Revista Intemperie

El teatro que está colgando

Por: Luis Barrales, Isidora Stevenson and Paula Zúñiga
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A propósito del cierre del Teatro del Puente, Luis Barrales, Isidora Stevenson y Paula Zúñiga, lanzan una emocionada crítica a una política cultural que privilegia una escena teatral dominada por el mercado y no por la exploración artística

 

El teatro que está colgando, por Luis Barrales @luis_barrales 

El Teatro del Puente es el más lindo de Chile y debe ser de los más lindos del mundo. Ese solo argumento debiese bastar para recibir una subvención permanente que asegurase su conservación material.

Lo verdaderamente bello es que además adentro de él, se programa teatro joven. Más allá de la choreza y los cliches del tipo “siempre hay que dar espacio a los lolos”, la función estratégica que implica esta decisión es de una importancia angular, pues asegura la continuidad de nuestra escena. Su transmisión a las generaciones que aún no saben que harán teatro. Su no desaparición, en síntesis.

Si todos los teatros programaran con lógicas comerciales, como proponen y promueven las actuales políticas culturales, ocurriría en la práctica la inevitable invisibilidad de gran parte del teatro nuevo o emergente, sirvan las etiquetas al caso. Muy pocos serían los programadores de sala que se atreverían a arriesgarse con espectáculos que, más allá de su calidad, al no contar con creadores consagrados en el equipo, no arrastren público per sé, el “cautivo” que le llama la jerga siútica. La consecuencia sería que las apuestas jóvenes quedarían reducidas a elites de grupos apadrinados por figuras consagradas que les presten ropa frente a las salas (a propósito de segregación y educación) como único modo de acceder a espacios cada vez más escasos.

Los peligros respecto a un circuito de financiamiento puramente privado, obligado por lo mismo a programar con criterios mayoritariamente comerciales, apuntan entonces directamente sobre la esencial renovación de los códigos expresivos del teatro. La televisión nos enseña, bien lo saben mis colegas, que estos “criterios” obligan a repetir los patrones que han tenido éxito, pues para la industria resulta riesgoso e innecesario variar, y explorar nuevos rumbos.

Así, si nos fue bien con la obra, hagamos la misma “sandía calá” siempre, repitamos esquemas, aseguremos el chancho, y si nos llega a resultar excelente el producto comercial, vendamos la franquicia.

El estancamiento actual de los códigos de expresión artística ya resulta preocupante, y los espurios criterios de la “industria cultural” aseguran perpetuarlo con su lógica, que tiende a los monopolios, tanto de espacios como de instancias que se autovalidan como “lo mejor de”, generalmente una vez al año.

Urge entonces el fortalecimiento de los espacios que se atreven a programar bajo criterios no comerciales, y al decir no comerciales me refiero al impulso exploratorio que indague en formas de escribir, poner en escena, actuar y diseñar que sean verdaderamente autorales y no copias de lo exitoso.

Si estos pocos espacios desaparecen, las compañías que acogían dejarán de actuar, se irán los cabros a garzonear para parar la olla, o probarán suerte en la tele, aquellos con menos culpa y más fortuna, la cosa es que en 15 años podemos quedarnos sin teatro porque los viejos estarán justamente retirados y los jóvenes ya no harán teatro porque nunca pudieron mostrar su trabajo, y por ende mejorarlo, ni menos aún subsistir en él y de él.

Las experiencias y esfuerzos de este tipo generalmente fracasan. Fracasan incluso las comerciales, no lo van a hacer estas. Esas casonas que los cabros arriendan, limpian, las amononan y ponen su galería para hacer sus propios y ajenos espectáculos cobrando una miseria comparada con los valores de mercado porque sino no iría nadie y aunque llenen el espacio los costos operacionales terminan siempre siendo mayores que los ingresos. Ni hablar de las innúmeras trabas burocráticas que entorpecen el funcionamiento legal. El caso del Teatro de la Palabra es de un absurdo tal que bordea la censura.

Por eso es imprescindible que las salas y espacios orientados hacia esto reciban financiamiento permanente de parte de un Estado que los considere estratégicos para el desarrollo y conservación del arte. Requisito para esto es, claro, un estado que considere esencial al arte. Esa discusión es la que hay que iniciar.

