Revista Intemperie

¿Tienen sentido las primarias?

Por: Intemperie
primarias

Con un nivel de convocatoria aún en la incógnita se desarrollan las primarias bajo el cuestionamiento si efectivamente la cultura estaría perdiendo interés para los chilenos

 

Hoy domingo se celebran las elecciones primarias, mientras el país reflexiona sobre la desafección de la ciudadanía respecto de la política, y el distanciamiento de los candidatos respecto de los “problemas de la gente”. Pese a lo anterior, las primarias han sido sin duda uno de los principales temas de preocupación de los medios de comunicación, y un comentario obligado en las redes sociales durante todo el último mes. Asimismo, aún en el caso de que votara solo un millón de personas (una estimación conservadora), se trataría de una cifra difícilmente despreciable. En una sociedad hecha de “minorías”, donde los temas de interés y la participación se desintegran cada vez más en pequeños grupos de referencia y gustos particulares, que una actividad esencialmente voluntaria convoque un millón de ciudadanos, habla de una participación política todavía vigente y relevante.

Quizás la pregunta por el sentido de las primarias se relacione más bien con la real diferencia entre los distintos candidatos. Según muchos el proyecto de la Concertación y el de la Alianza han tendido a converger durante los últimos años, transformándose en dos caras de una misma moneda, con solo matices de diferencia. En el mundo de la cultura, tradicionalmente cargado a la izquierda de forma casi total (en la campaña de Piñera, el Comando Cultural estaba integrado  por Marlen Olivari), tiende a recibirse con holgura la idea de que ambas coaliciones simplemente se limitan a administrar el mismo sistema neoliberal. Desde esta óptica, participar en las primarias no tendría mucho sentido por cuanto sólo serviría para validar al “administrador” del modelo. Esto no se trata por supuesto de una posición única en el mundo de la cultura, y muchos representantes de éste han manifestado apoyo por un candidato en particular, pero sí se trata de una posición extendida.

En este sentido, las primarias servirían más bien sólo para posicionar o dar a conocer distintos candidatos y promover malamente la idea de que existen más nombres, más propuestas de centro izquierda que sólo el de la ex presidenta. En este caso, no habría proyectos políticos esencialmente distintos, más allá de ciertas diferencias en temas “valóricos” que se utilizan para justificar algún grado de debate. De cualquier forma, la probabilidad de que vuelvan a trabajar juntos como antes, en un futuro próximo, no estaría muy lejana.

El caso de la derecha no es distinto. Pese a que quizás ningún candidato prende por si solo, se los ve más bien juntos en la “pelea” por el poder. Lo que los diferenciaría serían algunas nociones en torno a temas valóricos, nada más. La gran diferencia que proponía el exitoso ex ejecutivo del retail, terminó de la peor manera, aun cuando es cierto que aún no está escrito el ultimo capitulo de esa telenovela. Corren los rumores que en caso que pierda Longueira, Golborne podría resucitar su campaña, ahora como independiente, convencido profundamente (vaya a saber en qué funda dicho convencimiento) que él es una real alternativa para la derecha.

Por último, es necesario destacar que en estas primarias la cultura brilla por su ausencia. Salvo José Antonio Gómez, que firme como un Quijote ha propuesto eliminar el IVA a los libros (sin mayor repercusión), ningún otro candidato ha planteado propuestas que atraviesen el muro mediático. Actualmente, por ejemplo, se encuentra en discusión la posibilidad de crear un Ministerio de Cultura (que reemplace el actual Consejo), pero no ha habido un debate real al respecto en el contexto de la campaña. Asimismo, el cierre de teatros independientes ha suscitado un amplio debate, que ha profundizado el cuestionamiento a la principal  política cultural de la Concertación: el FONDART y los Fondos Concursables. Sin embargo, ninguno de estos temas siquiera se ha asomado a la agenda de las campañas, para no hablar de los debates televisados.

En la anterior elección presidencial, el tema de los subsidios estatales a la cultura llegó hasta el mismo debate presidencial entre Frei y Piñera, lo que sirvió de paso al actual Presidente para plantear su genial idea de subsidiar aquellos libros más exitosos según el mercado. Pero a la fecha nada similar ha sucedido. ¿Será que la cultura está perdiendo interés para los chilenos? O bien que el vínculo entre cultura y política se hace cada vez más tenue? Quizás la responsabilidad sea de los creadores, o de los ciudadanos en general vinculados al mundo de la cultura, que no presionan por un mayor pronunciamiento público de los candidatos respecto de estos temas. Si en época de elecciones, que es cuando es posible extraer promesas del mundo político, no se pone este tema en el debate, ¿qué quedará para el resto del año? Con toda probabilidad será barrido debajo de la alfombra, con mucha mayor rapidez que cualquier otro tema.

Habrá que esperar que comience la carrera a la elección oficial y entren al ruedo también los candidatos independientes, para advertir una verdadera pluralidad de opiniones. Quizás entonces surgirá mayor presión popular por poner en el debate los temas que realmente interesan a la gente, entre ellos la agenda cultural que hasta ahora parece desenvolverse completamente al margen de la política. Hasta que esto suceda, seguiremos atascados en elegir un par de nombres entre candidatos tan parecidos que llegan a ser amigos, los mismos que  saben que tienen agarrados del cuello a los electores, que tarde o temprano terminarán votando por ellos. Electores que, por su parte, tampoco han hecho mucho por tomar un rol activo en la vida política de la nación, dejando en manos de otros la elección del candidato que a la larga tomará decisiones radicales sobre sus propias vidas.

 

Foto: 24horas.cl

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