Revista Intemperie

Johnny

Por: Patricio Lillo
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A la espera de la condena al arquero de la Universidad de Chile, al igual que Chile espera, como un Johnny cualquiera, en la cola de los países en vías de desarrollo.

 

Johnny Herrera fue declarado culpable de cuasi delito de homicidio. Ese arquero monumental y orgulloso. Arquero monumental; quién más achica con esa velocidad, con su rodilla derecha flectada y los brazos extendidos, moviéndose como un extraño y enrome animal ¡Cómo lo hace! Y se abalanza así torcido sobre un rival que presiente no le quedan más que milisegundos para tomar una decisión desesperada. Arquero orgulloso; si no llega no se lanza. No está para engalanar goles ajenos.

Johnny Herrera espera ahora sentencia. Ojalá sea una sentencia justa. Para él y para la familia de la mujer que mató accidentalmente, y comenzar entonces a cerrarle la puerta a tamaña tragedia. Y quién sabe cómo irá a terminar todo esto pero al menos ya hay un hecho indiscutible; ese tribunal va a tomarse su tiempo con Johnny Herrera, el arquero monumental y orgulloso. A pesar de llamarse Johnny, nombre de preso, ese tribunal va a tomarse su tiempo. A pesar de llamarse Johnny, nombre de limpiador de auto, nombre de junior en la cola del banco que paga las cuentas de luz a jefes que paren hijos a los que no bautizan Johnny –«Este banco acepta el pago de cuentas hasta las 10:00 AM»-, porque este Johnny no es un simple pirateador de cedés ni un curadito de esquina. A pesar de llamarse Johnny, nombre de primera generación en universidad sin biblioteca, nombre de cientos de miles, de millones, este es otro tipo de Johnny.

El fallo de este Johnny, el arquero monumental, no será escrito justo antes de la hora de almuerzo –son diez para la una, tengo hambre–, en el país con más presos de Latinoamérica según dicen esas cifras que reiteradamente atiza tal o cual ONG, en un país con sesenta mil personas arrestadas al año por consumo de drogas ya que dichas drogas les hacen mal a ellos mismos, señaló el legislador. Ni esperará este Johnny su sentencia detenido en una cárcel concesionada a riesgo de morir en un incendio causado por un esqueleto angustiado con piel de lagarto y vientre lleno de tajos que le prende fuego a un colchón y vamos corriendo.

Será, el de este Johnny, un fallo escrito con detención, apegado al código civil y a la constitución, acorde a la Convención Americana de Derechos Humanos y al convenio 189 de la OIT y a la ratificación de no sé qué, tratados firmados a punta de pistola por el embajador de Chile ante la ONU para suplir las fisuras de nuestro ordenamiento jurídico ya que, sépalo, de otra forma no nos hubiesen invitado a las conferencias del grupo ese de países desarrollados, club de amigos en el que hacemos de Johnny, el Johnny de la OCDE, aún cuando cada año en Londres o Vancouver o Helsinki nos esforzamos por lucir nuestro descapotable de veinte mil dólares per cápita, cada vez más reluciente, con la cabellera al aire y la música a todo dar, porque nosotros también somos otro tipo de Johnny.

Si a fin de cuentas de eso se trata; mostrar ser otro tipo de Johnny, para que las estatuas ciegas y los bustos de los palacios de justicia enderecen el espinazo y se acomoden en las poltronas y se tomen así su tiempo, para que los fiscales y los defensores se tomen la molestia de prender el aire acondicionado en esas tórridas tardes con el sol golpeando de lleno en los nuevos edificios, para que cuando sea nuestro turno de chocar ebrios, de hacer quebrar un banco, de tanta tragedia que ocurre –si es cosas de mirar los diarios–, baste con ofrecer disculpas y bajar la mirada y, si dios quiere, ser condenado a menos de cinco años y un día para quedar en libertad con firma mensual y no verse obligado a ir a la cárcel a que un lagarto seco angustiado te pegue un punzazo o te mueras en un incendio, para que lo último que escuches no sean los gritos de un pirateador de cedés y un curadito de esquina cuyos cuerpos calcinados aparecen luego en vivo en las noticas de las seis.

 

Foto: cooperativa.cl

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