Revista Intemperie

Así es como la pierdes, de Junot Díaz

Por: María José Navia

asi-es-como-la-pierdes

María José Navia delira con los cuentos del autor del momento: un himno pop para un corazón roto.

 

Este libro no se lee en voz baja. Este libro es para gritarlo, con euforia, para subrayarlo hasta que las páginas se trasluzcan, para recomendárselo a todo el mundo, para sentirlo con el cuerpo completo. Para reírlo con una sonrisa incómoda o francamente desfachatada, para llorarlo también y guardarlo despacito en el corazón.

Porque Así es como la pierdes es de esos libros que puedes leer y releer y siempre se siente nuevo (yo voy en la quinta relectura ya desde que salió acá en Estados Unidos, el año pasado) Siempre impacta con pericia de francotirador. Como esas canciones-himnos, que puedes tararear y escuchar un millón de veces (para bailarlas y cantarlas a voz en grito también, cada una de las veces).

Son nueve historias sobre corazones rotos pero, más que todo, son nueve historias tremendas. Maravillosamente escritas, que fluyen con velocidad y vértigo de montaña rusa, y cuyo impacto se siente luego por horas, días, semanas. Corazones rotos y por romperse, trizados o hechos estallar en mil pedazos por el desamor, la infidelidad, el arrepentimiento, la ausencia de un padre, o el cáncer. Historias que giran alrededor de Yúnior, personaje característico de la obra de Díaz (narrador en La vida breve de Oscar Wao y protagonista en los relatos de su primera obra, Los boys (extrañísima traducción para Drown)), un macho, bien macho, que va arrasando con las mujeres a su paso. O eso creemos. O eso cree él también, hasta que alguna de sus mujeres le devuelve un reflejo de sí mismo que no le gusta; hasta que el rechazo de una de ellas lo deja a maltraer y tratando de olvidarla corriendo maratones, enfrascándose en sus clases en una Boston que lo discrimina.

En “El sol, la luna, las estrellas”, Yunior recibe una carta de una ex que lo abandonó hace tiempo por culpa de sus infidelidades: “…the letter hits like a Star Trek grenade and detonates everything, past, present, and future” (“la carta golpea como una granada de Star Trek volándolo todo, pasado, presente, futuro). La carta lo hace recordar el último viaje que hicieron juntos, para tratar de arreglar las cosas, un viaje a una República Dominicana que lo avergüenza, la de los hoteles todo incluido, una burbuja de lujo que sólo logra realzar aún más el desastre.

En “Nilda” comienza a asomarse el otro corazón roto. El corazón parchado de la relación de Yunior con su hermano, Rafa, quien está muriendo de cáncer. La historia cuenta del reencuentro de él con la novia de su hermano, los recuerdos que le trae, cual minas que explotan a medida que avanza el relato, de la época de enfermedad de su hermano, y lo que nunca pasó entre ellos. Díaz explora las relaciones humanas con un talento brutal, con una honestidad descarnada que siempre puede convocar la carcajada, a pesar de lo terrible de lo que se esté contando. Como en el tercer cuento de esta colección, Alma, que termina con esa frase brillante que es “Así es cómo la pierdes”, un final-patada-en-la-cara pero absolutamente perfecto.

En “Otra vida, otra vez”, el centro es por primera vez una mujer; una dominicana que llega a Estados Unidos a vivir una nueva versión del mal sueño americano. Trabaja en un hospital haciendo la limpieza y sus reflexiones son demoledoras: “I never see the sick; they visit me through the stains and marks they leave on the sheets, the alphabet of the sick and dying” (Nunca veo a los enfermos; me visitan a través de las manchas y marcas que dejan en las sábanas, el alfabeto de los enfermos y quienes están por morir). La historia termina otra vez con un corazón roto: por un hombre, por una nueva vida que no tiene nada nuevo que ofrecer.

En “Flaca”, el cuento, breve, simplísimo, cuenta la historia de otra relación que no funcionó. Nada raro, nada del otro mundo. Una chica que parece especial para Yunior (“You’re the only person I’ve ever met who can stand a bookstore as long as I can”/ Eres la única persona que he conocido que puede soportar una librería tanto tiempo como yo); una posibilidad que se desvanece como tantas otras. Es el tono en general: lo que pudo ser y no fue, lo que fue, pero no fue nada espectacular (pero igual dolió, igual te hizo feliz por un instante.) El tono que recorre el libro desde el comienzo, con su epígrafe bellísimo de Sandra Cisneros: “Okay, we didn’t work, and all/ memories to tell you the truth aren’t good./ But sometimes there were good times./ Love was good. I loved your crooked sleep/ beside me and never dreamed afraid./ There should be stars for great wars/like ours.” (Okay, no funcionamos y no todos los recuerdos son buenos, para serte sincera. Pero a veces hubo buenos momentos. El amor era bueno. Amaba cómo dormías doblado a mí espalda y nunca dormí con miedo. Deberían haber estrellas para grandes guerras como la nuestra).

Acá los cuentos funcionan como esas estrellas que marcan las pequeñas grandes guerras cotidianas. Puntos luminosos para marcar ausencias, una extraña cartografía del corazón.

En “La doctrina pura”, la atención de Yunior se enfoca en la madre durante los últimos meses de vida de su hermano, Rafa. La describe con esa mezcla de humor, rabia y dolor que lo caracteriza: “ She’d never been big on church before, but as soon as we landed on cancer planet she went so over-the-top-Jesucristo that I think she would have nailed herself to the cross if she’d had one handy” (Nunca había sido muy cercana a la iglesia pero tan pronto como aterrizamos en el planeta cáncer se volvió tan hiperventiladamente Jesucristo que yo creo que se habría clavado a sí misma a la cruz si hubiese tenido una a mano). El retrato de la madre latina apegada a su hijo (a Rafa, pues a Yunior ni lo mira) es de las mejores cosas que le pasan a este libro; momentos marcados como fuegos artificiales. En un pasaje, comenta: “…she was always a hundred percent on his side, as only a Latin mom can be with her querido oldest hijo. If he’d come home one day and say, Hey, Ma, I exterminated half the planet, I’m sure she would have defended his ass: Well, hijo, we were overpopulated.” (Estaba siempre cien por ciento a su lado, como solo una mamá latina puede estarlo con su hijo mayor. Si hubiese llegado a casa un día y dicho, Hey, Ma, exterminé a la mitad del planeta, estoy seguro de que habría salido en su defensa: Bueno, hijo, estábamos sobrepoblados”.)

En “Invierno”, los recuerdos familiares giran, brevemente, en torno al padre. Ese que abandona, ese que luego existirá sólo como una gran ausencia. En “Miss Lora”, el affair de Yúnior es con una mujer mayor, algo mal visto por el resto del vecindario.

Por último, la colección cierra con el mejor cuento (del libro, de Díaz, y por cierto de lo mejor jamás escrito): “Guía de amor para infieles”. Sólo por este cuento, habría que ir en peregrinación a MIT a darle las gracias al autor. La verdadera montaña rusa y razón de ser de este conjunto de relatos (acá se explica la génesis de todo), un cuento que deja al lector algo despeinado, algo destartalado, como al mismo protagonista que se desvive por sobrevivir a una pena de amor (ocasionada por él mismo), para concluir (¿con amargura?, ¿con esperanza?, ¿con los dientes apretados?) que a veces lo único que tenemos es comienzos y que “la vida media del amor es siempre”.

(Auch).

 

Así es como la pierdes

Junot Díaz
Mondadori, 2012

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.