Revista Intemperie

Héctor Hernández: en Chile vivimos una hipocresía cultural bastante interesante

Por: Intemperie
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Andrés Olave entrevista al poeta Héctor Hernández Montecinos sobre los avances y retrocesos de la literatura en Chile, los desafíos que encaran las editoriales independientes y la fuerza de las nuevas generaciones.

 

Continuando con mi serie de entrevistas a escritores y poetas chilenos, me tocó esta vez conversar con Héctor Hernández Montecinos (Santiago, 1979), destacado poeta quien –entre otras obras– ha  publicado No! (2001), Este libro se llama como el que yo una vez escribí (2002), El barro lírico de los mundos interiores más oscuros que la luz (2003) y Putamadre (2005). 

Todos sabemos que la lectura viene a la baja en Chile, al igual que en gran parte de Sudamérica. ¿Cómo podríamos darle un giro a esta situación y volver a acercar a la gente -sobretodo a los jóvenes y niños- a los libros? 

Yo pienso absolutamente todo lo contrario. Estoy convencido de que nunca se había leído tanto en Chile como se hace hoy, en especial entre niños y jóvenes. Internet, y en especial las redes sociales, son un formato de lectura/escritura, no olvidemos eso. Las bibliotecas públicas como la Biblioteca de Santiago y muchos programas como el Bibliometro son quizá los mejores resultados de políticas culturales que no apuntaron ciertamente al fomento de la lectura, sino del libro pero que incluso así abrieron un corpus a muchos jóvenes como yo que hace más de quince años soy usuario de ambas y no dejo de celebrar su importancia. ¿Qué quiere decir esto? De manera práctica, los libros están más cerca. Eso es innegable, pero la inquietud ahora es ¿qué libros son esos? ¿Quién los mueve? ¿Qué transnacional es la que crea necesidades de esas lecturas? Yo soy un fervoroso optimista de que se lee mucho más porque lo veo en los talleres que hago o con las personas que converso. Es un fenómeno que tiene que ver con la existencia de nuevas editoriales llamémosle independientes o el posicionamiento de las que antaño fueron independientes y ahora se han convertido en las ‘grandes’ de Chile como LOM y Cuarto Propio. Por otra parte, de manera informal, el traspaso, la interacción de la fotocopia o del PDF han sido trascendentales en la socialización horizontal de la lectura, y es este punto en el cual entiendo tu pregunta. El Estado y el mercado editorial tienen una forma vertical de entender los procesos sociales de lectura, que se visibiliza por cifras, estadísticas, libros vendidos o consignaciones. Es por eso que te digo que en términos reales, no cuantificables oficialmente, las personas están leyendo más, más variado y más rizomático. Por ejemplo, los nuevos dispositivos de lectura virtual son cada vez más accesibles y autónomos y significan una nueva interacción del material cultural escrito. El hecho de que se pueda escribir y leer en los celulares me parece fantástico y es algo que hace diez años no existía. Me refiero a leer obras literarias, documentos o lo propio. Se lee hoy mucho más. No me cabe duda. Por eso ojo: no hay que confundir lectura de libros con venta de libros, como suele hacerse capciosamente. Aunque esa preocupación atañe más bien a los editores que a los autores, pero es digno de consignarlo como síntoma de un proceso mayor.

Actualmente, estás realizando talleres en Balmaceda Arte Joven. ¿Qué es lo que esperas obtener de dicha experiencia? ¿Hacia donde se dirigen nuestros jóvenes talento? 

Claro, desde julio a septiembre daré el taller de poesía “Escrituras del Desastre” en Balmaceda Arte Joven. Es un espacio de experimentación escritural en el cual me propongo tensionar a ese insoportable ‘yo’ que aparece en el momento de escribir, ese antipático y grandilocuente yo burgués que se cree idéntico a sí mismo y el cual puede contemplar la realidad sin participar de ella. Contra eso mismo es que quiero trabajar con los chiquillos varios procesos de desmontaje autoral, de desarticulación de esa voz, quiebres y fugas de estilo. Se les suele repetir hasta el cansancio a ellos que deben encontrar su voz. Yo les digo: no, no encuentres tu voz, busca decenas de ellas. Úsalas, deséchalas, recíclalas, transfórmalas. Esto que pretendo realizar no es nada nuevo porque estos jóvenes escritores nacidos la mayoría en los noventas ya tienen esa intuición, es parte de sus materiales el hecho de llevar hasta el reviente ya no sólo la página en blanco sino que el hecho de las autorías, las identidades literarias y el consumo de ellas. Me he dedicado con absoluto placer a leer y estudiar actualmente a este nuevo corpus de poetas que como te digo han nacido desde el noventa en Chile. De hecho acabo de comenzar a preparar una antología con este material alucinante, pues sin duda lo es. Desde lo que fue lo que la crítica llamó la novísima hace más de una década no se había dado un fenómeno tan particular como lo es éste. Es impresionante.

