Revista Intemperie

Los Sopranos. Morirás en tus propios brazos.

Por: Vladimir Rivera Órdenes
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Vlad Rivera busca desentrañar los porqué detrás de la exitosa serie de la televisión norteamericana, a días del fallecimiento de su figura principal.

 

En la vida hay dos tipos de personas: Los Sopranistas y los Wireristas. Está claro que los primeros son seguidores de Los Sopranos; los segundo de The Wire. Ambas series marcan la edad adulta de lo que nosotros conocemos como televisión, pero sobre todo, instalan el género a nivel nunca antes conocido, comparados incluso con El Quijote o Moby Dick.

Está claro que Los Sopranos es el Quijote. Se estudia en la universidad, se han escrito cientos de ensayos; ya son parte de la cultura popular, iconoclastas. En la película Social Network uno de los hermanos Winklevoss dice que la única posibilidad de resolver el tema con Mark es trayendo a los Sopranos. Sin embargo, a mí, en lo personal, me hubiese gustado escribir sobre el tema “Los Sopranos como discurso ideológico anti Bush” o sobre “La física cuántica (el Gato de Schrödinger) aplicada en la estructura de Los Sopranos; o también haber escrito sobre la influencia de Los Sopranos en el cine de los hermanos Cohen o quizás algo relacionado con la filosofía de Los Sopranos aplicadas a las Pymes chilenas (un estudio sobre el mercado a pequeña escala) o quizás haber profundizado en la eterna disputa de si la mejor serie es Los Sopranos o The Wire; pero murió James, el gran James Gandolfini.

Gandolfini, un Gary Cooper de 120 kilos.

¿Qué tiene Tony Soprano que seduce a las mujeres? ¿Qué hace que para cientos de personas sea un alter ego en el cual quisieran reflejarse?

Tony Soprano es el macho alfa que todos quisiéramos ser; es el padre de familia que sale de casa y vuelve con el sustento a cuesta de cientos de muertos. Es el hombre común y corriente que teme a los terroristas islámicos, el hombre que cree en las tradiciones, que odia a los gay. Es el que alimenta a los políticos para sus campañas; es el que recoge la basura y la mierda de la ciudad (es dueño de los camiones de basura).

Tony Soprano es quien compra un Hummer y le importa un comino el calentamiento global; es quien da regalos a su esposa y es capaz de agrandar su casa o comprar una en la playa, a costa de mancharse las manos con sangre y; sin embargo, Tony es tan cercano. Tanto como tú o yo.

Es el monstruo que hay en cada uno de nosotros, es el capitalismo de clase media; salvaje y devastador.

En una conversación entre Carmela Soprano y la Doctora Melfy, ésta última le pregunta si sabe que su marido es un mafioso. Carmela le responde: “Cada vez que Tony me visitaba cuando éramos novios, me traía flores o regalos y yo sabía dentro de mí que a alguien le había roto las piernas”.

¿Qué sentirá la esposa de Horst Paulmann cuando éste regresa a casa con regalos, con viajes, con lujos? ¿Qué sentía Lucía cuando José Augusto le regalaba Chile? ¿Qué sentirá la esposa de Laurence Golborne cuando su marido subía los intereses unilateralmente a miles de personas desposeídas? …no mucho, ya que ellos están en las ligas que Tony Soprano nunca rozaría. Esa mafia a Tony no le interesa. Tony es el operador de los sindicatos, es el amigo del martillero público que concerta los precios de los remates; el dueño de una línea de buses que sube los precios en el verano; es el amigo de Jhonny Sack (Labbé) que no quitaría la basura en la embajada de Inglaterra. “Sólo jodemos al que merece ser jodido”- decía el gordo Tony.

Pero nadie tiene la seducción de Tony. Y nadie, como David Chase, que a través de los ojos de Tony Soprano nos muestra lo más lacerante de nuestra sociedad.

¿Cuántos muertos cargas en tus espaldas Tony Soprano? ¿Cuánta sangre en tus manos?

Y te hablaré como amigo. Me afectó la muerte de Ralph Cifaretto (Joe Pantoliano). Sí, Ralphi, ese puto gánster que debió morir en la primera temporada. Recuerdas Tony, dejaste que matase a una bailarina, y no hiciste nada para impedirlo. Ella era una chica que venía a probar suerte a la ciudad. Dejaste que Ralphi viviese en la segunda y en la tercera temporada; que tirara con Janice, tú hermana, o casi pone en peligro tu trabajo al enfrentar a Jhonny Sack; pero lo que no le permitiste es que matara a su propio caballo. Ralphi necesitaba dinero para curar a su hijo, grave, pero tú Tony, te dolió tanto lo del caballo que mataste a Ralphi justo cuando él no quería dejar sólo a su hijo. No le dejaste ser otro hombre. No le concediste la redención.

O Cuando mataste a tu primo Tony Blundetto (Steve Buscemi) o cuando, ya casi al final, después del vuelco en auto junto a Chris, ya enrielado, a punto de ser padre y tú, Tony, apretaste su nariz y lo mataste.

Claro, es cierto, ninguna era una blanca paloma; pero justo elegiste los momentos cuando pedían ser otras personas y abandonar el sistema. “¿retirarse? -diría Junior Soprano- ¿acaso esto es la puta marina?

Cuántas vidas soporta un hombre.

¿Y si Tony nunca fue Tony Soprano? ¿Y si sólo era un pobre hombre que soñaba con ser dueño del mundo? ¿y si existen dos Tony en universos paralelos como esos cuentos de teoría cuántica?

Y si de repente, Tony era un hombre de negocios, sensible, tierno, como se muestra en la sexta temporada, un vendedor viajero que recorre EEUU y que su esposa lo espera en New Jersey. Tony siempre fue un hombre que sufrió de alucinaciones, un adicto al Prozac. Y, como el Quijote, un día decide vivir una aventura. Y si en el siglo XVI era ser caballero andante; el XXI, es ser mafioso.

Esta vida es difícil de soportar y Tony lo sabe. Por eso, se inventa a Soprano; pues Tony Soprano tiene una linda casa en las afueras de la ciudad; en la piscina hay patos (donde casi ve morir a su hijo); porque Tony es sólo un muchacho que amaba las películas de Gary Cooper. Tony Soprano tenía una banda, donde él era el líder, donde manejaba autos del año, donde cada temporada tenía una nueva amante, sea rusa, latina, una mujer de negocios, lo que fuera, siempre había una hembra para satisfacer al macho. En la vida que inventó Tony, su alter ego, Tony Soprano era el Rey.

Quizás por lo mismo nos gusta tanto Tony Soprano, porque es como soñamos cuando cerramos los ojos; porque a nadie le gusta esta vida de mierda, los viajes en metro, los cobros de las Isapres (bueno, esos son mafiosos mayores y también Tony Soprano sufrió con los cobros del sistema), las miserias del laburo.

Nadie quiere ser sólo Tony.

“El mundo es una jungla. Y sí quieres mi consejo Anthony, no esperes felicidad. Te abandonarán, tus amigos te traicionaran y nadie recordará tu nombre. Morirás en tus propios brazos” sentencia su madre y le deja, lacerante, este recuerdo.

Y quizás esa fue la última frase que se dijo a sí mismo James Gandolfini, el hombre que un día fue los dos Tony, el que quería ser Gary Cooper y el otro, el hombre que alguna vez asoló New Jersey.

 

Foto: HBO

Un comentario

  1. m dice:

    Hermosa y certera lectura Vlad.

    Un abrazo.

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