Revista Intemperie

Cristián Warnken o cómo hacer televisión cultural hoy

Por: Daniela Buksdorf
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A semanas de que el programa dejara la parrilla del canal estatal, Daniela Buksdorf reflexiona acerca de su salida.

 

Es impresentable que el canal de televisión de todos los chilenos elimine de su parrilla programática el único programa de contenido cultural/intelectual que había al aire, mientras gasta tremendos presupuestos en campañas publicitarias de teleseries y programas sin contenido cultural. Menos cultura, más basura, parece ser la consigna actual de TVN.

Pero hay algo en lo que me gustaría detenerme, y es en el programa mismo. Una belleza nueva es el sucesor de La belleza de pensar, que fue emitido largo tiempo por el canal de cable ArTV, y conducido por esta especie de quijote de la cultura nacional, Cristián Warnken. Manteniendo el formato, estudio sobrio y un invitado del mundo cultural/intelectual, el programa desarrollaba la larga y sesuda entrevista de Warnken.

Y es aquí, en la entrevista donde me vuelvo a detener. Me pasó varias veces, ver en más de uno de los capítulos en que habían entrevistados excelentes, como Mario Vargas Llosa, Roberto Bolaño o Alejandro Jodorowsky, a los que el entrevistador en lugar de escuchar y dejar explayarse en sus diversos temas, los invadía constantemente con preguntas extensas y reiterativas, que parecían más bien la exposición de una tesis que una pregunta que debía ser respondida (o en este caso tal vez, debatida).

Entiendo que el amplio conocimiento y acervo cultural de Warnken es indiscutido y como tal, puede hacer ese tipo de preguntas, pero, en un programa acotado a un horario específico, ¿no sería mejor dejar a su entrevistado explayarse de manera propia sobre sus contenidos para que la audiencia, la “masa”, pueda recibir la información desde la fuente directa?

Tal vez, el formato de Una belleza nueva no es el adecuado para un soporte tan masivo como la TV abierta, por algo se emitió durante tanto tiempo en un canal de cable dirigido a un nicho, y al traspasarlo a un medio monstruosamente masivo se debería haber adaptado en función de este público. Creo que aquí es adecuado pensar en traspasar los mensajes de una manera simple y directa ¿no es esa la gracia entonces, la de transformar el conocimiento en algo de acceso a todo público, sin grandes preámbulos? Es una tarea titánica luchar contra las tendencias actuales, llenas de estímulos visuales y auditivos (cada vez es más común ver a los animadores de TV gritando o haciendo el ridículo) y esperar que todos se cautiven con ese formato austero centrado en el contenido, que es presentado con un preámbulo espeso y a veces confuso para un espectador que sólo busca contenido de calidad. Es idealista, casi quijotesco, pensar que ese formato, formulado para un canal de nicho funcionaría en la máquina masiva. ¿Puede ser ambición entonces, o tal vez ego me pregunto, intentar hacer triunfar en un gigante un formato ideado para un nicho?

Entiendo que la cancelación del programa se debe a una decisión del propio Cristián Warnken, quien encuentra una “humillación” el cambio de horario de su programa a las 8 de la mañana, adelantándolo una hora en comparación a su horario habitual. Está de más discutir la poca sintonía que obtendría a esa hora, pero no estoy segura que esto sea una humillación. Para tratar de entender esto, creo importante analizar el carácter romántico y quijotesco de Warnken, quien en el programa Mentiras Verdaderas de La Red, se refirió a la situación de su programa y al acontecer nacional. Warnken es un idealista, y como tal, busca ideales, escenarios óptimos en toda situación, cosa que todos sabemos es bastante difícil que ocurra. Parece poco práctico, poco realista, tal vez demaciado enamorado de sus ideales, como muchos lo fuimos a los 18 años, pero a medida que nos convertimos en adultos nos dimos cuenta que era mejor luchar por cosas reales y objetivos alcanzables.

Una muestra clara de ese idealismo se puede observar en la entrevista que se le realiza en la revista Sábado, del diario El Mercurio, en la que cuenta sobre su nueva bandera de lucha; que se dedicaría a potenciar su programa, para lo cual debió hacer cambios importantes en su forma de vida, como cerrar una tarjeta de crédito, bajar el plan de Isapre y volverse un peatón. Es valiente Warnken, arriesgarse por su programa es creer en el proyecto a ojos cerrados, pero bajar el plan de la Isapre y dejar el auto en la casa es algo que muchos chilenos debemos hacer por necesidad más que por valentía.

En fin, creo indiscutible la necesidad de espacios culturales en la TV, así como creo que con la salida de Una belleza nueva, se abren también nuevas necesidades: desarrollar formatos más amigables y empáticos con la audiencia de hoy, que se contacten con el público y generen mayor interacción para así cautivar a esta masa esquiva que son los televidentes. Mientras tanto, la TV nos seguirá entregando cualquier cosa que marque rating, los auspisiadores seguirán invirtiendo en espacios publicitarios para llenarse los bolsillos, y la televisión abierta continuará esquivando la difusión de contenidos de calidad.

 

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Un comentario

  1. Estoy totalmente de acuerdo. El programa de Warnken era bueno, pero se dirigía a muy pocas personas y sus preguntas interrumpían demasiadas veces a sus invitados cuando estaban explayándose en la presentación de sus ideas. Quizá estas interrupciones hayan sido una estrategia para dar dinamismo al programa, no lo sé. ¿Cómo hacer televisión cultural? Difícil pregunta que tendrían que responder los mismos televidentes. Una primera respuesta es que debiese ser televisión audiovisual, y no de solo audio como pasa con “Una belleza nueva”, que funciona mejor como programa de radio que de televisión (por esto, recomiendo la descarga de podasts del sitio web del programa).

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