Revista Intemperie

Chile, país de críticos (parte 2)

Por: Felipe Cussen
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En esta segunda entrega acerca de la crítica literaria académica en Chile, Felipe Cussen analiza el insularismo y provincianismo de las universidades nacionales, que se cierra a otras tradiciones poéticas latinoamericanas y mundiales

 

El primer semestre del año pasado realizamos el curso “Poéticas y prácticas contemporáneas” en el Doctorado en Estudios Americanos del Instituto de Estudios Avanzados de la USACH junto a los alumnos Sofía Améstica, Megumi Andrade, Karen Bascuñán, Jimena Castro, Julián Gutiérrez, Alejandra León, Javiera Lorenzini, Rodolfo Meriño, Dennis Páez, Jorge Sánchez, Simón Villalobos y Emma Villazón. El objetivo principal era conocer una serie de movimientos y reflexiones contemporáneas de cualquier país distinto al nuestro: el OuLiPo francés, la poesía visiva italiana, la poesía conceptual estadounidense, la poesía del conocimiento en España, la etnopoesía, etc. Mi motivación nacía de un diagnóstico previo bastante negativo respecto al funcionamiento de la crítica académica en Chile. A mi parecer, se podía advertir: 1) una gran ignorancia respecto a la poesía actual de otras latitudes; 2) la utilización de esquemas generacionales muy rígidos; 3) la aplicación de marcos teóricos muy generales y poco eficientes para una lectura atenta de los aspectos formales de los poemas; 4) la elección de objetos de estudios a partir de la mirada paternalista de lo políticamente correcto. Como consecuencia, el aporte crítico frente al ambiente poético recién descrito resultaba insuficiente, pues en vez de problematizar o desactivar las fórmulas repetidas y las imposturas, sólo parecía confirmarlas.

Estos eran mis prejuicios iniciales, pero precisamente quería que los discutiéramos para obtener conclusiones más fidedignas. Quise aprovechar el impulso provocado por las investigaciones recientes de José Santos Herceg, quien ha publicado artículos donde analiza las modalidades de investigación filosófica en Chile, ya sea mediante el estilo de escritura que se fomenta en las revistas científicas o el tipo de proyectos aprobados por Fondecyt. Así, para las primeras clases del curso, propuse a los alumnos que cada uno de ellos revisara los últimos diez números de revistas chilenas de literatura o humanidades indexadas en SciELO o ISI para identificar los textos sobre poesía, detectar si se enfocaban en producciones chilenas, latinoamericanas o de otros continentes, y determinar el tipo de perspectivas que desplegaban. Llamó la atención que un porcentaje importante (20-25%) de los artículos y reseñas estuvieran dedicados a la poesía, pero al mismo tiempo fue muy evidente que la gran mayoría de estos trabajos estudiaban principalmente el corpus de la poesía chilena del siglo XX y comienzos del XXI. Simón Villalobos destacó, como una notable excepción, el número 500 de Atenea, que recopilaba ensayos ya publicados tanto de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, como de T. S. Eliot, Paul Valéry, Dámaso Alonso y Alfonso Reyes. Recientemente, realicé el ejercicio de buscar las materias relacionadas con “poesía” en la base de datos de SciELO Chile. El énfasis se repetía: frente a 33 menciones sobre “poesía chilena” (sumados a otros más específicos como “poesía chilena actual”, “poesía chilena femenina”, “poesía popular chilena” o “poesía valdiviana”) y más de una decena sobre “poesía mapuche”, “poesía huilliche”, “poesía indígena”, “poesía de mujeres mapuche” y “poesía mestiza”, apenas existían 2 sobre poesía argentina y ecuatoriana, y 1 sobre poesía brasileña, colombiana, y peruana (varios de ellos escritos por académicos de sus respectivos países). Aparte de 5 menciones a la poesía española, había 1 a la poesía canadiense, otra a la poesía victoriana, otra a los poemas bizantinos y otra a la poesía de Rilke. Como complemento, revisé el Repositorio Institucional de Fondecyt, donde aparece el listado de proyectos aprobados hasta el año 2011 y coloqué en el buscador la palabra “poesía”. 26 de estos proyectos estaban enfocados en la poesía chilena en general, 3 sobre poesía popular chilena y 4 sobre poesía mapuche, mientras que 8 consideraban la poesía latinoamericana, aunque algunos de ellos la incluían junto a la chilena. Apenas encontré 1 ejemplo sobre poesía universal, un proyecto sobre la obra lírica de Hildegard von Bingen, la gran mística alemana del siglo XII.

