Revista Intemperie

Vargas Llosa en defensa de Arturo Fontaine

Por: Intemperie

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El Premio Nobel peruano en defensa del destituido director del CEP, habla también de la posible “radicalización” de la izquierda chilena.

 

Vargas Llosa, niño superdotado y genio precoz de la literatura, fue de los primeros en entrever las fisuras fatales de la aventura marxista, y retratarlas magistralmente en una de sus obras cumbres, “Conversación en  La Catedral” (1969).  A partir de entonces, ha tenido un periplo audaz por las las aguas del pensamiento político, a veces muy difícil de de digerir para la intelectualidad latinoamericana, que lo ha llevado a recalar finalmente en un liberalismo a ultranza, muchas veces de claro signo derechista.

En este camino, uno de sus principales compañeros de ruta han sido los nombres liberales y de impronta aristocrática que pueblan el CEP, think tank de derecha financiado por la familia Matte, entre otros grandes empresarios. Sin duda esta cercanía jugó un rol importante en el sorprendente apoyo del Nobel peruano a la candidatura de Piñera, en la firma de la carta de apoyo a Harald Beyer y ahora, en la acalorada columna en defensa del recientemente destituido director del CEP, Arturo Fontanie.

Vargas Llosa parte por elogiar los “varios talentos “ de Fontaine (poeta, novelista, filósofo, y varias cosas más), se gasta un párrafo entero en encumbrar al  CEP a la categoría de “una de las instituciones que más ha contribuido a la formidable transformación política, social y económica de Chile del país subdesarrollado que era en la democracia moderna y próspera que es ahora” (algo que parece, por decir lo menos, exagerado), y luego se lanza en una interesante y descarnada explicación respecto de las razones de su destitución.

Según Vargas Llosa, la salida de Fontaine tiene que ver con la visión política más de éste, destacando entre otras cosas su postura en contra del lucro en la educación superior, y su denuncia a los artilugios de las universidades privadas para lucrar en contra de la ley. A partir de esto, Vargas Llosa se lanza en una diatriba en contra de la derecha chilena más conservadora,  que según él buscaría imprimir ahora un ideologismo más férreo al CEP, y que podría llevarlos a “atrincherarse en la intolerancia de verdades únicas y dogmáticas”. En esta argumentación, Vargas Llosa desliza ideas bastante polémicas respecto de una eventual “radicalización de la izquierda” chilena, lo que parece, aun planteado como hipótesis, improlijo o quizás francamente desinformado.

“Desde luego que si Chile retrocede hacia alguna forma de chavismo sería una catástrofe no solo para los chilenos sino para toda América Latina” anota Vargas Llosa, lo que parece, siquiera como conjetura, una inusual concesión a la propaganda del terror que han querido levantar las candidaturas de derecha, a y completamente desvinculado de la realidad política del país.

 

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