Revista Intemperie

El Congreso sobre Bolaño por dentro

Por: Intemperie
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Gastón Carrasco asistió al Congreso sobre el más famoso de los novelistas chilenos, y rescata algo de los aportes, las vivencias y los tecnicismos académicos, así como las presencias y las ausencias destacadas

 

El pasado día lunes 15 de julio se dio inicio a Estrella distante, congreso literario a 10 años de la muerte de Roberto Bolaño a cargo de la Dirección de Investigación y Postgrado de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Departamento de Literatura de la Universidad de Playa Ancha y la Carrera de Licenciatura en Letras de la Universidad Andrés Bello. Con un gran trabajo de difusión y una amplia cobertura periodística, el evento logró una alta convocatoria de ponencias y asistentes, tanto de académicos, estudiantes como de fanáticos bolañistas.

La convocatoria, si bien apuntaba a reunir a críticos, académicos y escritores para reflexionar sobre la calidad, impacto e influencia de la obra de Roberto Bolaño, quizá, no tan solo en Santiago, sino también en las otras dos jornadas de congreso (Viña del mar, miércoles 17; Valparaíso, jueves 18), hizo patente la ausencia de escritores y su visión como compañeros de oficio del autor de Los detectives salvajes. Un dialogo desde la creación, en un formato más libre tal vez que el formato paper, hubiese sido una excelente instancia de discusión. Digamos que la presencia de Roberto Brodsky en algo sirvió para estos efectos, voz más que autorizada para hablar y celebrar a Bolaño, o incluso la asistencia de críticos y narradores como Álvaro Bisama, que en algo refrescan las ya aceptadas, validadas y escuchadas lecturas sobre la obra de Bolaño. Parafraseo, y distorsiono, en algo el comentario de Marco Chandía en su ponencia: qué más podemos decir, Bolaño y el mal, Bolaño latinoamericano, Bolaño y la dictadura, Bolaño y la crítica, Bolaño y lo postmoderno, Bolaño y la violencia, Bolaño, Bolaño y Bolaño.

Ciertamente las críticas, lugares comunes,  de una instancia de congreso son siempre las mismas. Y en algo concordamos con ellas. Es que muchos académicos no están dispuestos a usar un lenguaje algo más amable, ojo, digo algo más amable. Son eternas las diatribas entre quienes arguyen la necesidad “facilitar” o “negociar” el lenguaje que se usa y quienes adhieren al tecnicismo de la disciplina. Sean iniciados o democráticos, en el hecho, la mayoría de los académicos emplea un lenguaje poco amable, porque es cool hablar de Derrida, Lacan y la Kristeva en un mismo párrafo, porque suena bien utilizar colonialismo, postcolonialismo, neopostcolonialismo en una misma línea. Pecaríamos de injustos si condenásemos tan abiertamente dichas prácticas, porque, en cierto sentido, todos caemos en esos lugares alguna que otra vez. Sería una “patudez” hablar de ciertos temas o conceptos sin citar debidamente, sin dialogar con ideas que van en la misma línea que las de uno, porque de eso se trata, en parte, el ejercicio de escribir y asistir a los congresos: dialogar, discutir, tensionar, problematizar, negociar.

Algo interesante de este congreso es que tanto el objeto como el sujeto de estudio fueron abordados con igual atención. Bolaño y su obra, en cierto sentido, fundidos, se vuelven la concreción de un proyecto escritural marcado por la experiencia de vida. Estamos claros que para Bolaño todo era material de escritura, todo estaba sujeto a volverse literatura. Varios exponentes hicieron mención a dicha situación, lo que nos hace pensar en lo positivo de reunir a un grupo en pos de dar cuenta del legado de un autor. Si bien el mismo Bolaño se encargó de parodiar el campo cultural de la literatura en varias de sus obras, cabe destacar lo paradójico de la situación. Como personajes de alguna de sus narraciones, tanto asistentes como ponentes, se disponen a dialogar en torno a las reflexiones de, sin temor a plantearlo, uno de los principales intelectuales y pensadores de la literatura latinoamericana reciente.