Una de las conclusiones de José Santos respecto al patrón de investigación filosófica promovido por Fondecyt es que se trata de investigaciones de carácter marcadamente eurocéntrico, particularmente enfocadas en autores alemanes y griegos (“Treinta años de filosofía-FONDECYT” 115). Este desbalance es uno de los motivos de su reivindicación del pensamiento latinoamericano y de otros continentes. El panorama en los estudios sobre poesía, como podemos ver, es prácticamente opuesto: tal como expresó la estudiante boliviana Emma Villazón, pareciera ser que la crítica chilena funciona únicamente como una máquina reproductora de su identidad.

Las causas de esta excesiva autorreferencia provienen de distintos factores: basta ver, por ejemplo, las listas de lectura de los cursos de poesía chilena e hispanoamericana en los programas de pregrado, donde los poetas nacionales muchas veces ocupan más de la mitad de las clases, mientras tradiciones tan ricas como la peruana, argentina, cubana, nicaragüense o mexicana quedan muy apretujadas (y para qué decir la brasileña, que casi nunca se incluye). Además, se privilegia un ordenamiento cronológico, y cada autor es encasillado en la generación que le corresponde, minimizando los vínculos que podría tener con autores de distintas edades. Por otra parte, en los cursos de literatura española o universal, el espacio dedicado a la poesía contemporánea suele ser muy pequeño. A ello se suma también la casi nula disponibilidad de libros de poesía traducidos en librerías y bibliotecas, mucho menor a la presencia de novelas extranjeras, por ejemplo (y aún más lejos del aluvión de música y películas internacionales a las que hoy se puede acceder desde internet o gracias a la piratería).

El problema es que, en la medida en que se continúe sobreenfatizando la importancia de la poesía chilena, sólo se acentuará su provincianismo y endogamia. Por eso me parece fundamental desarrollar líneas de investigación más abiertas, que permitan comparar las prácticas de distintos contextos culturales, y que permitan temperar un poco los efusivos intentos de aquellos vates que quieren erigirse como grandes vanguardistas en base a su ignorancia de lo que se ha practicado más allá de la cordillera. Al mismo tiempo, considero que sería un gesto de liberación intelectual que los investigadores chilenos de poesía nos atrevamos más a interpretar y analizar las poéticas extranjeras, intentando involucrarnos activamente en sus discusiones e incorporarlas a las nuestras. Los poetas concretos brasileños (inspirados por la antropofagia de Oswald de Andrade) han sido un gran ejemplo, pues mediante la crítica y la traducción de autores de culturas muy diversas consiguieron ampliar notablemente el canon de lecturas en su país. Ojalá tuviéramos una pizca de su patudez.

 

Felipe Cussen es doctor en Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra e investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.

 

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Temas relacionados:

• Chile, país de críticos (parte 1), por Felipe Cussen 

• Chile, país de críticos (parte 3), por Felipe Cussen

Un comentario

  1. Carlos dice:

    Pero una vez asumida esta necesidad hay dos grandes problemas. El primero es que, si vamos a llenarnos de miles de papers insípidos sobre estudios culturales y teoría de género en la poesía canichana y chiriguana, prefiero quedarme con las resonancias de la poesía chilena de los 50 hasta nuevo aviso. No se puede esquivar el peso de esa historia literaria. El otro es un problema editorial mucho más pedestre, y que no depende de la academia: la poesía latinoamericana de hoy circula poco y mal fuera de sus países de origen. En los hechos, los libros de autores mexicanos o ecuatorianos son conseguidos a los mismos escritores en medio de encuentros y congresos. Esa baja circulación genera un círculo vicioso de buen poesía que no llega, y una vez que llega (por unidades, muy dispersa aquí y allá) genera un impacto casi nulo.

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