Revista Intemperie

No es así señor Presidente

Por: Intemperie
24horas

Andrés Olave escribe sobre los dichos del presidente Piñera en relación a la profunda madurez de una niña de once años, violada y embarazada y la obligación de tener a su hijo por vivir en un país donde el aborto está penado en todas sus formas

 

Las palabras formuladas el martes pasado por el presidente Sebastian Piñera cayeron como un balde de agua fría, sino sobre todos los chilenos, al menos sobre una minoría que no podía dar crédito al mensaje de la máxima autoridad de la nación. Lo que el presidente dijo, a raíz del caso de Belén, la niña de 11 años que fue abusada en reiteradas ocasiones por su padrastro en Puerto Montt hasta quedar embarazada, fue:

“ella hoy día tiene catorce semanas de embarazo, y ayer nos sorprendió a todos con palabras que demostraban una profundidad y una madurez, cuando dijo que a pesar del dolor que el hombre que la violó le había causado, ella iba a querer y cuidar a su guagüita”.

Este mensaje resulta chocante al menos en cuatro aspectos que me interesa detallar. Primero: el contexto. El hecho de vivir en un país donde el aborto está penado en todas sus formas implica que las autoridades tengan que salir con declaraciones tan surrealistas como estas. Espero no ver el día que los presidentes salgan a felicitar a la valiente niña de 9 años que va a ser madre, o a la joven de 15 años que pese a ser violada grupalmente por una pandilla a la salida de una fiesta de todos modos está dispuesta a tener a su hijo, aunque temo que mientras siga viviendo en Chile ese día inexorablemente va a llegar.

Segundo: más perturbador, peor inclusive que las propias declaraciones del presidente, es la tibieza con las que son recogidas por los medios oficiales, quienes ponen énfasis en el cuidado que el gobierno ha decidido procurarle a la niña y no al profundo sinsentido de estos cuidados que obvian el problema de fondo: el hecho que el aborto esté tan tajantemente prohibido en nuestro país. Si revisamos las cifras de Wikipedia podemos advertir que el derecho al aborto está asegurado en todas sus formas en gran parte de los países del hemisferio norte, y está asegurado en la gran mayoría del resto de los países en caso de violación, riesgo para la madre o defectos del feto. Solamente en cuatro reinos medievales sigue siendo absolutamente prohibido: Nicaragua, El Salvador, Honduras y claro, Chile; tristes reductos donde imperan aún el más excesivo y ciego conservadurismo.

Tercero: también quiero mencionar el hecho que si nuestro presidente tiene que erigir discursos donde alaba la fortaleza moral de una niña de 11 años que ha sido violada y ha quedado embarazada y no puede abortar es básicamente porque los amigos del presidente, es decir, la elite, no le gusta que la gente aborte (o no va de acuerdo a sus valores, o sus intereses o lo que sea). Esto, me parece, es la esencia exacta de lo que significa vivir en el Tercer Mundo. Que no tiene que ver tanto con la injusticia social o el subdesarrollo económico sino con que los gobernantes traten al pueblo como niños o imbéciles o ambas cosas incluso y que no pueda hacerse absolutamente nada al respecto.

Cuarto: finalmente no logro entender la falta de cohesión social sobre este tema. Si se pueden hacer marchas multitudinarias por la alameda en pos del matrimonio entre personas del mismo sexo, me cuesta comprender la falta de movimientos ciudadanos que no aboguen por el derecho de las mujeres para decidir sobre su propio bienestar. El tema que suele ser zanjado con exabruptos poco sutiles como los de la senadora designada Ena Von Baer quien dijo que la mujer “presta el cuerpo” nos da pistas que la discusión está aún en pañales y se maneja a un nivel deplorable. Me parece necesario agregar que mientras en Chile no se eleve un poco el nivel de discusión y se haga un debate valido al respecto seguiremos habitando un circo tercermundista donde los presidentes defienden aberraciones tras una retórica ridícula que daría para la risa sino fuese porque dicha retórica lo que hace es encubrir la soledad, el desamparo y la completa indefensión en que se encuentran hoy en día miles de niñas inocentes.

 

Foto: Publimetro

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