Revista Intemperie

Chile, país de críticos (parte 3)

Por: Felipe Cussen
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En el último capítulo de esta serie, Felipe Cussen cuestiona abiertamente a una crítica académica que simplemente busca comprobar sus propios dispositivos y agendas teóricos o políticos

 

Dentro del análisis que realizamos en nuestro curso, también nos llamó la atención la fuerte presencia de enfoques provenientes de la teoría crítica, la teoría literaria, la filosofía, la historia, la sociología, la psicología, los estudios de género y los estudios culturales. Por el contrario, eran muy escasos los estudios que pretendían vincular la producción poética a otras disciplinas artísticas (artes visuales o música) y aún menos los artículos que enfatizaban las cualidades retóricas o materiales de los textos. Así se observa al revisar las palabras claves de ScIELO, donde abundan los artículos sobre la poesía femenina o sobre la relación de la poesía con la transición política chilena pero apenas se encuentran menciones a la poesía visual u otras formas de experimentación, por ejemplo.

Paralelamente, en el Repositorio de Fondecyt es posible determinar que, junto con los proyectos de carácter histórico sobre la modernidad, las vanguardias, las generaciones y las revistas, predominan los estudios culturales o identitarios; los análisis sobre la subjetividad y la perspectiva de género; la relación con el contexto político o con los espacios urbanos. Es innegable, por supuesto, el aporte de estas investigaciones, que han fomentado una mirada interdisciplinaria y más compleja de la poesía en sus dimensiones sociales y humanas. Creo, sin embargo, que esta tendencia ha florecido no sólo gracias a esas legítimas intenciones sino también a las facilidades que ofrece a sus practicantes menos ingeniosos, que se limitan a armar una plantilla teórica para que allí calce cualquier poema, quizás el primero que encuentren, sin importar sus especificidades formales. Dentro de nuestras conversaciones en clases, Sofía Améstica lo identificó con precisión mediante la siguiente fórmula, al notar que la mayoría de los títulos de los artículos consistían en la aplicación de “LO [político, mapuche, femenino, etc.] EN [tal autor u obra]” (1).

Parte de la culpa se debe a que la enseñanza de análisis poéticos es muy débil en nuestra formación académica, pues la mayoría de las veces se reduce al conteo de sílabas o a la detección de matrices de significado (según el pobre esquema de Riffaterre). Uno de los críticos internacionales que se ha preocupado de este problema es el teórico marxista Terry Eagleton, quien se queja de la incapacidad de sus alumnos para analizar poemas, y plantea que no corresponde hablar de las ideas que subyacen al lenguaje de un poema: “el lenguaje [no] es como un envoltorio de celofán en el que las ideas vienen empaquetadas. Todo lo contrario: el lenguaje de un poema es constitutivo de sus ideas”. (El crítico y poeta Charles Bernstein también señala que aunque es posible considerar a la literatura como una fuente de información sobre determinados temas, es preciso centrarse en la experiencia estética que propone el poema y que pone en cuestión una crítica basada únicamente en los contenidos fácilmente extraíbles del texto.

Si retomamos nuestra preocupación por los efectos de la crítica académica en el campo poético, podremos comprobar que estos usos, más que promover una complejización de los modos de escritura y sus desafíos estéticos, fomentan la aparición de sujetos que sean capaces de lucir un repertorio de características o experiencias personales que correspondan a las expectativas de los investigadores. El poeta y profesor Rafael Rubio lo explica muy adecuadamente:

Cuando los académicos . . . escriben sobre una obra poética, pareciera que lo hacen para demostrar la viabilidad y productividad de un marco teórico, más que para demostrar la productividad de la obra. Consecuentemente, toman como objeto de estudio obras que se ofrecen dócilmente a la teoría que pretenden validar. Sólo así se entiende que la crítica académica –seducida por los Estudios Culturales y de género– haya mostrado tanto interés en los escarceos menores de Héctor Hernández, Diego Ramírez, Felipe Ruiz, entre otros.

Rubio aboga por una vuelta al estudio de la materialidad sonora de las palabras, a la que me gustaría añadir la necesidad de considerar también su materialidad visual y sus potencialidades performativas, así como la fusión con otros soportes. Ese énfasis distinto nos permitiría reconsiderar a una serie de autores que hoy caen fuera de los radares de la crítica académica. Conozco un caso dramático de la vida real, cuya identidad mantendré oculta para preservar su seguridad. Se trata de un individuo caucásico, heterosexual, casado y con hijos, que vive en el barrio alto, trabaja como abogado y que, más encima, en vez de escribir poemas convencionales emite ruidos ininteligibles. Tal como están las cosas, es prácticamente imposible que un profesor universitario se interese por su obra. Probablemente sea el poeta más marginal de Chile.

*

Para finalizar, citaré dos ejemplos literarios que caricaturizan muy bien los problemas de estas prácticas de escritura y lectura, y que quisiera que no olvidemos la próxima vez que emprendamos nuestras tareas críticas. El primero es el reciente Cuento de cómo se escribe un poema en Chile, en el que Marcelo Mellado presenta el proceso de un poeta que pretende “ingresar a las áreas de lo políticamente correcto, que es lo culturalmente aceptable” y ponerse a tono con las convulsiones sociales actuales:

Quizás intitule el poema “Himno patagónico”, porque piensa y asume que esa es la actitud lírica que corresponde al momento cultural que se vive. Los otros versos buscan la humedad y los colores locales, con metáforas que aludan a la rudeza de la vida en esos parajes, sobre todo a los problemas de las vías de comunicación. En una de esas mencionar al cóndor y al huemul, a los volcanes, por cierto, que debe haberlos. Recuerda que tiene que consultar una guía caminera Turistel para ver unas referencias topográficas y toponímicas.

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El segundo es el poema La antología, de la argentina Susana Thénon, escrito desde la voz de una profesora norteamericana que viaja para hacer una antología de “escritoras en vías de desarrollo” en base a estos criterios:

tú sabes que en realidad
lo que a mí me interesa
es no solo que escriban
sino que sean feministas
y si es posible alcohólicas
y si es posible anoréxicas
y si es posible violadas
y si es posible lesbianas
y si es posible muy muy desdichadas

 

Felipe Cussen es doctor en Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra e investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.

 


(1) Este rígido esquema, además, se ve favorecido por el modelo de escritura del paper académico, que promueve una estructura clara, directa, sin digresiones (Santos Herceg, “Tiranía del paper…”).

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2 Comentarios

  1. Diego Alf dice:

    Nunca he sido muy fanático de Cussen, a veces siento que raya la papa, sin embargo se nota que trata de hacerse cargo de un pastel bastante grande. La cosa pasa desde los curriculums del gobierno en las escuelas, el panorama editorial, las universidades, los medios de comunicación, etc. Ahora bien, a Chile le cuesta abrir la cabeza a otra cosa que no sea Chile; por poner algunos ejemplos: hace 40 años exactos que ninguna editorial presenta una colección de literatura hispanoamericana (la ultima fue la colección Cormoran que murió el año 73); tampoco existen continuas traducciones de autores extranjeros salvo casos aislados, debidos mayormente al hecho de que en el país no existen especializaciones en esta área, ni en literaturas comparadas; mucho menos frecuentes son los libros de ensayos que se dediquen a tratar temas como la literatura chilena y de otros lados sin estar medianamente doblegados por conceptos de la academia y sus citas. Marx decía que toda nación tiene el gobierno que se merece.
    Para finalizar, espero que este no sea el final del ensayo…

  2. RODRIGO dice:

    -Estoy totalmente de acuerdo con las palabras de Rafael Rubio-

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