Revista Intemperie

Un viaje hacia lo indecible: una entrevista a Laura Crespi

Por: Augusto Munaro
laura crespi

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Augusto Munaro entrevista a la autora argentina Laura Crespi a propósito de su libro Un blanco móvil, recientemente editado.

 

La poeta y licenciada en filosofía por la Universidad de Buenos Aires, Laura Crespi acaba de publicar Un blanco móvil. Filosofía, literatura y metáfora (Santiago Arcos editor), su primer ensayo. Con él, Crespi indaga los límites del lenguaje, su naturaleza, alcances y fisuras del mismo. A través de una prosa analítica, los capítulos del libro dilucidan las múltiples perspectivas sobre el acto escriturario.

Al no cometer la banalidad de ser pretenciosa en su estilo, la autora deconstruye con claridad las propuestas de Jacques Derrida, Friedrich Nietzsche, Maurice Blanchot, y Stéphane Mallarmé, para conceptuar las cualidades y posibilidades de la metáfora; y su relación oscilante entre filosofía y literatura. Sin acudir al discurso académico, ni sus convencionalismos tediosos, el libro pone al descubierto las superficies del lenguaje, con una mirada renovadora y rigurosa, dando cause a sus imperecederos enigmas.

¿Cómo surgió y cuál es el objetivo de Un blanco móvil?

Nació en principio como mi proyecto de tesis de licenciatura. En efecto es la tesis que defendí hace dos años y que, a la hora de considerar la posibilidad de publicarla, edité y corregí con el fin de despojarla de un estilo más académico, que en realidad nunca tuvo. De hecho mi directora, Mónica Cragnolini, es quizás una de las pocas personas en la carrera de filosofía en la UBA que, además de trabajar estas problemáticas, permite este tipo de desvíos en la escritura, probablemente por las lecturas también literarias que le interesan y que entrelaza con la filosofía. Este doble interés entonces, por la literatura y por la filosofía, es el disparador de Un blanco móvil. Allí me propuse entrar en la red textual de algunos autores, como Blanchot y Derrida, que a su vez recorren el tejido de otros textos, anteriores en el tiempo y contemporáneos entre sí, como Nietzsche y Mallarmé, dos enormes e infinitas expresiones de finales del siglo XIX, para la filosofía y la literatura respectivamente. Habitando provisoriamente estas escrituras intenté, entre uno y otro autor, visualizar aquellos lugares donde filosofía y literatura se entrecruzan.

¿A qué alude el título?

Cuando se piensa y se trata de escribir sobre las relaciones entre literatura y filosofía, siempre hay algo que se desplaza bajo el dictado de lo que se quiso decir, o lo que intuimos que estaba ya escrito. Y fue a ese desplazamiento al que quise aludir en el título de mi libro, Un blanco móvil, porque el espacio en blanco es también el lugar del silencio, de la indecidibilidad, el lugar del continuum, entre literatura y vida, entre filosofía y poesía.

Usted dice que “la filosofía trabaja a través de conceptos y la literatura a través de una búsqueda de estilo”, ¿podría ahondar esa idea?

Bueno, yo digo que pareciera que eso es así en general, o siempre, pero en realidad mi trabajo consiste más bien en desandar esa idea, para justamente señalar que en la filosofía, siguiendo a Nietzsche, también hay estilo, también hay metáfora (de hecho los conceptos tienen siempre una ineludible carga metafórica). Y si esto es así, entonces hay también desvío, extravío, desoevrement (des-obra), ocio, dispersión, ausencia de sentido, de fundamento, de querer-decir, etc.

¿De qué modo cree usted que la metáfora acerca la filosofía a la poesía?, ¿cuáles son sus puntos de contacto?

-Es que la metáfora implica siempre un desvío donde el sentido, el significado, siempre puede perderse, desplazarse. Y eso sucede también en la escritura filosófica, no sólo en poesía, donde ritmo, superficie significante, son tan relevantes en tensión con el sentido, el significado, el querer-decir, etc. Creo que a través de la idea de desvío que implica la metáfora, y también la escritura –problemática que abordo en otro de los capítulos del libro–, es donde entran en contacto filosofía y poesía. No se trata de confundir los géneros, o de decir que la filosofía es poesía y viceversa; sino más bien de conectarlas, decorrer los velos por donde se filtra lo otro en la escritura, habitando ese umbral, ese espacio entre filosofía y poesía.

¿Qué aspectos de la metáfora fueron los que más le interesaron considerar?, ¿por qué?

En primer lugar, ineludiblemente, aparece Aristóteles. En la Poética se establece una primera acepción del filosofema “metáfora” donde –va decir luego Derrida en vistas a deconstruir el concepto en cuestión– se da en realidad una explicación metafórica de la metáfora. Con lo cual señala por un lado su duplicidad, la imposibilidad de definirla sin recurrir a una metáfora –parece imposible evitarla– y por otro una generalización de la metáfora, una metafórica filosófica. En “La mitología blanca” (texto de Márgenes de la filosofía, 1972) Derrida demuestra que la filosofía es por completo metafórica. Más que “teoría de la metáfora” habría una “metáfora de la teoría”. De manera que el análisis derrideano en torno a la metáfora (y el modo cómo él decontruye el pensamiento aristotélico, obviamente tras las huellas de Nietzsche para quien “el lenguaje es esencialmente metafórico”), es en este sentido para mí un eje fundamental que sigo en Un blanco móvil, en tanto constituye la primera clave que me permite relacionar, entrelazar, conectar a la filosofía con la literatura. Ya luego la idea de escritura como sistema de huellas va a permitirme desplazar el análisis hacia la cuestión de la desaparición del autor, la diseminación del sentido, cierta idea de texto en relación con la muerte del libro, el juego textual, etc. –cuestiones éstas que en definitiva acontecen tanto en la escritura literaria como filosófica.

