimonio pero se embaraza, la enamoradiza y la que mantiene un romance prohibido con el profesor. A su vez el profesor es “tipificado” como un aparente renovador en la sala de clases. Sin embargo, todos ellos portan una máscara. La actitud rebelde del alumno “piola” esconde su incapacidad de asumir responsabilidades, la que anhela la virginidad opta inicialmente por el sexo anal, la enamoradiza se cubre con una aparente moralidad intachable, la del romance con el profesor aprende a manipular y el profesor ocupa la cuota de poder propia de su posición en la estructura.

No es contradictorio con el asunto de las estructuras de poder el hecho de que los problemas de los personajes se relacionen (o parezcan estarlo) con el amor. El despertar sexual propio de la adolescencia se introduce en esta reflexión como moneda de cambio que les permite llevar a cabo transacciones. De esta forma, los personajes negocian su tránsito por la estructura y, al ser estudiantes, aprenden a introducirse, a través de las primeras herramientas de cambio que obtienen, a la estructura de poder.

En época de convulsión estudiantil, en que los estudiantes son una fuerza histórico social, es fundamental pensar de qué forma se integran al mundo del enmascaramiento del que formamos parte (requisito fundamental para obtener un lugar en la estructura de poder, ya sea que alcancen un lugar arriba o sean relegados a un puesto más abajo). El amor, entonces, circula como parte de una moral que se difunde entre los nuevos miembros de la sociedad o, en palabras más gráficas, como una plataforma en la que se sostienen las ideologías instaladas por quienes controlan la estructura de poder. Huaico ya pensó la importancia de pensar las relaciones dentro las estructuras de poder en la obra Ofelia, doncella de Dinamarca (cuya dramaturgia pertenece a Guillermo Montilla Santillán) y también pensó el asunto de las elecciones enemistadas con lo que el entorno espera (vía ideologías circulantes) de los sujetos en la obra La madre del cordero del 2008. En ese sentido, el teatro que Carlos Huaico dirige se esfuerza en pensar la institucionalidad de la que formamos parte y a la que, vía proceso educativo y de concientización religiosa, filosófica y moral, aceptamos o rechazamos ya sea que las ideologías que actúan sobre nosotros nos convenzan o nos generen rechazo. Maldito amor nos demuestra cómo somos adoctrinados en múltiples direcciones incluso desde la infancia tardía.

 

Maldito amor

Dramaturgia y dirección: Carlos Huaico.
Asistente de dirección: Alejandro Osses Bascur.
Elenco: Carlos Aedo, Pamela Alarcón, Carolina Castro, Eduardo Luna y Priscila Huaico.
Producción: Pamela Alarcón.
Asistente de producción: Ana Luisa Quiroz.
Diseño: Javier Alvarado.
Fotografía: Carla Cáceres.
Fecha y hora: lunes, martes y miércoles a las 20 horas hasta el 31 de julio.
Lugar: Sala Antonio Varas, Morandé 25.

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