Revista Intemperie

Johnny Herrera, consumo de alcohol y condena social

Por: Intemperie
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Vidia Gutiérrez analiza el vacío legal y el “vacío social” detrás de un caso mediático frente al que mucho rasgan vestiduras, probablemente con un trago en la mano, pensando siempre que “los monstruos son otros”.

 

Johnny Herrera fue encontrado culpable de atropellar y dar muerte a Macarena Casassús y es bastante probable que, dado la baja penalidad que la ley chilena asigna a este tipo de casos, además de varias circunstancias atenuantes, no pase un solo día en la cárcel. Y no se trata de privilegios por su fama, como tan majaderamente se ha pregonado. La estrella futbolística caminará por las calles tan libre como cierto conductor de micro que una vez me chocó por detrás y huyó. Tras la denuncia, tuve acceso a información sobre él: condenado por cuasidelito de homicidio con resultado de muerte, como Herrera, seguía autorizado a manejar y nada menos que como conductor profesional.

Cada cierto tiempo, a propósito de algún caso bullado como éste, el debate público se centra en esta falencia de la legislación chilena. Incluso hace poco se hizo un cambio en la ley, que baja los estándares para tipificar la conducción en estado de ebriedad, mas no se aumentaron las penas para quienes se vean involucrados en accidentes por esa causa. Cabe preguntarse, entonces, a quién castiga esta ley. Quienes solían beber moderadamente, dentro del margen en que la ley permitía conducir, ahora no pueden hacerlo. Quienes nunca respetaron esos márgenes ni tienen problemas en ponerse tras el volante completamente ebrios, siguen haciéndolo porque para ellos la situación no ha variado.

En el caso de Herrera, pese a que la alcoholemia del Servicio Médico Legal reportó cero, él admitió haber bebido un vaso y medio de vodka, una cantidad que difícilmente podría haber emborrachado a un hombre de su condición física al punto de no poder conducir. De acuerdo a los parámetros de la ley antigua, correspondería apenas a conducción bajo la influencia del alcohol (no obstante, deficiencias en las pruebas no permitieron ni siquiera acreditar eso). La causa real del accidente fue el exceso de velocidad, cosa que resulta evidente dado el estado de destrucción en que quedó el cuerpo de la víctima. Embestida a 80 o más kilómetros por hora, por más sobrio que hubiera estado el conductor, la muerte se hubiera producido igual.

Resulta extraño que el foco de la condena social y del cuestionamiento a la justicia se centre en el consumo de alcohol en un país como éste, donde el consumo de alcohol no sólo es una costumbre generalizada, sino que, además, los excesos son bien vistos. En las mismas redes sociales donde hoy se lincha virtualmente a Johnny Herrera, podemos ver todos los días a muchos relatando sus borracheras y a otros tantos más celebrándoselas. La legislación chilena en este punto es un reflejo bastante exacto de nuestra sociedad: mucho ruido y pocas nueces. Controles policiales y multas para desincentivar la conducta, pero penas irrisoriamente bajas para quienes de verdad causan accidentes.

Habría que saber qué hacen esas mismas personas que rasgan vestiduras en Twitter, Facebook o en comentarios de medios digitales, cuando se encuentran en situaciones sociales rodeados de amigos y conocidos, cada uno con un trago en su mano. ¿Se preguntarán cuántos de ellos vuelven a sus casas manejando un automóvil y los calificarán como potenciales asesinos? Por supuesto que no, hacer tales cuestionamientos no es aceptado socialmente. Cosa distinta es hacerlos detrás del teclado y dirigiéndose a una distante figura mediática, una forma de sublimar una crítica que no se atreven a hacer en su entorno inmediato por miedo al rechazo. O tal vez no es tanto cobardía como una forma de auto convencerse de que los monstruos asesinos que beben alcohol y manejan, causando muertes y mutilaciones son otros, no tienen nada que ver con nosotros, no son de los nuestros.

 

Foto: 24horas.cl/Agencia uno

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