Revista Intemperie

La indignación de la tribu

Por: Vidia Gutiérrez
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Vidia Gutiérrez comenta sobre la real efectividad de las campañas a través de las redes sociales, aquellas que apuntan a los problemas culturales del país.

 

¿Quién podría celebrar que se cierre una librería y se abra una farmacia, sobre todo en un sector saturado por las grandes cadenas, y en un país donde la lectura es tan escasa? Nadie. El trueque no es feliz. Contribuye a hacer esta ciudad cada vez menos amable, víctima de la omnipresencia del retail, que a paso firme ha ido colonizando cada rincón.

Este lamentable hecho de la vida real adquiere ecos particulares en las redes sociales y en su fauna, élites que levantan campañas en torno a intereses propios, como si se tratara del interés social. Sucedió antes con el restaurante San Remo, en el barrio Matta, con el Teatro del Puente (cuyo cierre afortunadamente se postergó) y con muchos otros emprendimientos cuyos cierres han causado revuelo por una supuesta pérdida artística o patrimonial. Pero, ¿quiénes sufren dichas pérdidas?

Pese a que en estos ejemplos, la idea que se instala y replica en redes sociales es la de “capital vs. cultura”, lo cierto es que la trascendencia del hecho es bastante menor. No estamos hablando del cierre de una biblioteca pública, o de una escuela municipal (en muchas comunas se están cerrando con la excusa de la “baja matrícula”, favoreciendo a la educación particular: eso sí que es capital vs. cultura). Es mucho más pedestre: nos cierran los boliches que nos gustan, nos afean el barrio, perjudican el negocio de nuestros amigos. Luego, manifestamos nuestra molestia en las redes, tuiteamos y retuiteamos, inventamos un hashtag, lo repetimos hasta la náusea, y creamos grupos en Facebook. Y a veces, sólo a veces, influimos en alguna medida. La mayor parte del tiempo, la única consecuencia de tanta y tan aséptica protesta, es que nuestros pares se enteran de que somos parte de los mismos círculos y estamos comprometidos con los valores de la tribu.

El asunto es que una empresa pequeña ha perdido el gallito frente a una empresa grande en el contexto de la burbuja inmobiliaria que tantas víctimas ha cobrado en la capital por estos días. No se puede culpar al dueño del local por ceder a una oferta que duplicará sus ganancias. Porque de eso se trata: de empresas, de mercado, de oferta, de demanda. No de bienes sociales. Es normal que tendamos a empatizar con el más pequeño en esta contienda desigual, pero cuando el asunto pasa a discutirse en las redes sociales, se pierde con mucha facilidad la perspectiva y se le da un cariz épico que en realidad no tiene.

En medio del revuelo, pocos han advertido que no se trata del fin de la librería. Qué Leo, tendrá que bajar la cortina en el Drugstore y continuar con sus otros dos locales (y está por abrirse un tercero), a los que sin duda seguirá acudiendo su fiel clientela que es, a fin de cuentas, su capital.

 

Foto: Twitter

Un comentario

  1. Ariel dice:

    Pensar que las manifestaciones por redes sociales no tienen efecto después de la primavera árabe es no haber visto las noticias en los últimos 3 años. O el primer ministro Turco pidiendo el cierre Twitter por ser el instigador de las revuelta. La columnista Gutiérrez olvida la importancia de Facebook para coordinar y transmitir el mensaje de las movilizaciones estudiantiles de los últimos años mostrando imágenes y comunicados que en medios oficiales no tienne cobertura.

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