Hubiera sido interesante ver a más jóvenes en el público. Digamos que el alto contingente de ponentes extranjeros y nacionales, en su mayoría, eran adultos. Y vamos, si algo destaca en la narrativa de Bolaño es la presencia de jóvenes, desterrados, huérfanos de una revolución inacabada, de una utopía atrofiada, de la cual, hasta el momento, pocos se han hecho cargo. Los lectores de Bolaño, especulamos, son en su mayoría jóvenes. Pero algo los hace resistirse a la instancia “congreso”. Y no sería justo culparlos. Hay poco intelectual solidario, colaborativo, consciente de la existencia de un grupo lector no especializado, no iniciado a las artes del cultismo intelectual. El lenguaje retorcido de algunos y la extensión omniabarcante de sus textos, de más de 10 planas a veces, sin interlineado, le quita las ganas a cualquiera.

Parece ser que en los congresos, (ojo, no hablo solo de este, sino de las instancias de reunión “intelectual” en general), se juegan otro tipo de relaciones. Como el mejor de los mundiales sub-20, las ofertas y contrataciones por las jóvenes promesas están a la orden del día. Si el texto es lo bastante prometedor, un lujito, ciertamente será una excelente vitrina para promoverse. No es raro entonces, ver a estudiantes y docentes jugar(se) por futuros puestos, no tan solo en la academia, sino en diversos lugares de la producción y recepción cultural. Nuevamente, ojo, no hablo solo de este congreso, son prácticas comunes, extensibles a cualquier instancia de reunión y reflexión. Todo es un asunto de colaboraciones y posicionamientos. Y no estamos en contra de esto. Si el criterio es el mérito o la capacidad de un, digamos, docente, para contratarlo, está perfecto. El dilema se verifica cuando el amiguismo o el interés se deja leer. Un dato nimio, la primera jornada fue cerrada por la presentación de Jorge Herralde, escritor, editor y fundador de la transnacional editorial Anagrama. Nos preguntamos, por ejemplo, si todos los asistentes e interesados en hablar con él, fueron realmente por saber algo que no sepamos sobre Bolaño.

En general, consideramos que el congreso ha logrado lo que tenía por objetivo. Fueron bastantes las ponencias de daban luces sobre aspectos aún no resueltos en la obra del autor. Fueron bastantes también las cuales problematizaban y visibilizaban las tensiones presentes en la recepción en torno a la obra de Bolaño. Concordamos en esto con varios de los ponentes que rescataban lo inagotable de la fuente, en las posibles revisitas que haremos durante los siguientes años a uno (quizá el más), de los autores más importantes de la literatura chilena y latinoamericana reciente.

 

Foto: congresoliteral.com

 

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4 Comentarios

  1. Erre dice:

    Muy extraño este Congreso, estaban los que no tenían que estar. Mucho académico residente en Viña, que de pronto adaptan sus conocimientos y se hacen expertos en Bolaño. Excepción, por supuesto, de la gran Patricia Espinosa y Herralde.
    Faltó la gente que de verdad conoció a Bolaño más de cinco minutos, que compartió más de dos visitas y que el escritor de verdad consideraba. Por ejemplo: A. Edwards, A. B. de Lun, Bruno Montané (por qué no lo trajeron a él, en lugar de otros extranjeros laterales, fan?), R. Pinto, Ignacio Echevarría.

  2. gb dice:

    Divertido: Bolaño, una supersticion en vías de canonización.

  3. erre2 dice:

    Brodsky habla de Brodsky cuando le ponen el tema Bolaño. Desconfío tanto de esos congresos donde apelan a la taquilla, por una lado -Carme Pérez de Vega, Herralde, Corral- y a la acumulación de tesis estrambóticas en jerga académica, más si se habla de un escritor que sobre todo interpela a lectores de a pie. Filo.

  4. testa dice:

    Por qué no fueron jóvenes? porque nadie quiere que le maten a Bolaño, a lo que cada uno encontró allí. y cada uno, luego, sabrá matarlo.

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