Revista Intemperie

Fabulosa realidad: la voz de los mudos

Por: Federico Zurita Hecht
fabulosa-realidad

Federico Zurita ve en tres amigos de un barrio marginal, obra de Claudio Salazar, verdades que van más allá de una apología de la violencia en el Chile actual

 

A propósito del actual descontento social que quizás, como una posible opción, nos podría desplazar a mediano plazo desde un mundo controlado por el status quo hasta otro caracterizado por transformaciones que experimentaríamos como comunidad nacional o que tal vez, como otra opción, nos haría quedarnos en el mismo lugar en el que estamos parados ahora, los juicios en torno a cómo se manifiesta ese descontento circulan de múltiples formas y desde variadas posiciones enunciativas por los diversos canales de debate, y son formulados por quienes tienen permitido hablar. La obra Fabulosa realidad, escrita y dirigida por Claudio Salazar, realiza el ejercicio de imaginar las posibles argumentaciones que podrían constituir la enunciación de quienes no han podido participar de estos debates porque, precisamente, son los responsables de las acciones que son juzgadas y condenadas en estos diálogos.

La acción de Fabulosa realidad reúne a tres amigos de un barrio marginal dentro de una mediagua, mientras afuera se realiza una celebración nacional. El primero es un fanático del fútbol dispuesto a celebrar todos los triunfos de la selección, el segundo es un adicto a la pasta base atrapado en su volada y la tercera es una muchacha dispuesta a concretar la revolución de los capuchas en una sola noche. Estos tres sujetos son los representantes de los grupos sobre los que recaen los juicios en este tiempo de movimientos de apropiación de la calle. Las reclamaciones aquí reunidas son heterogéneas y por supuesto imaginadas. El mecanismo que estaría operando en Fabulosa realidad no es, por tanto, un intento de justificar (no es tarea del ejercicio de formulación de ideas del montaje de Salazar) las invasiones a la calle de hinchas eufóricos cada fin de semana, la presencia de drogadictos anclados en las esquinas del Santiago profundo o los destrozos de los encapuchados en las diferentes marchas que hoy se realizan. Lo que hay aquí es un intento de imaginar que detrás de estas acciones hay historias que son protagonizadas por sujetos que no pueden acceder a los diversos canales de debate.

El volao le dice al futbolero: “Por esa güeá fumo, pa dejar de ser el loco que se viste en la feria, pa dejar de estar pasao a productos Avon, pa dejar de ser el loco que el único futuro que todos sus vecinos creen que tiene es ser obrero o jornalero de la contru, el loco que el único bip que tiene en la vida es una puta tarjeta pa andar en la micro, como voh, pa eso fumo”. La revolucionaria afirma: “si me encapucho no es por miedo, es por vergüenza […]. Quién dice que se acabó el tiempo de las marchas. Loco, bajo qué autoridad me detienen el tiempo de la historia los conchesumare. Ya, yo sé que es verdad, que ninguno de nosotros es como esos estudiantes que anda marchando. No po, somos unos infiltraos más en las marchas. No pertenecemos a sus güeás de distinguidos planteles. […] Somos los flaites y somos los pobres. […] A mí las manifestaciones pacíficas me hacen arder el hoyo. Cacharon la otra vez ese loco disfrazado de guanaca gigante. El culiao. Cuando vi esa güeá me ardió todo ¿sabís por qué? Porque con todo ese cartón podríamos haber forrao toda esta casa […]. Los güeones ahí esperan no perder el año, si nosotros ya perdimos toda una vida y sin saber por qué po loco”. El futbolero, en tanto, agrega al debate: “Voh capaz que nunca vai a tener lo que querís, pero tenís que aprender a querer lo que tenís. Esa es la primera ley que te enseñan pa aprender a ser pobre”

Cada uno de ellos tiene razón en algún momento y cada una de esas verdades no es menos verdadera que otras. Ya adelantábamos que con esto no se busca justificar conductas frente a los juicios generalizados de los que participan en los debates. No es tampoco un intento por relativizar la comprensión de la realidad al señalar la existencia de múltiples verdades. Es más bien un intento por demostrar la naturaleza dialógica de la realidad en medio de los intentos por construir realidades monológicas por parte de quienes sí pueden hablar y ser escuchados. Fabulosa realidad se nos presenta, por tanto, como una formulación de ideas riesgosas en tanto susceptible de ser considerada como apología de la violencia, pero en ese riesgo habita el ejercicio de ampliar la realidad más allá de los límites formulados como imposición.

 

Fabulosa realidad

Dramaturgia y dirección: Claudio Salazar.
Asistente de dirección: Carlos Galdames.
Elenco: Javier Aguilar, Esteban Carvajal y Romina Landerer.
Director musical: Miguel Rocha.
Diseño ilustración: Andonis Salazar.
Horario: de jueves a sábado a las 20 hrs.
Fecha: del 2 al 24 de mayo de 2013.
Lugar: Victoria Subercaseaux 99. Metro Universidad Católica.

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