Revista Intemperie

Adiós mi amor, adiós discusión

Por: Federico Zurita Hecht
adios mi amor

Federico Zurita asiste a un espectáculo evasivo, un diálogo entre mujeres y amantes que buscan mantener la unión perdida

 

Adiós mi amor es un drama musical cuya acción dramática se distiende a partir del eje propuesto por el drama La voz humana de Jean Cocteau y diversos tangos. Esta fusión se introduce, por un lado, en preguntas relacionadas con una sensación de abandono que sería propia del ser humano en un momento de la historia de occidente y construye, por otro, una representación, a modo de “tipo”, del género femenino que, aunque no ha sido superada por la sociedad patriarcal de la que formamos parte, parece, hoy en día, ser más proclive a la condena de los sectores progresistas de nuestra comunidad nacional. Por último, además de lo antes mencionado, que, “a su pesar”, revelaría esta puesta en escena, pareciera que su mensaje social explícito estuviera dirigido a la formulación de un espectáculo erguido sobre la forma de la música desvinculada de un contexto histórico. Este vaciado de ideas mantiene, por supuesto, una dimensión ideológica de línea conservadora: el espectáculo evasivo.

La acción, que se lleva a cabo con un pianista, un violinista y un contrabajista en escena, se centra en el diálogo telefónico que llevan a cabo dos mujeres con sus respectivos amantes (una de ellas, la mayor, mantenía una relación con otra mujer) que las acaban de abandonar. En las palabras de ambas se manifiesta el lamento de la pérdida que fluctúa entre el intento de aceptación y la angustia del desconsuelo. Entre la aceptación y el desconsuelo es que circulan los tangos con sus versos de sufrimiento y una atmósfera de trasnoche. El lamento de estas dos mujeres, envuelto en música y humo de cigarrillos, parece analogar su experiencia con el lamento del ser humano que descubre que forma parte de una totalidad perdida (el fin de la relación de los amantes como símbolo de aquello). La fragmentación del todo empuja, entonces, a la especie humana a la nostalgia de aquello que la completa. Las mujeres que forman parte de la acción en Adiós mi amor buscan mantener la unión perdida a través de un cable telefónico.

Sin embargo, en la década de 1930, cuando Cocteau escribe su drama La voz humana, las visiones progresistas sobre los géneros probablemente no poseían la fuerza que poseen hoy. Esto, sumado al hecho de que en esta obra francesa la abandonada fuera sólo una mujer, imposibilitaba que pensáramos a los personajes como “tipos” sociales. Con Adiós mi amor, en cambio, la presencia de dos mujeres lamentándose al teléfono intensifica la noción de “tipología”, en este caso del género femenino. De esta forma, a comienzos del siglo XXI, esta obra proporcionaría un juicio en torno a la visión de los géneros: la mujer sólo se completa en la pareja y ese es su drama más importante. Aquí, la pareja constituiría un símbolo diferente al de la totalidad perdida desarrollado en el párrafo anterior. La pareja allá es la sociedad y su nostalgia en un momento histórico con una visión pesimista, acá es el sustento de “lo femenino”. Podríamos esgrimir que esta figuración de la realidad denuncia esta visión en que pensamos a la mujer como incompleta si no se hace acompañar, aunque sea de un amante. Si así fuera, sus dos personajes serían portavoces de la historia de la cultura occidental en un sentido subversivo. Sin embargo, Adiós mi amor busca que el espectador genere empatía con el padecimiento de las protagonistas. Esa empatía impide que el público juzgue sus posiciones simbólicas y frena la posibilidad de que finalmente se construya una denuncia. Lo que ocurre más bien es que el espectador, envuelto también por la música y el humo, anhela, junto con los personajes, la reunión de lo que se acaba de descomponer: la pareja. Indudablemente siguen siendo portadoras de la historia, pero de la que construye la clase dominante.

Finalmente, pese a que es posible introducirse en las dos discusiones antes mencionadas, ninguna de esas dos pareciera ser el mensaje social explícito que Adiós mi amor buscaría formular. El tango se introduce de forma forzada y más parece ser este un espectáculo que busca contar una historia sólo como excusa para subir al tango al escenario. Desde esa perspectiva la fabulación es lo menos relevante y tanto la totalidad perdida como los “tipos” femeninos serían un accidente discursivo. El discurso de Adiós mi amor es, más bien, la ausencia de discursos, lo que convierte este montaje en un show de tango (tipo de espectáculo que no está siendo cuestionado por este crítico) con ropaje de teatro. Así, su traje parece invisible y su desnudez devela las marcas de un teatro inútil, el de la era del nomeimportismo.

 

Adiós mi amor

Dirección: Miguel Ángel Bravo.
Elenco: Silvia Gaudín y carolina Spencer.
Músicos: Miguel Bahamondes, Daniel Baeza y Eduardo Quezada.
Sala: Teatro Bellavista. Dardignac 0110, Providencia.
Fecha y hora: todos los viernes y sábados de julio a las 21 hrs.

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.