Revista Intemperie

La tarea pendiente es el asalto a los medios de (in)comunicación. Entrevista con Mario Valdovinos

Por: Daniela Buksdorf
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Mario Valdovinos, escritor, y autor de la reciente Lihn, la muerte, además de crítico literario, dramaturgo, cinéfilo y melómano,  revisa en Intemperie, desde los libros y el teatro, el momento que atraviesa la cultura y la sociedad

 

Mario Vargas Llosa, en su último ensayo La civilización del espectáculo, nos habla de la banalización de la cultura, ¿crees que en Chile está ocurriendo este fenómeno?

No lo creo, lo compruebo a cada paso. Gran parte de la población vive sometida y humillada por una imagen de la vida que nadie se merece: el fútbol y su omnipresencia, los reality shows y la farándula. La cultura se macdonalizó y fue convertida en chatarra y materia reciclable. El dogma es: la gente lo requiere. Lo que importa es tontificar y evadir, al mismo tiempo que vender y consumir. Para la soledad y el vacío interior ahí están los juguetes electrónicos que parecen llenar todo.

En esa línea, ha sido noticia el cierre de teatros emblemáticos como la sala La Memoria y la falta de fondos públicos para rescatar y fomentar estas instancias. Se ha dicho incluso que el Fondart está obsoleto y no satisface las necesidades culturales actuales, ¿cómo crees que esto se podría solucionar?

Los fondos públicos y su uso en la cultura no me parecen dañinos. Si se han cometido injusticias y errores en su distribución, también, creo que mayoritariamente, se ha incentivado la creación artística y es una forma, sin duda no la única, en que nuestra cultura crea en sí misma y defienda sus valores, que los hubo y hay a raudales. La mayoría de ellos imponiéndose con todo en contra, una cultura indiferente u hostil hacia sus propuestas, inclinada a la reverencia acrítica hacia modelos impuestos, tantas veces idolatrados y sobrevalorados. El chauvinismo y el nacionalismo son pestes, tanto como el malinchismo y la veneración a  todo lo que venga de fuera. Es la insularidad y, como decía Gonzalo Rojas, el mapochismo.

Siguiendo en la línea del teatro, al ver que grandes entidades como el GAM tienen una variada cartelera con grandes montajes, pero a un precio poco popular, ¿se estarán dirigiendo estas obras a la élite?

El teatro es un espectáculo solemne y sublime, una de las huellas concretas del paso de los seres humanos por el planeta. De las escasas que no producen vergüenza. Muy rara vez el teatro en la historia fue popular, sólo en los períodos áureos, en los que la política, las ideologías, la economía, el humanismo y el azar fueron  decisivos: la tragedia griega, el teatro  de Moliére, el Siglo de Oro español, Shakespeare. Al ser un espectáculo en vivo, pone al espectador en contacto con las emociones, los ángeles y los demonios de la existencia. El teatro, como la literatura y la belleza en términos amplios, no tienen cabida en la fealdad atroz y la inhumanidad de los medios de comunicación. Una audiencia neutralizada por la estupidez sirve mejor para los propósitos de la servidumbre.

Pero también es cierto que las salas de teatro que apelan al humor y la entretención, mantienen sus obras en cartelera por varias semanas (incluso meses) ¿el espectador está priorizando la entretención por sobre el contenido?

El género de la comedia tiene cien formas, el sainete, el vaudeville, el music hall, el café concert, el sketch, el unipersonal. Hoy el stand up. Todas las formas son válidas cuando incluyen la sátira, la parodia, la burla, la ironía, incluso el sarcasmo. El humor por vitriólico que sea, estará siempre apuntando a la disconformidad, a la crítica y satirización de las costumbres y eso significa oxígeno. Moliére cuestionó a su tiempo a través del humor. Lo mismo Shakespeare. Al lado de Sófocles, Esquilo y Eurípides estaba Aristófanes, el comediógrafo.

Ocurre algo similar en el área editorial, donde publicar en el formato tradicional, con el apoyo de una editorial es bastante complejo, ¿cómo ha sido tu experiencia publicando, y qué consejo le darías a quienes quieren publicar?

No le daría consejos a nadie sobre el mundo editorial. Cada cual sigue su camino. Hoy existen más alternativas que el formato papel y el circuito editorial convencional. Mi experiencia ha sido la de muchos, golpear puertas que con frecuencia estaban cerradas o sin más te daban con ellas en la cara. Pero eso es otro tiempo, el joven con su manuscrito bajo el brazo puede  ser una imagen arcaica. Rimbaud autoeditó Una temporada en el Infierno, 500 ejemplares que quedaron, en su mayor parte, en la bodega del editor. Y cambió no sólo la poesía, sino la vida.

En los últimos meses, los rankings de libros han sido encabezados por libros como Cincuenta sombras de Grey, y otros títulos que podrían etiquetarse como baja literatura, mientras que otras publicaciones (narrativa, ensayos y poesía) parecieran estar dirigidas a la crítica y la élite ¿cómo se podría cambiar este fenómeno?

El fenómeno del best seller es antiguo, desde la literatura folletinesca del siglo XIX. Por ejemplo, Los misterios de París, de Eugenio Sué. Se leía por entregas que llevaban los carteros a domicilio; o los radioteatros y las teleseries, que antes de oírse o verse deben escribirse. Como nunca está dicha la última palabra en el ámbito estético, Víctor Hugo escribió buena parte de sus obras, hoy clásicas, bajo ese formato; lo mismo Julio Verne y en Chile, Blest Gana. Palomita Blanca, long seller nacional, fue considerada escapista, subliteratura, evasiva, y refleja, como no lo hicieron obras canónicas, su tiempo, los convulsos setenta en nuestro país. Nótese que digo nuestro país, y no el tan gélido y frecuente este país. En cuanto a la literatura erótica siempre tendrá éxito el morbo, donde haya represión habrá morbo; y si no la hay, hay que inventarla porque da la impresión que el exceso de liberalismo empobrece la vida. Ahora si quedan fuerzas para hacer todo lo que ella expone, más que para leerlo, hay que dar gracias a la vida.

El índice de lectura voluntaria en Chile llega al 7% mientras que en Argentina alcanza casi el 70% de los adultos. Además de eliminar la carga tributaria a los libros para bajar su precio, ¿qué otras medidas crees se pueden desarrollar para aumentar el índice lector?

La tarea pendiente es el asalto a los medios de (in)comunicación. Ni el teatro ni las artes performativas, ni la música, ni los libros tienen  la menor importancia, tampoco presencia, por ejemplo, en la TV abierta. Muy poca gente lee y muchos tratan pero no entienden lo leído. ¿A qué esforzarse, entonces, si en la pantalla no sólo de la tele sino en el PC está aparentemente todo? Conexiones, amigos, diálogos, interactuaciones, el mundo a tus pies…

Los soportes de la vulgaridad y la trivialidad que nos imponen, afirmando que es “lo que la gente pide y le gusta” son siempre precarios y no difíciles de desarticular. Cuando aparece en TV alguien que tiene ideas, un proyecto interesante de vida, una trayectoria, resalta de inmediato y no genera rechazo.

El panorama es tan desolador como desafiante. Los líderes de opinión que tenemos hombres y mujeres y que, supuestamente, nos representarían, dan lástima. No hay que bajar la guardia. Desechar las ilusiones preparándose para la lucha. Tal vez volar como mariposas y picar como abejas.

 

Foto: Editorial Planeta

 

Artículo publicado el 14/06/2013

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