Revista Intemperie

Vida de escritores: oscura cartografía del fin de la literatura

Por: Andrés Olave
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A propósito del popular blog Vida de Escritores, Andrés Olave lanza una mirada preocupada sobre un medio literario hecho de muchas luces y poca búsqueda, donde parece más importante la fama que la palabra.

 

La imagen muestra una mujer gorda que huye de una casa, casi desfalleciendo, y que al llegar al jardín, con los ojos llorosos, se deja caer sobre el césped donde se retuerce y gime, llena de desesperación. Luego, la imagen se rebobina, vuelve al principio, la mujer vuelve a salir de la casa y vuelve a caer, una y otra vez. El título de aquella película, breve e incesante es: “De cuando vas a la presentación de un libro de un escritor que admiras y resulta una mierda de persona”.

Otra imagen más: una chica de cabaret se sienta en el piso del escenario y con las piernas abiertas en V sonríe de forma abiertamente lasciva. El título: “De cuando el escritor conoce a un agente literario influyente”.  De este tono suelen ser las más de cien animaciones que nutren el blog Vida de Escritores, un trabajo acido, divertido y sagaz, sobre el acontecer diario de los escritores, bajo una mirada que pareciera repetir al Eclesiastés y su famoso “Todo es vanidad”. O expresándolo de otra forma: todo esfuerzo humano tiene como último trasfondo el engrandecimiento del yo.

El titulo dice: “De cuando el escritor dice que se la pasa escribiendo todo el día” y aparece un mono con audífonos enrollando un cigarrillo de marihuana. No hay perdón ni olvido ante el más mínimo tópico que suelen exhibir los discursos de nuestros literatos. Vida de escritores, como en el cuento de Wilde, pretende desnudar y denunciar todas las debilidades y fraudes que –quién sabe desde cuándo– atingen al malherido gremio de los escritores, o como los llamaba Salinger: “patanes y rufianes que venden libros”.

En efecto, resulta perturbador constatar que hoy en día los escritores se hallan sumidos en profusas guerras por la fama, las ventas de libros y la figuración en general, y donde la propia literatura parece haberse vuelto un tema completamente secundario. El afán por sobrevivir económicamente como escritor, la competencia despiadada, la necesidad de ver quien tiene más seguidores en Facebook o Twitter o en cuanta plataforma virtual se ponga de moda, en suma, la lucha cruenta en medio de algo parecido a una jungla por los 15 minutos de fama que Andy Warhol les prometió a todos, acaba por transmutar la actividad literaria en una desgastante lucha de poder.

“Las competencias son para los caballos, no para los artistas” dijo alguna vez el compositor Bela Bartok, sentencia que ha caído por completo en desuso en un medio que hace mucho sabe que el marketing y la publicidad lo son todo. Puede que el sistema cultural haya –sin querer queriendo–, acabado por malear a los escritores, que sin incentivos monetarios de por medio ya no tienen la menor idea de cómo sobrevivir. Como esa imagen del paciente moribundo en la cama de hospital conectado a un montón de maquinas y con el mensaje: “por favor olvídense de mí”.  El título: “ De cuando todos los escritores obtuvieron beca ese año menos tú.”

A estas alturas la identidad del escritor parece haberse diversificado: escritores haciendo de presentadores de televisión, de editores, moderando mesas redondas o yéndose de gira por trece países para presentaciones de su última novela (y ojo, que escriben una al año).  En un mundo así… ¿quién tiene tiempo para sentarse a escribir? Lejos, muy lejos parecen haber quedado los días de vida de vagabundo de Jack Kerouac, o la vida de pobre de Robert Walser. O que Cormac McCarthy y J. M. Coetzee rara vez concedan entrevistas. O el gesto, casi extemporáneo de Thomas Pynchon de no tomarse fotografías en una sociedad en que para el escritor es esencial lucir bien, casi con un aura a su alrededor, en las fotos de solapa. Toda intencionalidad que busque separar la vida pública de la vida privada y darle prioridad a esta última carece de sentido en un medio que pareciera estar hecho mayoritariamente por piruetas, fanfarrias y serpentinas.

Puede que al final ni siquiera haya que culpar a los escritores de todo este despropósito. Mal que mal es el sistema (o el Poder) el que hace rato les cambió las reglas del juego. Ha ofrecido dadivas al por mayor (becas) y les ha enseñado que su trabajo puede ser premiado de forma excelsa (adelantos y premios). Extremando sus posibilidades les ha inculcado que pueden tener una vida harto más glamorosa que lo que históricamente ha sido la vida del escritor. Pienso en los desplantes de Truman Capote y mucho antes los de Scott Fitzgerald, suerte de íconos celestes, que han auspiciado este cambio de paradigma.

En un mundo donde todo se vuelve rápidamente un espectáculo para las masas, la literatura resulta ser, apenas, un entretenimiento más, y los escritores sus animadores. Demasiado dependientes de los recursos que el mercado pueda otorgarles, demasiado necesitados por parecer obedientes y apropiados, carecen ya tanto de capacidad crítica como virulencia. Tampoco hay un sentido de alteridad dando vueltas, alguien que se retire a los bosques o las montañas a preparar su novela. A estas alturas, los escritores no imaginan que puedan hacer sin ayuda externa, y claro, no mueven un dedo hasta que ésta llegue. La noción de sacrificio les resulta por completo inconcebible, salir de la comodidad de su escritorio y su Mac para comenzar a sufrir por su obra. Es de este imaginario del que tanto se ríe Vida de Escritores, de un contexto en que los artistas dependen tanto del Poder que su propia esencia parece desdibujada o acaso, se ha irremediablemente perdido.

 

Foto: vidadeescritores.tumblr.com

Un comentario

  1. Lo que adoro de este blog es que ni siquiera tiene que hacerlo desde un contexto muy intelectual, su crítica se limita al uso de gifs y a lo que está sucediendo en México (y claro, se ve reflejado a nivel mundial por la mercadotecnia, lo que llaman ahora el capital cultural). Lo que adoro de este tumblr es precisamente la sagacidad y el tino con que critica, y el no tomarse tan en serio. Claro, como en todos lados, existen escritores muy alzados que se ofenden por algo que está hecho precisamente como una broma. Don’t get too serious, enjoy y todas esas cosas. Pero bueno, lo has expresado aquí, pareciera que ponen al escritor con un aura y con un alzamiento apoteósito que ni al caso, quien trabaja, trabaja y busca a los lectores, quien no únicamente se quedará en su nicho sin que nadie sepa quien es. Es como en todo, no hay que tomarse la vida tan en serio, y es muy corta como para estarse amargando

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