Hay una cantidad sorprendente de nuevas editoriales en Chile. Sin embargo, problemas como la falta de plataformas de difusión o problemas de distribución tiende a invisibilizar a la mayoría de los libros que se publican. ¿Cómo ves esta situación?

Alguien comentaba una vez que en inglés existe el ‘editor’ y el ‘publisher’, es decir la persona que acompaña al autor en la decisión sobre sus libros, la viabilidad de sus propuestas en un contexto determinado y quien es de algún modo responsable en los aciertos y desaciertos de dicho libro, y por otro lado, está quien sólo es ejecutante de la publicación material de la obra y ya. En castellano, ambos son editores y de manera evidente son sustancialmente distintos. El problema de las editoriales independientes siempre se dice que es la distribución, pero en realidad ese es el problema económico porque hay uno más de fondo, y es que muchos publishers se creen editors, lo cual conlleva a que haya cientos y miles de libros guachos en el campo editorial. Una suerte de spam de libros que nadie conoce y que al autor le sirven para ponerle a la mesa coja. El día en que los editores independientes no sólo sean los que convierten el papel en libro, sino que sean también partícipes del papel de ese libro en un campo cultural determinado es que la escena editorial va a tener un poquito más de credibilidad y cariño y menos apariencia de una simple transacción. En síntesis, la revolución editorial es una revuelta entre dos personas, el editor y su autor, y no entre el editor y el comprador.

Vienes recién llegando de México y de una gira por varios países del continente. ¿Cómo ves la recepción de la poesía en los distintos países? ¿Tienes más feeling con algunos lugares? 

En general es distinto y es lo mismo. México es un enorme imperio cultural en comparación con Chile u otros países del Cono Sur. Pero la cultura es algo que yo separo tajantemente con el arte y más aun con la creatividad. La cultura es jerárquica, tiene que ver con presupuestos, es más bien institucional y oficial, en cambio la creatividad es siempre de base, no organizada ni pauteada, autónoma y radicalmente libre. El arte está digamos en medio de ambas, con un pie en la cultura como legitimización y con el otro en la creatividad como agenciamiento. La poesía, desde este sentido, adquiere un prisma distinto, pues podemos pensar en una poesía más bien cercana a lo cultural y otra más nómade que se escapa de eso creativamente. Así tú mismo puedes hacer un análisis con respecto a esos parámetros. En Chile vivimos una hipocresía cultural bastante interesante. Por una parte es efectivo el estreñimiento de lo estético como prioridad nacional, pero como objeto cultural de exportación la poesía chilena, la música tradicional o las artes visuales por ejemplo parecieran ser punta de lanza de una convivencia cultural fulgurante. Lo que en último término quiero decir es que el ‘Chile, país de poetas’ es cierto cuando no eres de Chile y no eres poeta. Por esa misma razón en parte y otras más bien personales es que está última década he estado en un constante movimiento a nivel latinoamericano, donde he podido corroborar la importancia fundamental de lo que es la poesía latinoamericana como genealogía y devenir. De hecho es mi tema principal de trabajo ahora. Se está publicando una trilogía de la novísima poesía latinoamericana llamada 4M3R1C4, la primera se publicó el 2010 por Ventana Abierta acá en Chile, este año aparece el segundo volumen en México y ya trabajo en el tercero. En total reúne a 120 poetas de todos los países de Latinoamérica nacidos entre 1976 y 1996. A la vez reúno varios ensayos sobre el tema y preparo otras compilaciones más específicas. Será quizá un mea culpa del hecho de que de poesía chilena se sabe aunque sea un poquito en cualquier parte del continente, en cambio tú le preguntas a un poeta chileno promedio sobre poesía salvadoreña, paraguaya, venezolana o panameña y no tienen idea. La poesía chilena es muy soberbia y uno tiene que empezar a pagar esos platos rotos abriendo lecturas a nivel continental tanto con lo que están haciendo los jóvenes novísimos como con lo que se hizo desde comienzos del siglo pasado por ejemplo con las vanguardias andinas con Gamalilel Churata o Arturo Borda, o las vanguardias caribeñas con el Postumismo o Vedrinismo que son geniales.

Esta pregunta es frecuente, pero quiero hacértela: ¿cómo ves tú el futuro de la poesía chilena? ¿Hay un futuro para la poesía chilena?

Sí, será un futuro esplendoroso, pues la poesía ya con Nicanor Parra dejó atrás lo pesado que te decía de la cultura, y con lo que se hizo en los setenta y ochenta adquirió una nueva densidad fuera del arte, otra exterioridad como la que le dio Raúl Zurita con los poemas en el cielo o el desierto. Ahora viene el cruce entre poesía y creatividad y esa es lo que están haciendo los chicos y chicas que nacieron en los 90. Es una nueva revolución que los neo conservadores querrán combatir a brazo partido. Y ese es su triunfo ahora sin siquiera haber siquiera comenzado la pelea.

 

Foto: consulta-previa.pe

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