Revista Intemperie

Por el río

Por: Nona Fernández
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Nona Fernández entra al debate a raíz del anuncio de cierre del Teatro del Puente, y aboga por un teatro que ponga el dedo en la llaga, que incomode, y que nos refleje como sociedad

 

El Teatro del Puente no se cerrará, eso leo en un par de declaraciones de la Municipalidad de Santiago. Al parecer sólo cambiaría de administración, lo que es igual de preocupante porque nadie nos garantiza que los nuevos administradores priorizarán el trabajo de las compañías de teatro independiente, y de ser así, se nos estaría yendo por el río uno de los pocos escenarios que han dado vitrina a un teatro joven, renovador, experimental y necesario como ninguno.

En el Teatro del Puente hemos visto a varias de las compañías y directores que hoy son piezas fundamentales del puzzle teatral, hacer su recorrido inicial y formarse como teatristas. El teatro, como cualquier arte, necesita espacios de búsqueda, de exploración, de vértigo. El teatro autoral, el expresivo, el urgente, no se pone en escena pensando en la industria, porque no es parte de ella. El teatro que pone el dedo en la llaga, el que incomoda, el que nos refleja, el que nos transforma, el que nos hace mejores o peores personas, ese teatro, estoy segura, no es necesariamente autosustentable. No se maneja con números, no se entiende con el mercado porque no es un bien de consumo como un paquete de cigarrillos o un par de zapatos. ¿Entonces qué hacemos los que nos dedicamos a esa pega que se queda fuera de las lógicas comerciales? ¿También nos vamos por el río? Si no hubieran administraciones como la de Fredy Araya, Francisco Ossa, y Javier Caraccioli, estaríamos condenados únicamente al teatro autosustentable y viviríamos en la grotesca realidad de los monólogos de la vagina, del pene y de cuanta presa sea necesaria explorar para cazar espectadores. Sé que hay términos medios, sé que hay teatro de calidad que es capaz de autosustentarse, pero insisto, la expresión y la autoría no siempre van de la mano de los números y eso no es algo que se pueda dirigir porque sería como dirigir el alma. Tiene que haber escenarios para un teatro diverso, para un teatro nuevo, para un teatro experimental, y el Teatro del Puente ha prestado el suyo por casi una década para ese sagrado ejercicio de expresión auténtica. No se puede ir por el río, es demasiado lo que se iría con él.

 

Foto: El Mercurio de Valparaíso

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