Revista Intemperie

Encapuchados, mercado y 1%

Por: Héctor Rojas Pérez
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Héctor Rojas valora las virtudes de “Señales de guerra”, una obra que humaniza el rostro de los encapuchados, al ponerlo en relación con los traumas políticos y sociales del país

 

Señales de guerra se presenta en voz de sus propios personajes en escena como una secuela de Los noventa y nueve, obra que un año antes celebraba el egreso de algunos de sus actores. Ahora, un año después, la compañía ha dejado reposar algunas ideas que la sostienen. Luego de Los noventa y nueve, quisimos hablar de los unos, señala la actriz recién iniciada la obra. Los unos, son ese uno “por ciento” de Chile, que se guarda la mejor tajada de torta del sistema neoliberal dejando al resto de la población peleándose por las migajas sobrantes, esto hasta que se decidan a hacer algo por un cambio, dejando ver las primeras señales de guerra.

Esta propuesta teatral tiene al menos tres grandes aciertos. El primero es quitarle la capucha al individuo criminizalizado, de quien se habla en las noticias como un delincuente que actúa al margen de la ley sin motivo alguno, infiltrándose en las marchas estudiantiles y otras instancias de protestas. A este sujeto, a quien se le indican todas las características indeseables, se le utiliza además como argumento para criminalizar las demandas sociales, desplazando metonímicamente su actuar anónimo al anonimato de una masa de personas que se encuentran enfrentadas por sus derechos.

El encapuchado, una señal de guerra, tiene en su composición algo simbólico, en cuanto a que bajo esa capucha caben todos, estudiantes, madres, jóvenes trabajadores o cualquier persona. Esta propuesta teatral instala a cuatro jóvenes con sus polerones con capucha planeando infiltrarse en el homenaje a Pinochet, que tuvo lugar durante el año pasado en el Teatro Caupolicán. Su intención es conocer a los “unos” para poder interpretarlos. Esto los pone en medio de quienes participan del homenaje y quienes esperan fuera del recinto para protestar.

Su segundo gran acierto es la manera de narrar. No solo hay varios niveles en los que se están contando diferentes historias, sino que además escogen elementos muy sencillos con los que, en base a luces y sombras, narran sobre el escenario historias que dialogan con la narración central. Ofrecen con esto un buen ejemplo de la utilización de los recursos y la creatividad, que contrasta con otras puestas en escena efectistas y vacías que abundan en las salas de teatro.

Su tercer gran acierto es meterse en la columna vertebral de la familia promedio chilena, esa cuyos padres habiendo vivido en dictadura se mantuvieron al margen del acontecer político y social, decidiendo refugiarse en placebos como el alcohol o las luces brillantes de los centros comerciales que brotaron por todas partes. Después de todo, era más fácil aceptar que así estaban las cosas y no hacer nada al respecto. Esas familias tuvieron hijos que salieron a la calle y debieron optar por preservar el sistema heredado de la dictadura o luchar por hacer cambios. Esas batallas que ocurren a espaldas de sus padres son otras señales de guerra.

Finalmente debo mencionar un aspecto que he dejado fuera; Los personajes interpelan al público para que reflexionen que son ellos los que deben resolver los grandes problemas que acontecen en el país. Esta decisión con la que inicialmente no estaría de acuerdo, me hace mucho sentido al considerar que la compañía La Criatura pretender consolidar un teatro de protesta y reflexión, que funcionaría muy bien si tal como ocurrió con Los noventa y nueve, luego de acabada su temporada, se vuelcan a la itinerancia por otros espacios del país.

 

Señales de guerra

Dirección: Manuel Ortiz
Asistencia de dirección: Benjamín Prati
Elenco: Fabián Sáez, Natalia Lagos, Benjamín Bravo, Mauricio González
Diseño integral: Shalini Adnani, Patrick May
Composición musical: Alejandro Miranda
Producción: Andrea Vera Puz
Desde el  31 de mayo al 29 de junio, jueves, viernes y sábados 21:30 hrs.
Entradas: $4000 general y  $2000 estudiante y tercera edad
Centro Experimental de Arte Tessier
Dardignac 172, barrio Bellavista.

Un comentario

  1. Mesías dice:

    Ojo con eso de dar el visto bueno al mecanismo “interpelación al público” bajo el argumento de “porque es teatro de protesta y reflexión”, porque entonces aceptamos que ciertas cosas se pueden o no hacer solo porque el estilo lo permite. Desde ese lugar estamos a un paso de asumir que el mecanismo de distanciamiento brechtiano se ha transformado en una mera formalidad estilística aceptable en cierto tipo de teatros cuyo sentido revolucionario y combativo ha sido cosificado, tal como Artaud y lo escatológico.

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