El Teatro del Puente es un espacio paradigmático de lo que intento señalar. Los que nos iniciamos allá, podemos ir ahora a otras salas con el aval de tener un público que nos acompañe y así podemos hacer nuestro trabajo preocupados de nuestra creación y no de que les tiene que gustar a los lindos para que vaya gente a vernos. Eso se lo agradecemos profundamente a los cabros del teatro. Al Freddy, al Fafifo y al Javier. A la Caioia antes. Y los vamos a acompañar en este baile con el feo del Estado.

 

Me muero de pena, me muero de rabia, por Isidora Stevenson @i_stevenson

Desde el 11 de Agosto el Teatro del Puente cerrará sus puertas. Luego de ocho años de un arduo trabajo, de una importante resistencia cultural, de rehabilitar y rehabitar un espacio emblemático del teatro de los noventa, de restaurar, reconstruir e implementar a punta de créditos, sin ayuda del estado, sin incentivos, financiamientos, fondos, premios ni reconocimientos, Francisco Ossa, Javier Caraccioli y Freddy Araya, han decidido cerrar definitivamente el que fuera y es de los pocos espacios que han respaldado y dado cabida al trabajo de las compañías, dramaturgos, autores, músicos, escritores, actores y directores jóvenes de nuestro país.

Los que hemos tenido la suerte de trabajar en el Teatro del Puente, nos hemos sentido parte y, a la vez, hemos sido testigos de un proyecto lucha y de aguante por fomentar y dar espacio a nuevas propuestas, a investigaciones, a pensar desde la escena el teatro que nos interesa: teatro de calidad y no de mercado.

En sus ocho años de funcionamiento a cargo de este equipo, su cartelera ha dado cuenta del teatro joven, de la búsqueda de nuevos lenguajes, han apostado por nuevos creadores y no por grupos de mayor trayectoria que ya cuentan con su público y mayor cobertura de los medios, lo que se traduce en mejores ingresos para las salas.

La línea seguida por el Teatro del Puente ha amparado el nacimiento de nuevos grupos y directores, el fortalecimiento de compañías emergentes y la consolidación de ciertas compañías. Por otro lado, gran porcentaje de la programación del teatro han sido obras de dramaturgos y dramaturgas nacionales, generando un espacio que ha puesto en valor las nuevas autorías existentes. Finalmente, el costo de las entradas, en relación a los teatros vecinos, es considerablemente más bajo y accesible. Es por esto que se vuelve imperiosa la permanencia de este tipo de espacios, que el Estado de alguna manera apoye gestiones destinadas al arte y no únicamente a la “industria cultural”.

Como bien dice su comunicado “esta apuesta se ha vuelto insostenible”. Lo insostenible son las políticas culturales de nuestro país. Un Consejo de la Cultura que más que gestionar proyectos, administra recursos. Postulaciones a fondos cada vez más engorrosas y menos seguimientos a los proyectos financiados, cada vez menos recursos y menos apoyo al desarrollo artístico y cultural de nuestro país.

Es así entonces como la falta de inversión de la empresa privada y la ausencia de una política cultural que entrega la mayor cantidad de sus recursos a través de fondos concursables y no a través de subsidios o financiamientos parciales,  han dificultado el trabajo de gestión a lo largo de los años y hoy, es causante de que el Teatro del Puente no pueda sostener ni menos proyectar su trabajo en el tiempo. Es, económicamente, inviable y seguirá siéndolo en la medida en que no haya nuevas políticas culturales que promuevan el trabajo en una perspectiva de desarrollo sostenido en el tiempo.

Me muero de pena, me muero de rabia, y no soy la única.

 

Chile o la política cultural del “no me interesas”, por Paula Zúñiga @zunigapa

Me imagino a mi hija y yo en un futuro lejano en este diálogo:

-Un teatro sobre un puente… ¿En serio? Eso no existe en ninguna parte del mundo!!!
-Sí, y gestionado por gente joven…
-¡Qué maravilla! …
-Su cartelera es para compañías nuevas, con teatristas que están iniciando su proyección artística…
-¡Fantástico! ¿Dónde está ese espacio? Esto es muy interesante mamá!!…
-Este espacio no existe hija mía…
-Ah! Se escuchaba bonito… era como un sueño… pensar que uno podía ver un espectáculo en un puente donde pasaba el agua y se escuchase la lluvia era maravilloso como idea.
-Este teatro existió pero lo mataron como tantas muertes silenciosas que ocurrieron en el país donde naciste…

Es imposible que se siga mirando la cultura paso a paso, Fondart tras Fondart, ceñido a la letra chica en los proyectos, porque nada con proyección puede sostenerse bajo ese prisma.

