Revista Intemperie

“El Fondart se creó hace 20 años y está agotado” Alfredo Castro

Por: Intemperie
ALFREDO CASTRO

ALFREDO CASTRO

En entrevista con Revista Capital, Alfredo Castro señala las fallas más evidentes de la política cultural chilena, que ha terminado con el cierre de muchos teatros independientes, incluido el suyo.

 

Supuestamente en Chile estamos ad portas del desarrollo, con un ingreso per cápita que bordea los US$ 20.000, pero no hemos sido capaces de construir una política cultural acorde a un país desarrollado, y los teatros independientes se van muriendo como moscas, en una fila de dominó que parece imparable. Tal vez también en el territorio cultural, el desarrollo signifique dejarlo todo en manos del mercado, hasta llegar a ser dominados por un showbiz mercantilizado y farandulero, quizás alegre pero liviano como una burbuja de jabón.

Hace unas semanas cerró el Teatro del Puente, una de las salas más emblemáticas del circuito independiente, y ahora cierra el Teatro La Memoria, la sala artísticamente lujosa que Alfredo Castro había levantado en el barrio Bellavista, y que ha acogido algunos de los proyectos experimentales más valiosos del teatro nacional.

Después de dos años sin obtener los fondos concursables –que en la actualidad son prácticamente la única fuente de financiamiento de la cultura, fuera del mercado–, Teatro La Memoria  emite un comunicado en que anuncia el cese de las actividades. El comunicado se queja también de políticas culturales que no contemplan financiamiento permanente para instituciones culturales.

En entrevista con Capital, Alfredo Castro se queja de que los grandes proyectos culturales como el Centro Cultural Palacio La Moneda y principalmente el GAM, con enormes sumas de financiamiento propio, en la práctica implican una dura competencia para las salas independientes que deben auto-financiarse.

“En todos los países desarrollados se entiende que la creación artística es un bien social que debe ser subvencionado, como la salud o la educación.” señala Castro. También apela a una política cultural clara, señalando: “El Fondart se creo hace 20 años, se reformuló algunas veces, pero ese fondo está agotado en su fundamento y sus montos son ridículos.”

También menciona el ejemplo del teatro que pertenecía a Luciano Cruz Coke, Lastarria 90, y que tuvo que ser arrendado una vez que cesó el financiamiento de Minera Escondida. “En otros países es un prestigio enorme que una empresa apoye a los teatros, a la ópera, la pintura, las artes escénicas, lo que sea. Acá no existe esa voluntad ni esa cultura.”
Los problemas del financiamiento privado de la cultura, a través de las donaciones o auspicios de las grandes empresas, generan otros problemas, según señala Castro en la entrevista: “Como vas a someter la creación a juicios de un empresario que me diga “a ver, yo te pago la obra si me montas Shakespeare”. A mí me fascina Shakespeare, pero no es mi interés en este momento, quiero hacer una obra sobre el abuso en los supermercado. “Ah, no, no te pasamos ni un peso”

 

Foto: La Tercera

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