Desde el punto de vista filosófico, ¿qué determina el estilo de una escritura?

El problema es más bien hasta qué punto el estilo –en filosofía– genera señales, claves de lectura y de escritura, gestos, marcas que en definitiva enfrentarán al discurso metafísico de la presencia. La duplicidad en el lenguaje de forma/contenido –así como otra tantas oposiciones metafísicas binarias como sensible/inteligible, escritura/voz, significante/significado, etc.– supone siempre una jerarquía en la tradición del pensamiento occidental donde el contenido prevalece sobre la forma ante un texto de filosofía; mientras que las cuestiones retóricas y de estilo y forma permanecen siempre en un plano subalterno. Se trata entonces, a partir de Nietzsche y desde el pensamiento continental contemporáneo, de poner en tensión esas duplicidades, deconstruirlas. La filosofía se escribe, dice Derrida, lo cual supone que ella es también un género literario particular. Entonces la cuestión del estilo ya no será una cuestión aledaña, marginal (o sí, un suplemento del que sin embargo no es posible prescindir), sino que estaría determinando siempre una estrategia para desandar el discurso que aplasta y disimula la diferencia, lo otro, la superficie, lo sensible, la escritura, la mujer, etc. Es una estrategia de lectura y de escritura, en ese doble gesto que es leer y escribir. Se trata de permanecer en el entre, oscilando entre uno y otro, forma y contenido, fondo y superficie, etc.

¿Por qué cree que Nietszche llevó su estilo “hasta sus últimas consecuencias”?

Porque fue un pensador que atravesó casi todos los géneros a lo largo de su obra. Desde lo autobiográfico en Ecce homo, hasta lo poemático en Así hablaba Zaratustra, pasando por el aforismo, el fragmento –donde la diferencia escribe–, etc; y lo hizo justamente para eludir todo tipo de clasificación o cierre de su pensamiento en una interpretación única, en una univocidad. Lo cual significó una ruptura increíble para la metafísica occidental. Nietzsche desenmascara justamente a la filosofía a través de la literatura; entonces la decisión sobre el estilo va a ser una “seria” decisión cada vez, pero en vistas a parodiar, en vistas a reírse y burlarse de la metafísica logofonofalocentrista.

¿Qué significó el poema “Un golpe de dados”, de Mallarmé, para la historia de la filosofía?

Un golpe de dados es un texto infinito, inagotable, indecidible. El naufragio que allí se escenifica es espacio en blanco, y da cuenta del carácter móvil del espacio en blanco, de la diseminación. No estoy segura de qué pudo haber significado para la filosofía exactamente, creo que autores como Derrida o Blanchot sin duda visualizaron en esa escritura nocturna, blanca, estelar, un infinito de noche, de ausencia, de muerte, de desaparición, que estaba en última instancia negado y disimulado dentro del pensamiento metafísico de la luminosidad, del sol-padre-fundamento-origen, del iluminismo, del racionalismo, etc. Es increíble, o por lo menos curioso, que mientras Nietzsche anuncia la muerte de dios, que no es sino la desaparición de todo fundamento o valor absoluto, Mallarmé escribe “…el cielo ha muerto”.

¿Por qué la metáfora, el estilo y la poesía son considerados como “gestos textuales”?

Porque operan como desvíos, como desplazamientos, como claves de lectura y de escritura. Y por eso los elegí como estos tres ejes que marcan el recorrido de Un blanco móvil, donde le dedico un capítulo a cada uno. La metáfora “habla en forma oblicua” señala Bennington en Jacques Derrida, y Nietzsche en Ecce homo –“Porqué escribo yo libros tan buenos”–: “no hay estilo en sí”. Por otro lado la poesía, escribe Blanchot, es el “habla esencial del desvío”. Cada una de estas problemáticas están allí para dilucidar hasta qué punto filosofía y literatura son en definitiva escritura, texto, multiplicidad, vacío. Y entonces la idea es constatar que de hecho siempre se pierde algo allí, en la escritura, de la presencia del sentido, de la voz, del significado. Y hay entonces invariablemente desvío, borrado incesante de huellas, dispersión.

 

Laura Crespi (San Fernando, Provincia de Buenos Aires, 1973). Publicó poesía: Días de besos (2006), Una onda magnética (2008), Árboles alineados (2010), La vida interior (2010/2011), Invisible vanidad (antología, 2010) y el ensayo Un blanco móvil. Filosofía, literatura y metáfora (2009). Es Licenciada en Filosofía por la UBA, donde da clases. Edita las plaquetas Cuadernos de Traducción donde publicó poemas de Elizabeth Bishop, con un posfacio de Marianne Moore bajo el título Pequeño ejercicio. También tradujo a Wallace Stevens: Dos cartas, Colores y Esta enorme falta de elegancia. La quinta plaqueta, en preparación, es el libro objeto Poetas japonesas, edición anotada que reúne poetas del siglo VII hasta la actualidad, basado en las versiones de Kenneth Rexroth e Ikuko Atsumi. Algunas de estas traducciones están publicadas en las revistas no-retornable.com.ar y en poesiaargentina.com

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