El Teatro del Puente es el espacio para compañías jóvenes emergentes-independientes, para grupos teatrales que tienen la posibilidad de mostrar sus trabajos sin necesidad de entrar en una competencia con obras de carácter comercial o con actores profesionales ya consagrados. Es una política que dista mucho de muchas salas privadas que por a, b ó c motivo no pueden tener una cartelera de este tipo; y para tener una cartelera de este tipo es necesario absolutamente financiamiento total o parcial por parte del Estado de forma permanente.

Quisiera preguntarle al Estado chileno si le gusta su capa de privatización que le han colocado a la fuerza… Esta palabra que satisface a tantos, palabra que gozan los que afirman su lema por la razón o la fuerza porque siempre terminan disfrutando y reafirmando si no es por la razón será por la fuerza.

Es sabido que quien tiene plata comanda en este tipo de sociedad heredada, porque así han construido esta sociedad que les conviene…Quien comanda tiene acceso a una salud digna, a una educación digna, a un digno plato para comer y a un digno postre cultural… Y hablo de postre porque ante las desigualdades sociales que tenemos, nuestra cultura es un postre…

Y hablo de dignidad porque Freddy, quien administra el teatro junto a Javier y Francisco, a quienes conozco de cerca en su trabajo como gestores, hablan de dignidad en sus palabras en el diario, al decidir dejar la administración del teatro en el mes de agosto del presente año… Y es eso lo que más duele saber: que es doloroso para ellos y para tantos otros, que este teatro se cierre por malas políticas culturales, por incapacidad de visión de las reales riquezas que debemos proteger y cuidar.

Uno trabaja silenciosamente hasta cuando la dignidad se empieza a herir, porque es ahí cuando el hambre grita y las voces se alzan… Pero como bien dice Freddy no es posible vivir en agonía, de manera indigna, y es indignante ver la política televisiva que comanda las decisiones… Te van a ver a la casa, te dan pañales por un año, te dejan en unas bellas sábanas, te visten en un bonito traje quedando lindo para la foto y después chao, si te he visto no me acuerdo, te olvido porque finalmente no me interesas, te uso, me eres útil para mi lindo programa de TV.

Y así la cultura se usa para los lindos programas de gobierno… La solución del Teatro del Puente no puede ser de un SOS, debe tener una ayuda inmediata para que se proyecte su vida, y no matemos lo que genera la vida artística de este país, las nuevas cabezas pensantes, la masa crítica que reflexiona esta sociedad que no nos interesa a tantos.

¿Será eso lo peligroso? ¿Las nuevas voces que se alzan en un canto creativo será mejor silenciarlas restringiendo este espacio que las proyectaban con tanta libertad? ¿Querrán también arrojar este puente al Mapocho para que desaparezca y de lleve al olvido?

Qué tristeza y qué rabia corre por mis venas… ¡Una vez más el dinero preside la toma de decisiones!

Mi hija me vio actuar en el Teatro del Puente, me vio dar talleres para actores, y en sus primeras palabras que balbuceaba me dijo… Mamá, qué lindo… Me gusta estar aquí… La alegría de mi hija, y la de tantos que he visto disfrutar en ese teatro, y que hoy esta, estamos, con angustia, porque no tenemos los recursos para revertir lo inevitable porque lamentablemente no somos los que dictamos las leyes ni diseñamos las planificaciones culturales… Porque somos los que dependemos de un par de personas que no tienen idea de las prioridades en el minuto de tomar decisiones que significan vivir dignamente en este país llamado Chile.

¿Hasta cuándo se seguirá pensando con la mano en los bolsillos? …Mi hija se duerme y yo pienso en las próximas marchas que se vienen…

 

Foto: Teatro del Puente

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Un comentario

  1. claudio Rosríguez e dice:

    podrían comenzar la investigacion grautita y vocacional aquella que no te hace descansr en las bases y reglamentos de un pre financiamiento. No es el estado ni nada que pueda obligar a un ser humano a seguir su vocación, esta no se registra ni se postula, no se tranza ni se agota. y si por ultimo se cierran todas las salas veamos de verdad qué sería entonces aquello que nos faltará ( H.M 1977). Quiero recuperar la confianza pero no de esta forma O al menos pensar y seguir

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