Revista Intemperie

Orwell y la pesadilla del gran hermano hecha realidad

Por: Luis Felipe Torres
1984

 

La primera noticia que tuve de la existencia de Edward Snowden fue una caricatura que aparecía en uno de los diarios de mayor circulación de China, país donde vivo. En un recuadro, pintada a lápiz grafito, aparecía la Estatua de la Libertad quien, con cara compungida, era espiada por su propia sombra. El chino-mandarín no es mi fuerte pero igualmente entendí que algo grave había sucedido.

Pronto me enteré de quién era este tal Snowden –ex contratista de la NSA y de la CIA–, y del tenor sus declaraciones. Por último, y a estas alturas ya estaba sorprendido, me enteré dónde se había refugiado: Hong Kong. En una entrevista otorgada al South China Morning Post, Snowden resaltaba el  compromiso que allí tenían “con la libertad de opinión y con el derecho al disenso político”.

En eso estábamos de acuerdo, en principio.

Es difícil reflexionar acerca del revuelo que causaron sus revelaciones, o de hasta qué punto éstas puedan ser verdaderas. Lo impactante –a estas alturas– no es que la privacidad de los usuarios haya sido, y siga siendo, vulnerada (¿quedaba alguien que aún creyera que nada de esto ocurría?) sino la magnitud, la frecuencia y la sistematicidad con que esto se lleva a cabo. Primero, la NSA creó una base de datos donde almacenar cientos de millones de llamadas telefónicas; luego, tras aliarse con el FBI, creó un mecanismo para espiar directamente a nueve empresas proveedoras de Internet, copiando el contenido transmitido –texto, imágenes y un largo etcétera– y vertiéndolo en sus propios servidores.

La situación se me apareció como una distopía orwelliana, revisando las listas de best-sellers me enteré que no sólo a mí se me había ocurrido.

1984

Esa noche leí 1984 hasta la madrugada y decidí escribir este artículo.

La historia comienza el 4 de abril de 1984, en pleno puerto de Londres, una ciudad raída por la guerra y los años, absorbida por un mega-estado llamado Oceanía y cuyo máximo líder es conocido como El Gran Hermano. El  protagonista de la novela, Winston Smith, aparenta ser un burócrata más al servicio del Partido, sin ambiciones ni albedrío, aunque internamente libra una batalla por su libertad. Lleva un diario de vida, inicia un romance con Julia, una mujer joven y valiente, y se une a la resistencia, liderada por el enigmático Emmanuel Goldstein.

George Orwell, ya enfermo de muerte, entre sus últimos estertores nos regaló una obra notable: la fuerza de su narrativa no radica en la historia de amor (y de traición) de sus personajes sino en todo lo que los rodea. En su ambientación: un futuro en donde la verdad es provisoria, la guerra es eterna, la ignorancia es fuerza, el estado es omnipresente y en el que el individuo está supeditado a un ente mayor e inefable: el Gran Hermano.

Nos dice Orwell, a través de su narrador:

“El ser humano es derrotado siempre que está solo, siempre que es libre. Ha de ser así porque todo ser humano está condenado a morir irremisiblemente y la muerte es el mayor de todos los fracasos; pero si el hombre logra someterse plenamente, si puede escapar de su propia identidad, si es capaz de fundirse con el Partido de modo que él es el Partido, entonces será todopoderoso e inmortal.”

De vuelta al siglo XXI, los paralelismos con nuestra realidad abundan, pero así también abundan sus divergencias[1]. No sé, quizás peco de optimista, pero me da la impresión de que Orwell exageró su premisa para causar mayor impacto. Desconozco hasta qué punto sus motivaciones eran puramente literarias o –tal como se presume hoy– si su único objetivo era advertir a sus contemporáneos sobre la amenaza soviética. Pero estoy seguro de que si yo tuviera el privilegio de compartir con él una taza de café y de narrarle los acontecimientos, no digamos de los últimos setenta años sino de los últimos días, su mandíbula se desencajaría y una sensación de pavor le recorrería el espinazo.

Quizás no tomaríamos café sino whisky con hielo.

En cuanto a este señor Snowden, si lo que dice resulta ser cierto, sólo puedo desearle lo mejor. Esto es, que no lo extraditen a Estados Unidos y que pueda echar raíces lejos de América y del Gran Hermano.

 


[1] Pese a todo, me cuesta enumerarlas.

Foto: 1984 (fotograma), Michael Radford, 1984.

2 Comentarios

  1. Adrián dice:

    Luis,

    Me da la sensación que pasa con internet lo que pasaba hace muchos años atrás con los teléfonos. La policía recurre a estos métodos porque quizás no son muy eficientes en su inteligencia. Y, por supuesto, es mucho más fácil espiar -como era antes- las conversaciones telefónicas, o -como es ahora- todos tipo de comunicaciones que tenemos en la red (Facebook, email, Twitter, Google, etc). Publicamos todo lo que hacemos y pensamos, era imposible que esto no sucediera, más con un país tan odiado como EE UU. Piensa tu qué pasaría si vuelven a tener un atentado tan grande como el 11S, ¿qué harían? Finalmente aprobarían un proyecto aún peor que este y las libertades civiles tan apreciadas en Norteamerica serían finalmente olvidadas en aras de detener los ataques.

    Además, se les pide que sepan con anticipación hasta los atentados locales, como el ocurrido en Boston. Es imposible que lo hagan de otra forma si quieren anteponerse a los ataques.

    Saludos,

    Adrián

  2. joan dice:

    lo de orwell es siempre una vuelta al mundo distopico que hoy vivimos. a pesar de la ilusion positivista logica de que la tecnologia es el nuevo dios, la verdad es que hay muchos humanos en la tierra, nos estamos comiendo todo y generamos basura y contaminacion en todos los rincones. no saber esto creo que ya simplemente no ocurre, y los problemas estan porvenir… ahora el espionaje, la vulnerabilidad de nuestros secretos y le vigilancia 24hrs es algo que deberia preocuparnos. es mas, debemos preocuparnos, nos quedan de ejemplos el hacktivismo, la produccion de cultura mediante collage y medios existentes, y la consciencia de una masa critica que deberia saber lo que come, de donde viene la energia, por que hay guerras y desigualdades y la realidad politica y estrategica del mundo actual. esto no es broma queridos, nada de esto es inocente… cuidado con la pastilla azul, es demasiado complaciente…

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